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27 de julio de 2014

El Círculo de Profesionales de Camagüey




El Círculo de Profesionales de Camagüey

Por Miguel A. Rivas Agüero

  Para escribir sobre el Círculo de Profesionales de Camagüey precisa hacer referencia primero al Círculo de Abogados. La creación del Círculo de Abogados fue el resultado de la necesidad que los abogados confrontaban por carecer de un local adecuado e inmediato al edificio de la Audiencia y los Juzgados, en que pudieran recibir y atender a sus clientes antes de acudir a la celebración de los distintos casos judiciales en que estaban interesados.

  La iniciativa para la creación del Círculo la tuvo el abogado y gran poeta Dr. Felipe Pichardo Moya, inaugurándose en la casa del Dr. Mario Pujals Quesada en la calle Cisneros al lado del edificio de la Colonia Española, frente a la Audiencia y Juzgados, es decir, cubriendo las necesidades requeridas  a la finalidad mencionada en el párrafo anterior.
 Dada la estrecha relación entre las funciones de Abogados y Procuradores Públicos, estos tenían acceso a las oficinas del Círculo de Abogados, el cual funcionó hasta el año 1930.

Fue en dicho Círculo de Abogados donde surgió la idea de extender su radio de acción a los demás Colegios de Profesionales Universitarios, idea calorizada por el Decano Dr. Leopoldo Cadenas Aguilera, materializándose al obtener la aprobación del Colegio Médico y de los restantes Colegios Profesionales.

Después de las deliberaciones de rigor, se confeccionó y aprobó el correspondiente Reglamento que se inscribió en el Registro del Gobierno Provincial, surgiendo a la vida en 1930 la nueva asociación Círculo de Profesionales de Camagüey, compuesto por los Colegios de Abogados, Médicos, Farmacéuticos, Profesionales Dentales Veterinarios, Ingenieros, Arquitectos, Pedagogos, Doctores en Filosofía y Letras y Contadores Públicos, que funcionaban en los nueve municipios camagüeyanos, entidad que tuvo como sede la casona de estilo señorial de la familia Morell en la calle de Estrada Palma Nº 406.

   El Colegio de Abogados apropió los fondos necesarios a invertir para dotar la casa de condiciones adecuadas, y fue por esto que se acordó que la Junta Directiva del Círculo de Profesionales, estuviera presidida originalmente por un abogado, designación que recayó en la persona del Dr. Leopoldo Cadenas Aguilera que, hasta aquel momento había sido Decano del Colegio Abogados.

   El Circulo de Profesionales desarrolló una intensa vida cultural pues en su local se ofrecieron conferencias con temas de elección libre, por distinguidos profesionales de La Habana y de la localidad, entre los que recordamos al Dr. Joaquín Gómez de Molina sobre temas de Derecho Civil; al Dr. Darío Castillo Socarrás, sobre asuntos de Derecho Penal; al Dr. Antonio Martínez sobre Lógica y Enseñanza Cívica; al Dr. Victoriano Rodríguez Barahona, que ofreció una enjundiosa disertación sobre arte plástico, tema en el que demostró poseer una amplia cultura; el Dr. Rosendo Romero Delgado, sobre la época del Renacimiento en Italia, estableciendo un paralelo entre la vida luminosa y feliz de Rafael di Sanzio y la dolorosa y atormentada de Miguel Ángel Buonarotti, y la influencia que el medio había ejercido en el genio portentoso de aquellos inmortales cultores del arte plástico.

   Igualmente desfilaron por la tribuna del Círculo de Profesionales intelectuales de la talla de Octavio Montoro, Moisés Chediack, Carlos Márquez Sterling, Ramón Zaydín, Gustavo Pitaluga, Evelio Tavío, y los profesores de Derecho Penal en la Universidad de Madrid doctores Mariano Ruiz Fúnez, Luis Jiménez de Asúa y algunos más que escapan a nuestra memoria.

   En el año 1934, siendo Presidente el Dr. Emilio García Guerrero, se efectuaron dos celebraciones grandiosas para conmemorar el cuarto aniversario de la fundación del Círculo. Una, de carácter cultural en la noche del 30 de noviembre, en el que participaron los doctores Pedro Monreal Valdivieso, médico, y José Coll torres, abogado, haciendo caricaturas de personalidades de la ciudad ante un tablero grande apoyado en un caballete; el Dr. Julio César Romero Delgado, ejecutando al piano el Preludio de Rajmáninov; el Dr. Antonio Mesa Martínez, abogado y notario, impartiendo una charla sobre las implicaciones domésticas de la “Charada China”; una hija del Dr. Mesa Martínez, de unos doce años de edad, recitando poemas y rebelándose como genial declamadora, y el Dr. Rosendo Romero Delgado, abogado, recitando el famoso “Nocturno” del poeta José Asunción Silva.

   En la noche siguiente, la del primero de diciembre, se ofreció a todos los profesionales de la provincia una suculenta y espléndida comida criolla. En ambos casos reinó un gran espíritu de confraternidad y alegría recordando los felices días de la vida universitaria.

  En el Círculo de Profesionales se destacaban en su salón principal según nos recuerda en un artículo el Dr. Cruz Ramírez: “el gran cuadro del ALMA MATER que, junto con los lienzos de Carlos J. Finlay e Ignacio Agramonte, parecían custodiar la cabeza en bronce del gran filósofo camagüeyano Enrique José Varona, obra escultórica de Boada. El lienzo del Alma Mater fue obra del gran pintor español Samaniego, y reconstruido admirablemente en una noche (para la inauguración del círculo) por el inolvidable Servando Pita.

  En su amplio patio, perfectamente pavimentado, sobresalían los típicos tinajones y se llevaban a cabo las celebraciones culturales del círculo, que siempre se veían colmadas de público pues a más de los familiares de los socios concurrían amigos de los mismos para disfrutar de las amenas e instructivas conferencias o charlas allí celebradas.

  En el local se practicaban juegos como el ajedrez, el billar y el dominó, y se celebraron varios torneos de dichas actividades. También se practicaba esgrima y hand ball. En el año 1950 se celebró allí una de las partidas entre los Dres. Rosendo Romero Delgado y Elías Cobo Arteaga por el Campeonato de Ajedrez de Cuba, que fue conquistado por el Dr. Romero quien fue homenajeado por tal motivo por la Junta Directiva.

   Después de la presidencia del Dr. Leopoldo Cadenas Aguilera, ocuparon el cargo los también abogados José Ramón romero Ochandorena, Rosendo Romero Delgado, Luis Cirilo Menéndez Morell, Luis Casas Solís, y Antonio Martínez Martínez; los médicos Rogelio Santos Álvarez, Ángel E. de Varona Vilardell, Ramón Eduardo Menéndez Morell, Alberto Santos Álvarez, Ulises Sosa de Quesada y Miguel a. tomé Varona;  Elpidio Agüero Medrano, Francisco Don Rodríguez y Rodolfo Porro Varela; los farmacéuticos Emilio García guerrero, Alberto Adán Martínez y Germán Álvarez Fuentes; los veterinarios Aquiles Rodríguez y Enrique Álvarez, y los ingenieros y arquitectos Miguel A. Bretón Pichardo y Francisco Herrero Morató.

   El último presidente fue el Dr. René Serrano Ferrer, a quien le cupo el triste “ “privilegio” de tener que entregar, forzadamente, el edificio del círculo a las autoridades llamadas revolucionarias.

   Durante los treinta años de su existencia, cumplidos en 1960, el Círculo de Profesionales constituyó un centro de fraternal camaradería y compañerismo entre los camagüeyanos que ostentaron títulos universitarios, donde no hubo distingos raciales, políticos o religiosos y, además, un centro de calificada jerarquía por las actividades literarias que se celebraron con resonancia internacional.

  Allí confraternizaron abogados, médicos, pedagogos, veterinarios, farmacéuticos, ingenieros, arquitectos, etc. sin tener en cuenta las ideologías políticas o creencias religiosas de cada cual, pues todos estaban imbuidos de la idea que asistían a un centro social para hacer un alto en el camino de las preocupaciones del diario vivir que acarreaba el desempeño del ejercicio profesional y adonde se concurría para disfrutar de ratos de solaz esparcimiento sin perder de vista que todos eran hijos espirituales del ALMA MATER.

  Indudablemente que su fundación y desenvolvimiento representó un valioso aporte al desarrollo de actividades sociales y culturales en la sociedad camagüeyana durante los treinta años en que funcionó.

