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27 de septiembre de 2013

El primer ferrocarril camagüeyano


El primer ferrocarril camagüeyano
 
Por el Lic. Regino Avilés Marín
 
A pesar de no ser una ciudad junto al mar, la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe era en 1830 el tercer núcleo urbano de la Isla en cuanto a población. La existencia de los embarcaderos de San Fernando de Nuevitas en la costa septentrional y, en alguna medida, el de Santa Cruz del Sur en la meridional, hicieron posible que el intercambio comercial de esta comarca se efectuara por dichos embarcaderos, logrando el desarrollo económico que ya se avizoraba en la tercera década del siglo XIX.
 
En 1836, la Diputación Patriótica de la Sociedad Económica de Puerto Príncipe, creada a postrimerías de 1813 como filial de la Sociedad Económica de Amigos del País, ya se planteaba la necesidad de construir un ferrocarril que sacara del aislamiento el comercio principeño.
 
Oidor de este reclamo lo fue don Gaspar Betancourt Cisneros, “El Lugareño”, figura de gran prestigio en la ciudad por sus dotes periodísticas, literarias y la tenacidad que siempre demostró en sus iniciativas, y quien se convirtió en el corazón de los “caminos de hierro” al presentar en breve plazo su proyecto, los planos y la memoria descriptiva de la ruta férrea.
 
Constituida la Junta, ésta quedó integrada por un grupo de hacendados solventes de la región y otras personalidades como don Luis Loret de Mola, Tomás Pío Betancourt, primer Historiador de la Ciudad, y El Lugareño, que de inmediato solicitó y obtuvo, el 10 de enero de 1837, la concesión, extendida mediante Edicto por el general  Miguel Tacón, autorizando la construcción del ramal del ferrocarril desde la ciudad de Puerto Príncipe hasta el puerto de Nuevitas.
 
Gaspar Betancourt Cisneros se trasladó  La Habana a solicitar ayuda monetaria para iniciar las obras, pero lejos de facilitarle los recursos, utilizaron su proyecto para construir el ferrocarril Habana Güines, que se convirtió en el primer ferrocarril en las colonias españolas, primero que en la propia España.
 
La construcción del ferrocarril Puerto Príncipe-Nuevitas fue encomendada al experimentado ingeniero norteamericano Benjamin H. Wright, quien diseñó el nuevo proyecto de 69 kilómetros de longitud. Por lo llano del terreno no fue necesaria la edificación de puentes, túneles ni otras obras de ingeniería, calculándose el presupuesto en la cantidad de 340,981 duros. La vía diseñada por Wright, con un ancho de 1.60 metros entre rieles constituyó un caso único, a diferencia de los que él había construido en el oeste norteamericano, utilizándose traviesas de madera cortada en los bosques cercanos a la vía.
 
Los trabajos comenzaron en 1840. En 1841 se colocaron las traviesas y carriles de las primeras 20 millas. En 1843, por falta de dinero, todavía no se había logrado la meta fijada para la primera etapa. Gestiones para recabar nuevos fondos realizó El Lugareño con el Intendente de Hacienda don Claudio Martínez de Pinillos, conde de Villanueva (entusiasta promotor del desarrollo del ferrocarril y otras obras sociales y culturales en Cuba), con Domingo del Monte y la Junta de Fomento de La Habana, presidida por el propio conde de Villanueva, acopiando en su gestión personal más de 50,000 duros para concluir la obra.
 
El 5 de abril de 1846 se pudieron completar los 61 kilómetros del ferrocarril entre Nuevitas y el Paradero de O´Donnell, en Sabana Nueva. Ese año, a causa de sus enfrentamientos políticos con el gobierno colonial, El Lugareño tuvo que salir del país sin poder ver realizado su preciado sueño, no pudiendo regresar a Puerto Príncipe hasta 1861, año en que la Villa fue enlazada telegráficamente con La Habana.
 
A pesar de todos los inconvenientes políticos y aprietos económicos, por fin, en agosto de 1851 el ferrocarril principeño pudo extender sus líneas de Sabana Nueva hasta el paradero de la ciudad de Puerto Príncipe, pero debido a la convulsa situación creada a raíz del alzamiento independentista del patriota Joaquín de Agüero y el posterior enjuiciamiento y fusilamiento de él y tres de sus compañeros en la Sabana de Méndez el 12 de agosto, no fue hasta el jueves 25 de diciembre de 1851, con la presencia de las autoridades civiles y militares, que se inauguró definitivamente el ferrocarril Puerto-Príncipe-Nuevitas con los 73 kilómetros de extensión que señalaba el proyecto original presentado por El Lugareño en 1836.
 