  Con estas líneas hemos trazado unas pinceladas sobre el lienzo del glorioso ayer camagüeyano, tan vinculado al acontecer histórico de la Patria cubana.

Reproducido de la Revista “El Camagüeyano” publicada en Miami por la Dra. María Antonia Crespí

16 de septiembre de 2013

Viejas postales descoloridas



“La Unió Catalanista” fue un grupo conservador de resistencia formado en  Barcelona en 1891. El grupo tuvo vida política hasta el comienzo de la Guerra Civil española en 1936. En nuestra ciudad hubo catalanes agrupados a dicha institución, integrantes de la “La Unión Catalanista de Camagüey”, de cuya Directiva hemos encontrado  esta vieja postal descolorida que data de la década de los años treinta.

6 de septiembre de 2013

Nuestras viejas instituciones camagüeyanas


Nuestras viejas instituciones camagüeyanas

Por Víctor Vega Ceballos

      Nota de la revista “El Camagüeyano”   que encabeza el  ensayo  del Dr. Vega Ceballos:   

Invitado a pronunciar el discurso central en el acto homenaje del Municipio Camagüeyano a las instituciones camagüeyanas, el Dr. Víctor Vega Ceballos lo hizo con una medular conferencia, espejo de nuestro viejo solar. Lo que pudiera ser como un anexo a sus palabras aquella tarde, Víctor escribió el ensayo que aquí reproducimos, fruto de su amor al viejo Puerto Príncipe y de su enciclopédica cultura histórica camagüeyana.


El Municipio de Camagüey en el Exilio, bajo la dirección del señor Feliciano Sabatés Belizón, celebró el día diecisiete del presente mes un acto en recuerdo de las sociedades fundadas en el pasado por los camagüeyanos. No se trataba de rendirle homenaje a determinadas personas, sino a la ingente labor desarrollada por generaciones del pasado, que honraron a la tierra madre impulsándola por el camino de la cultura y del amor al prójimo.

Se procuró, con notable resultado, de colocar lo colectivo por encima de lo individual, actuar con sentido de pueblo y no con sentido de clase; porque fue así como actuaron nuestros antepasados y debemos hacerlo nosotros si es que en realidad aspiramos  a regresar a Cuba, no para recuperar bienes perdidos ni obtener ventajas materiales de un regreso lleno de dificultades, sino para despedirnos de la vida en la tierra donde nacimos, de la que nos mantienen alejados la violencia y el odio de los que hoy la tiranizan.

La Sociedad Filarmónica y El Liceo de Puerto Príncipe

Muchas fueron las sociedades de instrucción y recreo que se constituyeron en Camagüey durante el pasado siglo [XIX], nuestro verdadero siglo de las luces, del que existen testimonios históricos indubitables. La primera que nos legó documentos históricos elocuentes fue la llamada Sociedad Filarmónica que al andar del tiempo cambió de nombre por el de Liceo de Puerto Príncipe, fundada en 1842, establecida en la casa enclavada en el encuentro de las calles de Santa Ana y Diego, próxima a la plazoleta de San Francisco, trasladada al año siguiente a la casa de alto de don José Bocio, situada en la calle Mayor esquina a la del Ángel, hasta que en 1859 se le dio residencia permanente en la casa del Marqués de Santa Lucía, frente a la Plaza de Armas, adquirida más tarde por los socios en venta que de ella le hiciera la nueva propietaria doña Belén Loret de Mola, madre del ilustre patricio don Manuel Márquez Sterling  y donde permaneció hasta nuestra salida de Cuba.

Esa decana de nuestras asociaciones tuvo una bella historia cultural y patriótica. En ella se le ofreció una brillante recepción, el 10 de mayo de 1860, a la famosa escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda, se le ciñó una corona de laurel, y a  la terminación se le acompañó hasta su residencia temporal por la directiva, socios y una nutrida representación del pueblo. En ese mismo año comenzó La Filarmónica a ofrecer clases de ciencia y literatura a sus socios, ampliándolas en 1867 con las de música, solfeo, vocalización, inglés, francés, italiano, gramática castellana y teneduría de libros, dirigidas por competentes profesores.

La Filarmónica fue también un centro de conspiración para liberar a Cuba del dominio español. La casi totalidad de sus asociados, en edad militar o con capacidad para emplear un arma ofensiva, secundó, el 4 de noviembre de 1868, el movimiento revolucionario que iniciara Carlos Manuel de Céspedes en ingenio “La Demajagua” el 10 de octubre de dicho año. Las autoridades españolas, en represalia, decretaron el cierre de las sociedades cubanas cuyos socios eran partidarios del movimiento independentista.

El día primero de febrero de 1870 le fue aplicado a La Filarmónica el referido decreto, entregándose el local al Casino Español, que lo ocupó inmediatamente, manteniéndose esta situación hasta finales de la guerra de 1868, cuando España inició un movimiento de pacificación suavizando las medidas extraordinarias con que había pretendido rendir a los revolucionarios. La reapertura de la sociedad se produjo a finales de 1875.

La Sociedad Popular de Santa Cecilia

La segunda sociedad creada por los camagüeyanos fue la Sociedad Popular de Santa Cecilia, que se fundó el 20 de noviembre de 1864 a iniciativa de don Raúl Lamar, secundado por los señores Fernando Betancourt, Juan García de la Linde, Gabriel Juncadella, Manuel Socarrás y Manuel Cadenas, en la que tuvo gran acogida la clase media. Sus socios, como lo revela el calificativo de “popular”, centraron sus esfuerzos en la propaganda de la cultura musical y teatral, y formaron grupos de aficionados para que representaran dramas, comedias y juguetes musicales que gozaron de bastante popularidad.

Muchos socios e hijos de socios, discípulos de esos cuadros artísticos, llegaron a ser músicos y actores de gran fama que viajaron fuera del país y pusieron muy alto el nombre de Cuba y de la Sociedad Popular de Santa Cecilia. Esta sociedad fue cerrada por disposición gubernativa en 1870 y reabierta en 1875 al ponerse fin a la interdicción.

La Liga Agraria

Otra sociedad que influyó poderosamente en el auge de la economía local fue La Liga Agraria, situada en una casa contigua al Liceo, en Cisneros frente al Parque Agramonte. En ella se reunían los ganaderos de la jurisdicción para tratar del mejoramiento de sus hatos de ganados vacuno y caballar, estudiar la manera de aumentar sus crianzas por medio de cruces con ejemplares de alta calidad que aumentaran la cantidad de carne y leche de los primeros, la alzada de los segundos  y la resistencia de ambos a las plagas tropicales, regular el precio de sus productos en el mercado y favorecer la exportación. Fue una sociedad de gran poder económico que influyó positivamente en la vida económica de la nación, a la que prestó eminentes servicios.

El Círculo de Trabajadores

En el campo proletario tuvimos el llamado Círculo de Trabajadores, ubicado en la calle San Ramón esquina al callejón de Mojarrieta, que no sólo defendió a los obreros contra la explotación de empresarios abusivos, sino que facilitó estudios superiores a estudiantes pobres creando becas para ellos, los que gracias a esta iniciativa generosa pudieron graduarse en la Universidad La Habana y algunos llegaron a ocupar altos cargos políticos y administrativos en el país.

La Perseverancia

Una sociedad que se distinguió por su empeño en lograr el acercamiento de las clases sociales de Camagüey fue la Orden o Hermandad de La Perseverancia, fundada por Liborio Vega Beltrán, Juan de Dios Romero y el Dr. Oscar Fonts Sterling. Quizá todavía esté instalada en la antigua casa de los condes de Villamar, calle de la Candelaria esquina a San Clemente.  Esta sociedad concentró sus esfuerzos en ayudar al estudiante de pocos recursos y socorrer a las familias necesitadas. Profesionales de gran prestigio debieron a esa organización la obtención de una carrera que sin su apoyo tal vez nunca la habrían logrado.

El Casino Español y la Colonia Española

Los españoles, dueños de casi todo el comercio de Camagüey, de varios ingenios y fábricas de tabaco, licorerías y jabones, se agruparon en defensa de sus ideales integristas. A partir de las invasiones dirigidas por el general Narciso López crearon sociedades mutualistas bautizadas con los nombres de Casino Español o Colonia Española. Estaban ligados a la metrópoli por la sangre, el idioma, la religión, las costumbres y los intereses, frente al criollo que aspiraba a la independencia política, obedecía a otra forma de vida y tenía costumbres diferentes. 

Pero hay que reconocer que los componentes de esas sociedades fundaron sólidas familias, contribuyeron con su constante labor al crecimiento de la riqueza cubana y fomentaron la generosa institución del “fiado”, refaccionando a ganaderos y agricultores hasta que vendieran sus productos, costumbre que extendieron a la venta al pormenor de víveres a clientes particulares, a quienes rara vez inquietaban exigiéndoles paga adelantada o negándoles espera en el pago de sus adeudos.

Pero el mayor de los servicios que prestaron a nuestro país fue la implantación del sistema mutualista, que daba a los asociados esparcimientos, enseñanzas, asistencia médica, hospitalización, servicio dental y hasta funerario por la insignificante suma de un peso cincuenta centavos. Sus quintas de salud eran monumentales y el columbario edificado en el Cementerio de Colón, en La Habana, por los hijos de Santa María de Ortigueira, era verdaderamente digno de admiración.


Asociaciones de personas de color

La población de color organizó varias asociaciones muy respetables: El Fénix y El Progreso para los mulatos, Victoria y Maceo para los negros. Todas preocupadas en el adelanto cultural de su raza, enseñando a sus socios música, teneduría de libros, canto, inglés y francés. 

Centros Sociales y Deportivos

El contacto con los Estados Unidos llevó a Cuba el entusiasmo por los deportes. Proliferaron en Camagüey centros como el Club Deportivo Bernabé de Varona, situado en los terrenos del Casino Campestre; El Club Ferroviario, situado en la Vigía, un apéndice de La Hermandad Ferroviaria que reunía a empleados y obreros del Ferrocarril de Cuba, y el Camagüey Tennis Club, sociedad de señoritas, que inclinó a las mujeres de Camagüey hacia el deporte. Fue creada por dos tesoneras damas: la bellísima Pilar Garcés de la Marsilla y la incansable luchadora Isabel Garcerán de Val Laredo, hija del entonces Presidente de la Audiencia y sobrina del Presidente de la Repúblia, Dr. Federico Laredo Bru. 

El Camagüey Tennis Club

En una vieja casa que sirvió de vivienda al guardaparque del Casino Campestre Don Manuel Estrada, conocido por “Mandico”, durante la conspiración que preparó la guerra de 1895, estableció su sede la novel sociedad. Con esfuerzos extraordinarios repararon la ruinosa construcción haciéndola habitable. Allí se adiestraron las bellas camagüeyanas que compitieron ventajosamente en un concurso de natación celebrado en Santiago de Cuba y otro en La Habana, dejando bien acreditados nuestros valores deportivos, a pesar de que nuestra legendaria ciudad distaba de la costa dieciocho leguas por el Norte y veintidós por el Sur, lo que dificultaba a sus habitantes las prácticas de ese deporte.

Siguiendo la tradición de las precedentes sociedades, el Camagüey Tennis Club añadió al deporte la instrucción y el servicio público. En sus salones se ofrecieron clases de corte y costura, bordado y tejido, literatura y labores manuales; por ellos desfilaron conferencistas, recitadores, músicos y cantantes de fama universal. La directiva puso singular empeño en ayudar económicamente a la altruista Julieta Arango Montejo para que terminara el hospital para niños huérfanos y pobres en el antiguo convento de San Juan de dios, obra piadosa que debe haberle ganado un sitio destacado en el reino del Señor, a donde éste la llamara recientemente.

Al establecerse en Cuba el régimen comunista, fueron cerrados los centros sociales y confiscadas sus propiedades. El Camagüey Tennis Club no pudo escapar a la medida. La señorita Garcerán del Val, que había presidido repetidas veces la institución, fue acusada  por uno de esos judas que siempre surgen de la nada cuando una grave convulsión trastorna el orden social, y tratan de crearse una reputación a costa de la ajena. Isabelita enfrentó a su acusador con serenidad y entereza, rechazó cortésmente el auxilio de abogados y amigos, no quiso que corrieran riesgos en su defensa. Se le imputaban malos tratamientos a la empleomanía del club y, cuando los tribunales decretaron su absolución por falta de pruebas, la llevaron ante el gremio de empleados para que respondiera a los cargos, negándolos otra vez, y tuvo el consuelo de ver erguirse a una joven miliciana que asumió su defensa tratando de mentiroso al empleado desleal e informando ante esa especie de jurado los servicios prestados por Isabelita a sus subalternos en sus enfermedades y contratiempos, obteniendo el sobreseimiento libre. 

Pronto comenzó el desfile de los perseguidos por la nueva situación. Isabelita vino al exilio con su amada familia espiritual, instalándose en el estado de Texas, de donde, con más de noventa años de edad, ha venido a reunirse en Miami con sus viejos afectos en el grandísimo acto del día diecisiete, presidiéndolo con la gallardía y gentileza que le son habituales.

El Lugareño y el Círculo de la Cultura Francesa

Dos sociedades camagüeyanas al comienzo de la tercera década del siglo actual [XX]: El Lugareño y el Círculo de la Cultura Francesa, se dedicaron a expandir la cultura en nuestra tierra. La primera fue fundada por un grupo de profesionales distinguidos, y la segunda por la notable poetisa Isabel Esperanza Betancourt.  Tuvieron corta vida.

Al escribir estas líneas sobre los que de alguna manera han coadyuvado al desarrollo cultual de nuestro inolvidable Camagüey, conmovido por recuerdos imborrables, pedimos al Altísimo nos conceda la merced de señalarnos la ruta que debemos transitar para liberar a Cuba de su opresores, aunque dejemos la vida en esa empresa, porque al cabo y según la letra de nuestro Himno Nacional, “Morir por la patria es vivir”.

Reproducido de la revista "El Camagüeyano"

13 de julio de 2013

Historia del Camagüey Tennis Club


El Camagüey Tennis club fue fundado, manejado y propiedad de mujeres. Sólo mujeres podrían ser socios: hombres, incluyendo esposos, solamente podrían asistir como invitados de una socia. (JPM)
 



HISTORIA
del

Camagüey Tennis Club


POR  EL
DR. FELIPE PICHARDO MOYA
1944


Triste privilegio, señoras y señores, el de poder recordar cosas ocurridas hace veinte y cinco años—¡hace un cuarto de siglo!—pues ello significa, dado que habitualmente no se tiene memoria de lo sucedido antes de los cinco años, que ya tenemos treinta de edad. Triste privilegio, al que debo el honor de estar aquí esta noche, con mi mujer, en nuestro carácter de padrinos del bautismo de esta casa, cuando no era más que un salón recién levantado entre viejas ruinas, para contaros cómo fueron los comienzos de esta institución, honra de Camagüey; de este Camagüey Tennis Club, sociedad no superada, ni en lo espiritual ni en lo material, por ninguna cubana de su género; obra maravillosa de la inteligencia y la constancia y la capacidad creadora de la mujer camagüeyana.

Naturalmente, no podré contar muchas cosas de las ocurridas en aquellos días iniciales, por falta de memoria y por falta de tiempo. Pero seguramente algunas y algunos de mis oyentes, compañeras y compañeros de primeras letras de aquellos tiempos felices, las recordarán, y podrán contarlas reparando mi deficiencia, en agradables conversaciones que no tendrán la obligada formalidad de esta charla que pudiéramos decir pública, y en las que pueden tener cabida anécdotas que aquí la discreción me veda referir.

Corría el año de 1917, y terminada mi carrera, vine a ejercerla a ésta mi ciudad natal, de la que me había ausentado de seis años de edad. Vine a trabajar al bufete de mi hermano mayor; jugar al tennis era uno de mis trabajos predilectos. Pero en realidad, no había en Camagüey, un tennis que valiera la pena. Un parvulito de entonces, Nicolás Don Zaldívar—ya en aquellos momentos, su hermano Tirito estaba bastante usado—me llevó a un court que había en la Zambrana, en casa del que era como un hermano de mi hermano, José Morel Padilla; y allí jugué tennis por vez primera. Quiero rendir aquí un cálido homenaje al recuerdo de mi compañera en el bello deporte, una joven de alma noble y clara inteligencia, que la Muerte arrebató al cariño de esta sociedad en pleno florecimiento de gracias femeniles, a Sarita Fernández; y envío un saludo cordial a otra tennista del grupo, a Lolán de Varona, mientras recuerdo la adolescencia maravillosa de Carmitina Agüero, flor de mármol de impecable belleza.