Un dato significativo nos los dice la historia: el 26 de julio de 1853, el Arzobispo San Antonio María Claret, quien dos años antes había tratado infructuosamente de salvarles la vida a Joaquín de Agüero y sus compañeros, llegaba a Puerto Príncipe desde Nuevitas. Para ello viajó en el tren motivo de nuestro estudio.

Reproducido del Boletín Diocesano de Camagüey, Nº 64

24 de septiembre de 2013

La prensa escrita en el Puerto Príncipe de comienzos del siglo XIX


La prensa escrita en el Puerto Príncipe
de comienzos del siglo XIX

 Lic. Regino Avilés Martín

Anteriormente a 1810 en la trashumante villa de Santa María del Puerto del Príncipe, se conocían y trasmitían las noticias por cartas o personalmente.

Durante las primeras décadas del siglo XIX, y bajo la supervisión de don Francisco Sedano, teniente gobernador del territorio, el licenciado dominicano don Antonio Herrera y Gordo, abogado de la Real Audiencia de Puerto Príncipe, comienza a publicar el Semanario Curioso, periódico totalmente manuscrito, que para reproducirlo utilizaba alrededor de más de veinte amanuenses que copiaban los trabajos que dictaba don Herrera, temas tomados por lo general de los periódicos de La Habana, Santiago de Cuba y España, notas capitulares y sermones, según nos relata el espeleólogo, periodista e investigador Eduardo Labrada Rodríguez en su interesante libro “La prensa camagüeyana del siglo XIX”.

En estos momentos cruciales para la prensa en el Príncipe, los periódicos sólo contaban con 140 suscriptores, razón por la que se podían publicar dos gacetas a la semana.

Esto refleja la idea del mérito de aquellos que sostenían a todo trance y a costa de sus bolsillos las publicaciones periódicas; en una población que era la segunda en el país, donde radicaba la Real Audiencia, una Intendencia, un colegio de Abogados, una Academia de Bachilleres y más de 70,000 habitantes, sin embargo, no existían ni librerías ni libreros, sólo los periódicos manuscritos, obra del ilustre dominicano que residía en la calle San Ramón Nº 63.

Lic. Regino Avilés Martín
Boletín Diocesano, Camagüey,
Mayo, 2010

22 de agosto de 2013

El Gran Hotel de Camagüey



El Gran Hotel de Camagüey, 
su historia
Regino Avilés Marín
 
El Gran Hotel, situado en el centro de la ciudad, otrora Villa Santa María del Puerto del Príncipe, Patrimonio cultural de la Humanidad desde el 2 de febrero de 2010, posee una larga historia que data de principios de 1826, cuando don Feliciano Carnesoltas compra el solar marcado con el número 15 (actual 65) en la calle del Comercio (actual Maceo). Carnesoltas en ese tiempo desempeñaba el cargo de alcalde ordinario de Puerto Príncipe.
 
El señor alcalde era muy vanidoso, ya que bastó que un vecino suyo comprara el solar número 17 de esa misma calle  y comenzara a construir un edificio de dos plantas y a su terminación lo inaugurara con una peletería llamada "La Principal", para que de inmediato determinara construir también otro edificio comercial que aspiraba a convertirlo en el más alto de la ciudad, en contraposición de las parroquias de Nuestra Señora de la Soledad, erigida en 1701, y la de San Pablo. 
 
Carnesoltas, natural de Cataluña y funcionario del gobierno español, poseía el escudo otorgado por su reconocida fidelidad a la Corona.
 
En 1828 se hizo construir un edificio de cuatro plantas que durante más de un siglo sería el más alto de la ciudad. En dicho edificio ubicó varios departamentos comerciales en los bajos, y  los pisos altos los dedicó a viviendas rentadas y de forma ocasional alquilaba habitaciones a viajeros de paso.
 
En 1894 aparece en los archivos el nombre de don Juan Alemañy, quien a partir de ese año abrió con nuevos bríos el local, ahora con el nombre de Hotel Refrigerador, convertida en residencia de oficiales superiores del Ejército Español que operaban en Puerto Príncipe durante la Guerra de Independencia. En los bajos funcionaba un expendio de café y se encontraban la cocina y el amplio comedor, habilitado con muebles de madera preciosa, finamente tallada y barnizada. Otra área la ocupaba como oficinas y despacho el batallón de Cazadores Voluntarios de Puerto Príncipe. 
 
Al término de la guerra, en 1898, abandonan la isla los colonialistas españoles,  integrados por militares y funcionarios del gobierno, y quedó el hotel prácticamente abandonado, siendo utilizado solamente como sastrería en algunas áreas de los bajos.
 
A principios del siglo XX, abrió nuevamente sus puertas con el pomposo nombre de "Gran Hotel"
 
En 1925 se cierra de nuevo. Las obras de reconstrucción y restauración adicionan el quinto piso y el elevador, y se trasladan  la cocina y  el comedor al último piso.
 