El tennis de la Zambrana fue un relámpago

Pero en el Parque Gonzalo de Quesada había un court de cemento, agrietado e incómodo, no lejos del lugar donde ahora alza su símbolo inmortal el Soldado Desconocido, frente a donde hoy se extiende la mirada de mármol del inmenso Salvador Cisneros Betancourt. Allí, —y otras veces también en una quinta que tenía, cercana a la Caridad, Gabriel Cadenas—, nos reuníamos los devotos del tennis. Allí, en los viejos bancos de piedra, supervivientes de coloniales tiempos, Josefina y Clara Álvarez González, y su sobrina Luisa; Margarita Recio; Ángela Isabel Caballero de Cadenas, que ve hoy a sus hijas heredar su belleza, sin perderla ella; Isabelita Garcerán; Fé de Varona, blanca y serena como la luz de la luna, eran asiduas concurrentes; y por allí pasó también, con la majestad ardiente de su belleza criolla, Gloria Simoni, y pasó la gracia gitana de Aurelia Garcés, mientras a veces quería escaparse del cuidado de su manejadora, para incorporarse al grupo de las mayores, una niña de oro y marfil, poco después adolescente de espléndida belleza, y hoy señora de grácil distinción, Charo Alvarez de Tomeu.

[El Casino Campestre es uno de los parques urbanos mas grande de la isla. Fue donado a la ciudad en el siglo anterior por el marqués de Santa Lucia, Salvador Cisneros Betancourt. Tiene una gruta, estrados para orquestras, céspedes, jardines, paseos, estatuas y monumentos, bancos sombreados, áreas para almuerzos al fresco, y, como nos hemos enterado, en 1919 también tenía una vieja cancha de tenis de cemento.—Ed.JPM]

Otras muchas jóvenes desfilaron por aquel pequeño campo de tennis del Casino. Y allí, en las tardes, la belleza de nuestras mujeres recibía el homenaje de oro del sol poniente. En cambio, éramos pocos los feos que allí concurríamos.

Pilar Garcés
Entre tanta belleza femenina, una figura se destacaba, en belleza física y espiritual. Alta, blanca y nimbada de oro pálido, había sido tallada en mármol por un escultor impecable, y la noble sangre de una estirpe legendaria le prestaba una serena arrogancia, que de cerca se convertía en amable sencillez. Las propias jóvenes admiraban su gracia inimitable, y los hombres, atraídos magnéticamente por su humana belleza, aún más se deslumbraban por su trato exquisito. Tenía cálida la voz, rica de emoción, y su risa era ciertamente de resonancias musicales. Y con esa voz, que a todo prestaba el encanto de una confidencia, Pilar Garcés expuso una tarde la idea de fundar una sociedad en terrenos del Casino Campestre; una sociedad fundada y dirigida por muchachas, donde se atendiera al deporte, y al recreo de la juventud camagüeyana, necesitada de expansiones espirituales.

La idea fue acogida con general beneplácito. La inteligente actividad de Célida Recio se sintió en el acto despierta, y devota de aquel proyecto. Isabelita Garcerán, con el entusiasmo que siempre pone en todas sus cosas, no quedó en segundo lugar. Cuca Batista, que nunca faltaba en las tardes al Casino, donde siempre decía la palabra oportuna en el momento preciso, sin que jamás discutiera su turno a la hora de tomar la raqueta, en altanera indiferencia, fue también de las primeras en secundar la idea de Pilar Garcés. Reclamo para Ventura Martínez y para mí, el honor de ser, en aquellos momentos, los únicos del sexo feo que nos dispusimos a ayudar a las muchachas en su al parecer fabuloso proyecto.

Pero todo eran voces y propósitos. Un ejército entusiasta de muchachas, se disponía a librar una batalla por la fundación del Camagüey Tennis Club—tuvo su nombre muy tempranamente—y reunido al conjuro de Pilar Garcés, esperaba la voz de mando del técnico militar que las llevara al asalto y al triunfo. El técnico, —el General—, fue elegido, y lo fue también su Estado Mayor, el día 30 de enero de 1919; y desde entonces hasta ahora, cuando las huestes del Tennis forman bajo el mando juvenil y admirable de Josefina Álvarez Loret de Mola, las muchachas del Tennis han tenido una especial sabiduría para elegir sus Directivas. A esta sabiduría se debe, en gran parte, el triunfo de esta sociedad.

Zoila Sánchez Mestril
Fue elegida Presidenta del Tennis —que existía sólo en propósitos—Zoila Sánchez Mestril. La Vice fue Pilar Garcés; Cuca Batista e Isabelita Garcerán fueron Secretaria y Vice. Célida Recio, la Tesorera, y Sara Sánchez Estrada su Vice. Las Vocales fueron Margarita Recio, María Luisa Calaforra, Aurelia Garcés, Eugenia Recio, Pilar Iraola, María Alvarez, Esperanza Sánchez, Lolita Garcés, Mercedes Calaforra, Ana María Estrada, Rosita Agramonte y María Luisa Tomeu.

Hoy, en este día de conmemoración para el Camagüey Tennis Club, Mercedes Calaforra, lejos del mundo que abandonó llamada por la voz de su fe en Dios, no pensará que aquí sus antiguas compañeras celebran este aniversario. Pero nosotros la recordamos, como recordamos con especial afecto a otra fundadora, entusiasta como pocas, hoy también esposa del Señor, consagrada por su amor a consolar el dolor humano, en retiro de íntima luminosidad, a Sor Leocadia, en el mundo Esther Sariol, que sabe Dios junto a qué anciano desvalido hace en estos momentos el papel de amorosa hija, a impulsos de su fe cristiana.

Porque yo fui testigo, como lo fue Ventura Martínez, de la difícil obra de fundación de este Camagüey Tennis Club, tengo el deber de decir que la noble idea de Pilar Garcés, encontró en Zoila Sánchez Mestril el fuego creador que la hizo cristalizar. El carácter, la inteligencia, el acto, la constancia de Zoila Sánchez; su consagración constante al Tennis; su firmeza en el propósito y su habilidad para sortear innúmeras dificultades, hicieron posible esta obra; sin que sean menores sus méritos ni su labor deba ser menos admirada por el hecho de que la auxiliaran, con igual devoción e inteligente eficacia, otras muchachas—algunas que ya hemos citado, como Isabel Garcerán y Célida Recio, y otras que no es posible que citemos, porque haríamos una larga relación de nombres.

Acordado pedir al Alcalde en arrendamiento el terreno en que hoy se levanta esta sociedad, se hicieron las gestiones pertinentes. Este arrendamiento—por un plazo de 10 años y por 25 pesos mensuales—no fue obtenido sin dificultades, pues era precisa la conformidad del Ayuntamiento, y no pocos concejales no lo veían con buenos ojos. Anecdótico es recordar, en relación con esto, dos casos en que se logró atraer a dos de los principales opositores.

En uno, actuaron directamente las muchachas con Pilar Garcés al frente. Se trataba de un viejo y popular concejal, destacado político, que unía a su condición de regidor otra de más sagrado respeto. Hombre bondadoso y recto, fácilmente accesible para toda caridad, era al mismo tiempo de franca rudeza, que le autorizaban sus especiales virtudes. Liberal y demócrata sincero, no veía con buenos ojos la idea de que se diese a una sociedad exclusiva, tildada de aristócrata, una propiedad que pertenecía al pueblo, y que éste debía disfrutar sin discriminación de clases. Una tarde, un grupo de muchachas del Tennis, —del futuro Tennis—, con Pilar Garcés al frente, fueron a visitar al batallador concejal, en su amplia y modesta casona de la calle del Cristo. En el enorme patio, aquel terrible enemigo del arrendamiento solicitado, daba de comer a sus aves de corral, y no se había dado cuenta de que en la sala de la casa estaban aquellas muchachas que no se atrevían a interrumpirlo. Ellas esperaron pacientemente; una tos iba y otra venía; una risa y un comentario se ahogaban alternativamente en el silencio hostil. Pero como todo tiene fin en el mundo, al fin el popular Párroco de la Iglesia del Cristo terminó su labor, y vio a las visitantes. Naturalmente, las conocía a todas; conocía a sus familias; sabía de sus nobles propósitos; pero el Casino Campestre pertenecía al pueblo de Camagüey, y al pueblo se le iba a privar del disfrute de una parte del mismo, para recreo de unos cuantos privilegiados. No era posible votar a favor de aquel arrendamiento; y bien podían las muchachas buscar otro terreno, en otro lugar de la ciudad. Alrededor de estos tópicos, la visita fue larga. Pero Pilar Garcés triunfó una vez más, y el celoso concejal, hombre que a su bondad natural unía extraña firmeza de carácter, quedó convencido, y no combatiría el arrendamiento, ni impediría que sus amigos lo votasen.

En el otro caso me tocó intervenir directamente, por unirme al opositor una antigua amistad, que me permitía invocar el nombre de mis hermanos mayores, que habían sido sus compañeros de infancia. Iguales razones, más robustecidas por alegaciones a la convivencia racial de todos los cubanos, eran aducidas en contra del arrendamiento por un concejal, inteligente y activo, que podía arrastrar otros votos en la Cámara Municipal. Logramos atraerlo a nuestro favor; y hasta su muerte, hace pocos meses, al encontrarlo en la Habana, donde vivía, anciano y ciego, aún me preguntaba por el Tennis y sus muchachitas.

Fue obtenido el arrendamiento, siendo necesaria una labor de convencimiento de muchos concejales, como hemos visto por los casos citados. Diremos, de paso, que su prórroga años después, cuando ya el Tennis existía en realidad, no dio tantas luchas, contando además con el apoyo directo y eficaz del Alcalde Domingo de Para, que siempre fue un amigo del Camagüey Tennis Club.

Ya las muchachas tenían terreno sobrado, con los viejos paredones de una derruida casa, entre maniguales hirsutos. Existían, en las mentes, dos courts de tennis, un campo de basket ball, y una hermosa casa social. En las cajas de la sociedad, no existía nada, ni siquiera una libreta para calcular los gastos futuros.

Comenzó entonces aquella época inolvidable para las fundadoras, cuando eran llamadas "Alí Babá y los Cuarenta Ladrones", porque todo inteligente recurso legítimo para captar fondos fue puesto en práctica. Un baile en el Liceo, en 23 de mayo de 1919, una verbena en el Casino Campestre, una velada en el antiguo teatro Principal, una emisión de bonos por 50 y 25 pesos, permitieron a las muchachas reunir lo necesario para cercar y limpiar el terreno y comenzar la reedificación de la vieja casa existente en este lugar. El ingeniero y arquitecto Bernardo Junco ofreció gratuitamente sus servicios profesionales, y a él se deben las primeras obras aquí realizadas.

En febrero de 1920 se eligió una nueva Directiva. Zoila Sánchez fue reelecta Presidenta; y la ausencia de Pilar Garcés incorporó al estado mayor tennista, como Vice-Presidenta, a María Magdalena Martínez, inteligente y bella y entusiasta. María Magdalena Martínez, que la muerte arrebató cruelmente cuando iniciaba su vida de amante esposa junto al elegido de su corazón; María Magdalena Martínez, de una estirpe en que la virtud y la inteligencia son comunes en hombres y mujeres. Isabelita Garcerán y Célida Recio continuaron en el estado mayor, y entre las nuevas, Ana Margarita Delgado fue Vocal digna de especial mención por su activa labor, y Rita Allie Betancourt, prodigio de gracia y de belleza, era electa Vice-Secretaria, y Fina Mola Benavides, Vice-Tesorera.
VENTURA MARTINEZ (Colección Privada JPM)

Aquí es necesario hablar un poco de los hombres que de modo especial cooperaran a la obra del Tennis. Ya hablamos de Bernardo Junco, director facultativo de las construcciones, y citamos pasajeramente a Ventura Martínez. Pero es preciso hablar más de Ventura. Era, en una pieza, administrador, capataz, obrero, tennista, apuntador en las veladas… y hasta veterinario, pues cuidaba del caballo del Tennis.

¡El caballo del Tennis! Ingratos seríamos si no le dedicáramos un recuerdo. Yo no sé de donde lo trajeron; no sé de qué hospital había salido aquella armazón de huesos, que se utilizaba para arrastrar el primitivo rodillo que servía para apisonar el court, que los propios tennistas marcábamos luego con las rayas rituales. Pero lo trágico del caballo, no era su pobre figura, sino su terrible dolencia: Porque tenía una antigua herida sin cerrar, en el cuello, por donde se salía el agua que tomaba. Y de aquí que Ventura velara por él, con amor de hermano, aquí, en estos terrenos donde más tarde, al llegar del colegio donde había terminado sus estudios una bella adolescente llamada Elia Rodríguez Casas, Ventura se sintió sin ventura, herido en pleno corazón, hasta que pudo hacerla su noble esposa.

La labor de Ventura Martínez, prodigaba a todo cuanto significara beneficio para el Camagüey Tennis Club, es inolvidable en esta casa. Y además, era un jugador sereno y fuerte del bello deporte, compañero inseparable, en éste, de Salomé Zayas Bazán, y formando ambos una pareja que hubiera sido siempre vencedora, de no existir la que formábamos Aurelia Garcés, —elegante en el tennis como pocas— y yo. Conste así.
La primitiva cancha de tenis. Colección JPM

Y hablando de Ventura, y del caballo surtidor, y antes de abandonar los primitivos courts y sus cosas iniciales, recordemos también al primer conserje, o mayordomo, o como quiera llamársele, que en realidad yo no sé qué era, ni recuerdo su nombre, que tuvimos aquí. Era un hombre de campo, —según creo, adquisición de Isabelita Garcerán—, bajito y vestido con camisa y pantalón azul, que usaba siempre un enorme cuchillo a la cintura, cuando no ceñía machete, y que en realidad estaba medio loco. Por lo que, siendo guardián del Tennis y encargado de limpiar los campos y la casa, y de otras cosas por el estilo, nadie se atrevía a darle una orden, temiendo sus reacciones, que eran extrañas y hasta violentas.

Una fantástica anécdota, rigurosamente histórica, se impone aquí, en relación con este primer conserje del Tennis. Esta sociedad daba su primer baile de gala, y Ventura Martínez recomendaba valientemente al buen conserje que, para esa noche, debería afeitarse y vestirse de limpio, y abandonar el machete. Pero el pintoresco guardián dijo —y esto da una idea de su procedencia montuna— que esa noche él por nada del mundo estaría presente en el baile; pues, cuando empezara el cedaseo, se formaba en seguida el macheteo, y él no quería sufrir un machetazo. Y no se le pudo convencer de lo contrario, y no asistió al baile este primer maestro de ceremonias del Tennis. El caballo y el primer conserje, merecen esta noche un especial recuerdo.

Manolo Bonanza, Jorge Bertrán, Alfredito Mola y el múltiple Carlín Galán, eran los habituales galanes de nuestras veladas increíbles. Hasta Álvaro Armiñán lo fue también, por dos veces, y una de ellas nada menos que vestido de Arlequín, si bien con el agradable papel de decir versos de amor a Rita Allie Betancourt, que encarnaba a la Marquesa Rosalinda, —la maravillosa Rosalinda de don Ramón de Valle-Inclán.

Nuestras veladas eran cosas muy serias, y muy importantes, porque eran fuente inagotable de magníficos beneficios económicos, bajo la sabia administración de Alí Babá y sus 40 Ladrones. Ventura Martínez era siempre el apuntador y yo era director escénico, y autor de las obras, cuando no adaptador irreverente de las de conocidos autores. Porque lo original era que, por una parte, no había entonces entre la gente joven, —con muy pocas excepciones—, aficionados a la escena; y por otra parte, aunque los hubiera nada importaba, porque Alí Babá y sus 40 Ladrones exigían que los papeles se repartieran, no entre quienes tuvieran condiciones para desempeñarlos, sino entre quienes garantizaran por sus simpatías sociales y amplias relaciones familiares, una buena venta de localidades. Así escogidos nuestros actores con tan interesada mira, comprometidos a la fuerza a trabajar por el Tennis, había que hacer para ellos papeles especiales, o adaptar a su gusto los de obras hechas. Ninguna muchacha quería hacer un papel que no fuera de dama joven. Nadie quería hacer un papel antipático. Cuando una frase no gustaba —el caso se dio varias veces cuando representamos "El Patio", de los hermanos Quintero— había que modificarla al capricho del actor, o éste no trabajaba. Nadie estudiaba sus papeles, ni hacía caso del director de escena ni del apuntador. Es un hecho cierto que Ventura Martínez, durante los ensayos y en su papel de apuntador, tomaba un bastón de los míos—los ensayos eran siempre en mi casa, donde por estar en alto, el bullicio era más tolerable del vecindario—y le pegaba en el pie al actor para avisarle que tenía que entrar a hablar.