En 1938 abre nuevamente sus puertas el flamante Gran Hotel con su fachada restaurada, la que hoy admiramos rejuvenecida.
 
Fuentes:
Sección "Panorama, periódico Adelante.
Marcos Tamames Henderson: De la Plaza de Armas al Parque Agramonte, editorial Ácana, Camagüey, 2003
M.T.H.: La Ciudad como texto cultural, Camagüey: 1514-1837, editorial Ácana, Camagüey, 2005.
Reproducido deBoletín Diocesano Camagüey.

3 de julio de 2013

La Cruz Grande del Legendario Puerto Príncipe


 La Cruz Grande del legendario Puerto Príncipe

Por Regino Avilés Marín

Según informe del Sr. Licenciado Don Antonio Mojarrieta, Delator Secretario de esta Audiencia, existe un acta manuscrita de 1525, que vio hace algunos años, en que consta haberse fijado una gran Cruz de madera en un punto equidistante de los ríos Tínima y Hatibonico, para designar al centro de la población que iba a establecerse en este lugar.

Ese signo debió ser el que ha llegado hasta nuestros días, conocido por la Cruz Grande, colocada en la confluencia de las calles de Santa Ana (actual General Gómez) y la del Príncipe (actual Goyo Benítez), por cuanto expresa dicha Acta de Gobierno haber sido este el lugar donde estuvo el primer asentamiento, si bien con el nombre del Camagüey, con dirección en línea recta al Paso Real  del Hatibonico, donde se construyó más tarde el puente de la Caridad, para facilitar el tránsito del Camino de Santiago de Cuba.

En el promedio de la distancia entre la Cruz Grande de dicho Paso Real, guardando siempre la misma dirección, se delineó una plaza a cuya aproximación se edificaron la Iglesia Mayor, la Casa Consistorial y algunos otros edificios particulares.
 
Reproducido de Boletín Diocesano Camagüey, dic 2010
Fuente original: Colección de datos históricos…. Juan Torres Lasqueti

29 de junio de 2013

LA PLAZA DEL CRISTO



La Plaza del Cristo

Lic Regino Avilés Marín

En la barriada del Cristo, en solemne acto en la Ermita del Santo Cristo del Buen Viaje, el presbítero don Nepomuceno Arango, párroco de la Iglesia Mayor, bendijo el día 12 de septiembre de 1795 la pila bautismal, y el padre don Antonio Aguilar y Porro, cura coadjutor, bendijo el pequeño cementerio anexo a dicho templo, terreno que, a partir del 9 de mayo de 1814, se convertiría en el Cementerio General de Puerto Príncipe, al prohibirse los enterramientos en los patios de las iglesias.

Desde esa fecha, a la ermita se le asignó ayuda de la Parroquial mayor y se le fijó la demarcación siguiente: “desde el Hospital Viejo de Mujeres hasta la esquina del solar y casa del presbítero don domingo Enríquez de Hurtado, que conforma la plazoleta, hasta concluir la calle y dar con la casa de Gabriel Guerrero y la que sigue de don Nicolás Marín, que hace esquina y de ésta al callejoncito que va hasta el río y que llaman Paso real de dicha calle donde vive el Padre Hurtado, tomando el callejón que va a salir al Pozo de Gracia y de allí hasta la sabana…”, según afirma el historiador Tomás Pío Betancourt.

La Plaza del Cristo, luego Parque de Ampudia, más tarde Parque Gonfaus y de nuevo Parque del Cristo, se colmaba desde principios del siglo XX con motivo de las ferias, con cantinas y tableros donde se ofrecían las sabrosas empanadillas de harina de maíz y de Castilla, las típicas rosquitas de catibía, el sabroso pan de gloria azucarado, el rico dulce de yemas dobles, el clásico ponche de leche con o sin canela, y todo un gran surtido de frutas cubanas.

Complementaban esta popular fiesta los bazares y diversos juegos. Alrededor de la plaza se instalaban los caballitos, se realizaban carreras de saco y con frecuencia se armaba el circo “La Rosa”.

Aledañas a la plaza existían fondas de chinos y florerías. Frente a la misma se construyó un caserón de madera donde se instaló el primitivo “Cine Camagüey”, siendo destruido totalmente por la furia de los vientos del huracán de 1932.

La Banda Municipal tocaba puntualmente las retretas todos los domingos en esta histórica plaza, visita frecuente de Nicolás Guillén en las primeras décadas del siglo XX, junto a jóvenes amigos del barrio del Cristo.

Lic Regino Avilés Marín
Boletín Diocesano Camagüey, Marzo 2010.
Ilustración: Google.