El día de la función, estábamos casi como el primer día; y no era nada extraordinario que esa misma mañana algún actor o actriz se volviera atrás, y entonces se buscaba un héroe o heroína que hiciera de sustituto. En estas condiciones, debutó una vez Manana Adán Molina, en no recuerdo qué obra, confiada al auxilio que en escena le dieran sus compañeros. Salió a escena de un disimulado impulso—por no decir empujón—que le di, y su cara de susto, casi llorosa, venía bien con su papel. Fue un éxito ruidoso. Por último—y esto era terrible para el director de escena—ya entre bastidores y todo preparado para la función, era costumbre quitarse el miedo con los correspondientes tragos; y entre éstos y el poco estudio de la obra, cada actor improvisaba en escena lo que le daba la gana; y más de una vez me recuerdo abrazado a algún galán joven, sujetándolo, para evitar que saliera a escena antes de tiempo, tal como le sugerían los tragos animadores. Comedia hubo en la que los mejores chistes se improvisaron en escena por los noveles actores; y en este aspecto, justo es recordar especialmente a




Manolo Bonanza, admirablemente secundado por Ana Margarita Delgado, que jamás se desconcertó cuando se le hablaba lo no previsto, y por su parte inventaba también.

Hagamos constar que más tarde, el Tennis pudo dar algunas veladas con un buen cuadro escénico. Fernando Martínez Lamo —entusiasta y magnífico aficionado—Antonio Valdivia y Antonio Martínez, brillaron en la escena, menos apremiada por Alí Babá. Ana Coralia Porro prestó su hermosa voz; Laura Arango su devoción por las tablas. Mongo Tomé hizo de tenor. Para terminar con las veladas, recordaremos una que dimos en Camagüey y se repitió en Ciego de Ávila, ya con este último cuadro de actores, y cuando una crisis en las fabricaciones del Tennis hizo que Salomé de Zayas Bazán, Presidenta sucesora de Zoila Sánchez, reviviera los tiempos de Álí Babá, con envidiable energía.

Se trataba de una opereta, nada menos, con música de Félix Rafols, y libreto mío: "La Princesa Guamaná". Era preciso llevar a Ciego de Ávila, con toda la compañía y su decorado, una orquesta de doce profesores. Recuerdo perfectamente que el traslado y la estancia en Ciego, ascendían a quinientos y pico de pesos. Se iba a representar un sábado de gloria; y los músicos tuvieron que ensayar en Semana Santa, a escondidas. La venta de localidades en Ciego se había confiado a amigos de aquella población.

En un gas-car expresamente fletado, llegamos a Ciego a las cuatro y media de la tarde, el día mismo de la función. Y encontramos que no se había vendido una sola localidad, por distintas causas, y entre ellas una confusión sobre la fecha del evento, y la ausencia involuntaria en los días anteriores del amigo que hacía de agente nuestro, el inolvidable y caballeroso Rafael Flores del Monte.

Era un verdadero desastre. Repetimos que el Tennis se había empeñado en más de quinientos pesos.

Salomé Zayas Bazán
Pero Alí Babá, —entonces Salomé Zayas Bazán, digna sucesora de Zoila Sánchez—, dispuso en el acto que en vez de hacerse un proyectado ensayo general, —que Rafols reclamaba a voz en cuello para la parte musical de la obra—, los actores y las actrices se repartieran por todo Ciego vendiendo localidades, en tanto nuestra orquesta tocaba ruidosas piezas en el Parque Central, y Antonio Valdivia inflaba frente al Teatro, y elevaba, un globo de caprichosos colores, que había sacado yo no sé de dónde, y se disparaban numerosos voladores.

Ciego de Ávila respondió al reclamo. Los quinientos pesos gastados fueron repuestos, y más de seiscientos quedaron libres, de ganancia para el Tennis.

Recordemos, de paso, que en esta velada ofreció un bello número de baile clásico una bella americanita, Miss Grubber, hija del que era entonces Administrador General de los Consolidados.

Y recordemos también, para no hablar más de veladas, a los famosos “coritos”. Esto es, coros infantiles, donde las más bellas niñas camagüeyanas eran como vice tiples de nuestra compañía. Alicia Sánchez, Lila Arteaga, Flérida Ruiz de Castro, Elsa Longoria, Nenita Cabezas, las hermanitas Morán y otras más, contribuyeron a las obras del Tennis con el mismo entusiasmo que las muchachas mayores. Estas, por su parte, también formaron distintos coros, siendo el de las hawayenses uno de los más comentados, pues atrevidamente, las muchachas llevaron la falda… un poco más abajo de la rodilla.

Todo esto ocurría allá por 1922 y 1923. Zoila Sánchez había sido Presidenta hasta abril de este último año. Como ya dijimos, fue su sucesora Salomé de Zayas Bazán, todavía cuando el Tennis padecía las naturales dolencias de su desarrollo. Una de ellas había sido la de formalizar con el contratista un detallado contrato para la construcción del salón de baile y los pocos anexos de que entonces constaba la casa social. Como no había fondos en caja—se los reunía poco a poco, por verbenas y veladas—era necesario que un fiador solvente garantizara el cumplimiento del pago por parte del Tennis. Naturalmente, nadie que fuera solvente quería ser fiador. Cuando Isabelita Garcerán casi convencía a su padre—el inolvidable don Augusto Garcerán de Vall—para que lo fuera, ocurrió lo inesperado: El contratista, sin duda hombre muy optimista, me aceptaba a mí como fiador. Tuve el alto honor de serlo, yo, uno de los cuarenta compañeros de Alí Babá; y la casa se inauguró el primero de enero de 1923. Monseñor Pérez Serantes, Ilmo. Obispo de Camagüey, la bendijo, y mi mujer y yo fuimos los padrinos. Por la noche, se dio un regio baile.

Salomé dio al Tennis su constante e inteligente devoción. No es posible cansaros con los sucedidos de su Presidencia—el de la velada en Ciego fue uno de ellos—que fue agitada y difícil como la de su antecesora, y en la que Salomé demostró sus admirables dotes de organizadora, su exquisito don de gentes, su habilidoso tacto. Al recordar aquí su labor, admirable, yo no puedo dejar de recordar también, con un sincero afecto, como a cosa propia, a aquel que, tan cercano a ella, fue nuestro amigo respetado y querido; al caballero intachable de una vieja y noble estirpe camagüeyana, de virtudes múltiples, en cuyo hogar acogedor tantas veces nos reunimos para hablar de este Tennis; a don Javier de Zayas Bazán.

El Camagüey Tennis Club, ya puesto en marcha de victoria, continuó de triunfo en triunfo. Realmente, la sociedad camagüeyana se sintió orgullosa de esa obra. Y bueno es recordar que hubo tropiezos desagradables, y catástrofes más o menos risibles, que sirvieron para probar la adhesión y cooperación de los amigos del Tennis. En este sentido, quiero hablar de la más grande y bien organizada verbena que se ha hecho en nuestra ciudad, de fantásticas proporciones, que fue en su comienzo destruida por un inmenso aguacero de verano. El magnífico esfuerzo de Alí Babá, cayó esta vez en el vacío.

María Luisa Betancourt no me dejará mentir. Se había escogido para celebrar la verbena el día de San Juan, y se había logrado, tras titánica lucha, que se nos permitiera celebrarla en el Casino Campestre, cerrado a todos los que no pagasen la entrada, inclusive las máquinas que, en el tradicional paseo de San Juan, deberían pasar por allí. Las máquinas pagarían cincuenta centavos. Los numerosos kioscos, bien abastecidos de diversiones, refrescos y bebidas, y uno de ellos convertido en restaurante, se engalanaron desde temprano. Allí estaba toda la plana mayor del Tennis. Poco después de las cinco de la tarde, apenas abierta la verbena, ya la recaudación ascendía a trescientos pesos. Los resultados iban a ser fantásticos.

Vino entonces la lluvia. Terrible, continuada, insoportable. Se acabó el paseo de San Juan. Se inundaba todo. Las colgaduras de los kioscos se deshacían, tiñendo a las muchachas de raros colores. Objetos de regalo y comestibles se perdían. Los concurrentes andábamos calados hasta los huesos. La desbandada era incontenible.

Pero había que salvar los intereses del Tennis. Allí estaba Alí Babá —Zoila Sánchez— y allí estaba, entre otras entusiastas, María Luisa Betancourt, con su esposo Luis Loret de Mola. El Tennis tenía entonces fabricado apenas su salón de baile, sin muebles. Se decidió llevar al salón cuanto pudiera salvarse de la lluvia. En pleno aguacero, así se hizo. Y ocurrió entonces lo trágico... lo trágico, que pudo ser aterrador, pero que, recayendo sobre un caballo, nos permitió a todos precavernos.

Por la humedad del suelo, se electrizaron las columnas de entrada del Tennis, y al cruzar esta entrada, en el piso, el alambre eléctrico que conducía la luz de las farolas, electrizó parte del propio piso. Seguramente, algún defecto de la instalación. Un caballo de un carro que pudo conseguirse para trasladar algunos efectos cayó muerto. Fue preciso entrar en los terrenos del Tennis con mil precauciones; y allá en el desnudo salón donde nada había, ni sillas ni cuadros, las muchachas, llovidas, despeinadas, manchados sus trajes con los tintes de las telas y papeles que adornaban los inundados kioscos, esperaban tristemente sentadas en el suelo que la lluvia terminara. Pero el Tennis era invencible: María Luisa Betancourt discurrió llevarse las bebidas, y algunos obsequios de fácil conducción a la Sociedad Popular, donde se celebraba un baile, y vender allí cuanto se pudiera. Allá fue Luis Loret de Mola: Se obtuvo el consentimiento de la Directiva de la Popular, y allí llevamos el kiosco de las bebidas y los helados, y algo pudo salvarse del desastre.

Así se trabajaba en el Tennis, y así se levantó esta sociedad.

Como dijimos al comienzo, las muchachas han tenido siempre una especial habilidad para elegir sus Directivas, y no puede decirse de ninguna que no merezca una cita laudatoria, por alguna buena obra realizada. Andando el tiempo, funcionó a ratos una institución tennística, que ha venido a tener como si dijéramos existencia maternal, aconsejando en algún raro caso a las Directivas. Me refiero a las llamadas Socias Fundadoras; al grupo de las primitivas organizadoras y socias del Tennis, que si es cierto que han velado con cariño por esta sociedad que tantos desvelos ha costado, también lo es que su principal función ha sido la de reunirse anualmente en un almuerzo exclusivo.

Permitidme, de pasada, y ya que hablo de esta institución de las Fundadoras, hablar de un querido amigo, noble como pocos y como pocos digno de todos los afectos, que extraoficialmente tenemos que mirar como una institución del Tennis, por su permanente devoción a esta casa y su deporte favorito. Cuando el Tennis iniciaba su vida, ya él era asiduo a sus courts, y a lo largo de medio siglo, cuando los deportistas y los socios visitadores han cambiado, él permanece siempre el mismo, conocedor del secreto de las raquetas, y conocedor del deporte   del Tennis con mayúscula. Para Nicolás Meso Varona, decano de los socios visitadores, constante durante 25 años, nuestro cariñoso recuerdo.

Un recuerdo también para el primitivo himno de la sociedad y el coro de muchachas que por vez primera lo cantó. No teníamos música propia, y la letra, apresuradamente hecha, se adaptó a la popular música que todos conocemos, —la del Coro de los Jugadores del Rey que Rabió. De uniforme de tennistas, con las raquetas en ristre, las muchachas cantaron este himno en el Teatro Principal. Por cierto, que en la letra del himno prometían las muchachas no hablar de amor, y no creo que de aquellas coristas queden muchas solteras.
Laura Arango

Siguiendo la cronología tennística, diremos que Salomé Zayas Bazán terminó su período presidencial pacíficamente, y que la sucedió en 1924 Laura Arango, que volvió a ser electa en 1932; y todos sabemos quién es Laura. De su primera época data la fundación de la Biblioteca del Tennis, y en la segunda se creó una Sección de Declamación, a la que Antonio R. Martínez ofreció su generosa cooperación, dictando conferencias y clases. En el año de 1925, Zoila Sánchez es electa Presidenta—lo era de Honor, desde 1922, con las hermanas Martínez, esto es, las Tías, como todos decimos a las que lo son de Ventura y de Antonio Martínez, en prueba del afecto respetuoso que sus virtudes a todos nos imponen. El Club aumentó el número de sus socias hasta 225, y recibió la visita de la famosa Esperanza Iris, de paso por Camagüey. 

Elisa Arango Montejo
Irene de Varona Varona
Celita Rodríguez Casas










     En 1926, ocupa la Presidencia Elisa Arango Montejo, y su solo nombre basta para elogio. El Presidente de la República visita el Tennis; baila con Celita Rodríguez Casas, y da mil pesos para edificar un salón de verano. De 1927 a 1931, Celita Rodríguez Casasyo no puedo hacer aquí el elogio de la que es como una hermana mía— ocupa la Presidencia, y en su tiempo se obtiene la prórroga del contrato de arrendamiento celebrado con el Ayuntamiento. El Tennis celebró un torneo del deporte que le da nombre, y ofreció distintos actos a los Gobernadores y los Dentistas, que celebraron sus convenciones nacionales en Camagüey. En 1932, Elisa Arango es electa por segunda vez. En 1934, se elige a Irene de Varona, y el Tennis recibe en sus salones a Carlos Manuel de Céspedes.

Anita Arteaga
Beatriz de Varona
En 1935, es Presidenta Anita Arteaga, y se dona al Retiro Periodístico lo recaudado por la cantina en un magnífico baile. En 1936 y 1937, es elegida Beatricita de Varona; se reparan los techos de la Biblioteca, el vestíbulo y el salón de señoras; se compran trofeos para distintos campeonatos; se inician ciclos de conferencias culturales, desfilando por el Tennis don Ramón Menéndez y Pidal, Chacón y Calvo, Leonor Barraqué, Mercedes Pinto, Bello, Gaspar Betancourt; se hace una admirable exposición de costuras; se efectúa, de acuerdo con El Encanto, la Fiesta de la Moda; se hacen repartos de limosnas a los pobres; se recibe a la Convención Nacional de Arquitectos.

Hortensia Fortún de Biosca
En 1937, es Presidenta Hortensita Fortún. Se construye la cantina, un pantry, un cuarto para la servidumbre. El arquitecto Miguel A. Bretón dirige estas obras, gratuitamente, y obteniendo para el Tennis los derechos que debía cobrar el Colegio de Arquitectos. Se continúan las conferencias: Rodríguez Barahona, Antonio Martínez, Tula Aguilera, Darío Castillo, Luis Martínez, Félix Rafols, Caridad Rodríguez, Medardo Lafuente, desfilan por la sala del Tennis, tratando sugestivos temas. Hortensita es reelecta en 1938.
Cuquita Hortsmann

En 1939, es electa Presidenta Cuquita Hortsmann Varona, y reelecta en 1940. Sigue el Tennis su carrera triunfal. Las sucesoras de Alí Babá y los 40 ladrones, hacen ahora repartos de limosnas, propician actos culturales, y sostienen becas para niñas pobres en la Escuela del Convento del Carmen. El Nuncio Apostólico visita la sociedad. Dalia Iñiguez ofrece un recital. Los salones del Tennis son ofrecidos a la Convención Rotaria Nacional. Se ofrecen clases de flores, y se compran nuevos muebles. Se construyen los baños y se amplían los tocadores.

La modestia no debe privarnos de agradecer aquí la atención para con nosotros tenida por esta Directiva, al despedirnos con un ponche de honor, por nuestro traslado a la Habana. Unidos mi mujer y yo al Camagüey Tennis Club desde su fundación, honrados apadrinando esta casa al inaugurarse su primitiva construcción, nosotros tenemos unido el recuerdo de los 25 años de vida del Tennis a nuestros 25 años de matrimonio, cumplidos el año pasado. El Tennis es un afecto nuestro.

Clemencita Sánchez
En 1941, por sucesión al no aceptar la Presidencia Rebeca Batista, desempeña el cargo con éxito feliz, Clemencita Sánchez. El Tennis contribuye a la conmemoración del centenario del nacimiento de Ignacio Agramonte, y recibe en sus salones a la ilustre poetisa Dulce María Borrero. Acude la sociedad, especialmente invitada por el Presidente de la República, y por él alojadas sus representantes en el Hotel Nacional, a la Feria Camagüeyana celebrada en la Habana. Clemencita es reelecta en 1942. Manuel Betancourt, Luis Martínez, Oscar Ibarra, Leonor Barraqué, ofrecen conferencias en el Tennis. Se compran nuevos muebles, por valor de 993 pesos. Se celebra un campeonato de Ping Pong. Se crea la plaza de Mayordomo— ¡oh, el recuerdo del pobre encargado vestido de azul y con machete al cinto!—y se coopera eficazmente a la realización de la Feria del Libro. Socialmente, se ofrece un baile de gala en honor del Embajador de los Estados Unidos, que visita la ciudad.

Imposible relacionar toda la labor social del Camagüey Tennis Club, en los 25 años que lleva de existencia. Hemos señalado algunos momentos culminantes de su vida, y omitido muchos, pues no es posible abusar de vuestra bondadosa atención. Pero es preciso subrayar que en el presupuesto de gastos del Tennis, figura una partida de cincuenta pesos mensuales, para socorrer diez familias necesitadas; que cuando el terrible ciclón de noviembre de 1932, la sociedad socorrió con dinero, con ropas, con asistencia médica y con el trabajo personal de sus socias a los necesitados de Santa Cruz del Sur. Y también que se han ofrecido clases de música, de costura, de educación física a las muchachas, y los salones sociales han estado abiertos a exposiciones de arte como la ofrecida en 1932 por el escultor Fernando Boada. Finalmente, señalaremos la que fue una simpática iniciativa, hoy costumbre tradicional, de celebrar todos los años el Día de las Madres, con una fiesta en que toman parte los niños familiares de las asociadas, ese día los dueños del Tennis.
Josefina Álvarez

En 1943, es elegida Presidenta Josefina Álvarez y Loret de Mola —nuestra actual Presidenta— de relevantes méritos en la magnífica serie de las que han regido esta casa.

En prosperidad material el Tennis, en unidad de espíritu sus integrantes todas, parece que su Presidencia es de fácil desempeño, como cosa mecánica o de ritual. Y nada más lejos de la verdad. Esta sociedad, fundada hace un cuarto de siglo, como hemos visto con un carácter deportivo y de recreo, no tardó en ser también un centro cultural, donde se ofrecieron conferencias, exposiciones y clases; y sintiendo las corrientes modernas de noble humanidad, es hoy una institución de servicio social. En el momento culminante de esta evolución, cuando el Camagüey Tennis Club tiene que obedecer necesariamente los imperativos de esa función social, es que llega a su Presidencia esta muchacha, en realidad una niña, que para suerte del Tennis reúne en su gracia muy femenil, las bellezas y virtudes de su sangre materna, y la virtud e inteligencia de su paterna sangre. Así, ha podido triunfar, y triunfa en la difícil labor de mantener al Tennis dentro de las normas primeras de su fundación, a la vez que dentro de las actuales normas de asistencia social, en todo el amplio significado de estas palabras.

Bajo la Presidencia de Josefina Álvarez Loret de Mola, —y yo la nombro con toda la pompa de sus nombres, aunque para mí no sea sino la hijita de Abelardo Álvarez Digat, porque ella merece ese respeto por su actuación presidencial—, bajo la Presidencia de ella, decía, el Tennis ha inaugurado comidas bailables, pero a la vez ha sido en algún momento sede de una Convención de Cardiólogos; ha recibido la visita del Presidente de la República y de destacados políticos, pero ha contribuido con distintas cantidades para la fundación de un Banco de Sangre, para el Asilo de las Hermanas de los Pobres, y para el Asilo Amparo de la Niñez; ha comprado un piano, ha construido taquillas y reconstruidos sus courts, pero ha ofrecido conferencias y conciertos. En una palabra, el Tennis ha sido la institución sostenida por las muchachas de las mejores familias de Camagüey, lugar de esparcimiento en amable intimidad de personas de una misma educación, pero al mismo tiempo ha prestado servicios al conglomerado social sin exclusivismo alguno, y ha irradiado en cuanto ha podido, beneficios morales y materiales para todas las clases sociales.

Fácil es comprender que la Presidencia de una institución que tal hace, es de muy difícil desempeño, y requiere en quien la ejerce un conjunto de cualidades poco comunes. Un tacto especial, una firmeza de carácter amable, una inteligencia cultivada y abierta a todos los matices espirituales, se requieren para regir los destinos del Camagüey Tennis Club en estos tiempos, cuando veinte y cinco años de vida activa han hecho de la sociedad una entidad representativa de los valores totales de la mujer camagüeyana, incorporada con todas sus tradiciones de virtud y de intelecto al agitado mundo actual.

Josefina Álvarez y Loret de Mola ha sabido, pese a su juventud y a su viva feminidad lejana de toda pedantesca sabiduría, ser la Presidenta del Camagüey Tennis Club en este momento difícil de su vida social. Ella y sus compañeras dé Directiva mantienen en alto la hermosa bandera, que gallardamente saluda al cielo del vigésimo quinto aniversario. Son estas muchachas como un símbolo, que reclama nuestra admiración y nuestro afecto: En ellas se encarnan hoy —por derecho de sucesión al frente de esta sociedad, la gracia, la belleza y la inteligencia de las anteriores regidoras del Tennis, —el sacrifico y el entusiasmo de las antiguas fundadoras.

Aquí está, en ellas representado, todo el pasado difícil y glorioso de este Camagüey Tennis Club. Aquí la idea inicial de Pilar Garcés, la fuerza creadora de Zoila Sánchez, la serena energía de Salomé Zayas Bazán, la hábil diplomacia de Laura Arango, la firme actividad de Celita Rodríguez Casas, la inteligencia clara de Elisa Arango, el noble esfuerzo de Irene de Varona, el vivo entusiasmo de Anita Arteaga, la gracia constructiva de Beatricita de Varona, el fino talento de Hortensita Fortún, el admirable tacto de Cuquita Hortsmann, el sabio equilibrio de Clemencita Sánchez. Aquí la actividad incansable de Isabel Garcerán y de Célida Recio; aquí la cooperación eficaz de Ana Margarita Delgado, de Conchita Arteaga, de Pelele Zayas Bazán, de las Porro, de Esther Sariol, de las hermanas Meso Varona, de las Adán Molina, de Margarita Rodríguez Casas, de Elia, de Angela Isabel Caballero de Cadenas, de María Luisa Betancourt de Mola, de Cacha Perdomo de Luaces, de Margarita Luaces, de Flora María y Estela Lamar, de María Sánchez de Lamar, de Hortensia Recio, hoy de Soler, de Emmita Caballero, de Isabel María Pichardo, de Rosita, Guillermina y Amalita Agramonte; de tantas y tantas que no es posible nombrarlas a todas, y pido mil perdones por las omitidas.

Para todas ellas, señoras y señores, que hicieron posible esta sociedad; que nos supieron interesar a todos en ella; que por su sostenimiento y su decoro han velado siempre con afecto puro; para todas ellas, representadas hoy en la actual Directiva y en su bella Presidenta, Josefina Álvarez y Loret de Mola, yo os pido, al conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la fundación del Camagüey Tennis Club, vuestros aplausos entusiastas!

Notas al margen de LG: Esta conferencia del Dr. Felipe Pichardo Moya para conmemorar las Bodas de Plata del Camagüey Tennis Club, nos llega sólo hasta el año 1944. La historia del Club se prolongó por tres lustros más sumando nuevos logros, entre ellos un nuevo edificio y una piscina, aunque aún nos falta quien la escriba esa historia. En esos años sobresale la figura de Isabelita Garcerán, a quien no podemos dejar de mencionar en este recuento. A partir de 1959, con el arribo al poder de Fidel Castro, todos los clubes y sociedades de recreo privados fueron confiscados.
 
La conferencia del Dr. Pichardo Moya ha sido publicada íntegramente en la página web 
www.camagueycuba.org  que edita José M. Prats Martínez, nieto de Ventura Martínez Martínez y Elia Rodríguez Casas, activos fundadores del club.  Se reproduce en La Gaceta de Puerto Príncipe con el deseo de dar más difusión a un centro cultural y de recreo que durante cuarenta años fue orgullo de nuestra ciudad  y ejemplo clarísimo del buen hacer de los camagüeyanos o, mejor decir, de las camagüeyanas. Y también  porque  su historia se enraíza firmemente en nuestra Historia.


 Directiva del Camagüey Tennis Club al celebrarse las Bodas de Plata de la Institución en 1944.

De izquierda a derecha, sentadas: Isabel Douglas, Vice Secretaria; Gina Hernández, Secretaria; Cuquita Hortsmann, Vice Presidenta; Josefina Alvarez, Presidenta; Cachita Rodríguez, Vice Tesorera. Graciela Fernández, Tesorera
Segunda fila de izquierda a derecha: Vocales: Sussy Hortsmann, María Elvira Verde, Georgina Otero, Cuca Sánchez, Margarita Pujals, María del Carmen de Varona, Emilia Castillo, Carmita Álvarez.
Tercera fila de izquierda a derecha: Célida Recio, Tenchita Comas, Mirtha Cepeda, y Martha de Varona

 Himno del Camagüey Tennis Club