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6 de julio de 2013

El Asilo Amparo de la Niñez

El Asilo Amparo de la Niñez de Camagüey

Por Miguel A. Rivas Agüero

Al igual que durante los siglos XVIII y XIX tuvimos repetidas demostraciones de donaciones para fundar hospitales, colegios, iglesias y asilos, en el siglo XX se siguió manifestando el altruismo de los camagüeyanos.

Buen ejemplo de ello es el asilo “El Amparo de la Niñez”  que, en abril de 1926 fundara una santa mujer llamada María Montejo Temps. No pretendemos hacer una completa biografía de María Montejo, pero sí vamos a ahondar un poco en los últimos diecisiete años de su fructífera vida a favor de la niñez desvalida.

María Montejo, tras una larga ausencia, regresó a su nativo Camagüey con un propósito en la mente y una dedicación en el corazón: la creación de un asilo en el que niñas pobres, a más de recibir el pan de la enseñanza y la religión, tuvieran albergue y cubiertas todas las necesidades mientras eran preparadas para hacerle frente a la vida una vez fuera del asilo.

El paso inicial de esta activa mujer fue fundar una escuela para niñas a la que dio el nombre de “La Fe” y en la que ella lo era todo. Esta escuela se mantenía con las cuotas que pagaban los padres de las educandas, aunque también acogió niñas pobres gratuitamente. Al mismo tiempo creó la institución que denominó “El Amparo de la Niñez”. Y comenzó su gran obra.

Obtuvo de la familia Nogueras, dueña del Reparto de ese nombre en la Vigía, que le regalaran un solar para la construcción del edificio. De él puso y bendijo la primera piedra en 1921 nuestro primigenio obispo, fray Valentín Zubizarreta.

El día 4 de abrl de 1926 fue un día grande para María Montejo, ya que, a pesar de no estar todo terminado, se inauguró el edificio con la bendición de Mons. Dr. Enrique Pérez Serantes, por entonces obispo de la diócesis. Desde aquel momento, María Montejo se acogió a ese su hogar rodeada de las primeras doce niñas a las que dio abrigo.

¿Cómo pudo llevarse a cabo esta obra?  “El amparo de la Niñez”, la asociación por ella creada, estaba compuesta por un gran número de vecinos de Camagüey, copartícipes en este noble propósito, los que contribuían mensualmente  con lo que podían, si no con pesos, con pesetas y hasta con reales.  Y el Asilo fue creciendo.

En 1931, el 17 de mayo, se inauguró la capilla, a la que se dio el nombre de “La Milagrosa”, en la que rezaban las cincuenta niñas que para entonces albergaba el asilo.  El propio año quedó constituida canónicamente la Congregación de las “Hijas de María Milagrosa”, otra creación de María Montejo.

No fue transitado con facilidad el camino recorrido. Hubo situaciones difíciles que confrontar, como cierto día en que se careció de alimentos suficientes. María Montejo invitó  a sus niñas a orar en la capilla. Minutos después sonó la campanilla de la conserjería, y María Montejo encontró en la puerta un pequeño camión cargado de víveres que un piadoso comerciante le enviaba de regalo. Casualidad, dirán los escépticos, mas ¿no se ve en ello la mano de la Providencia?

La obra material del Asilo fue avanzando. Se pudieron añadir otros solares al inicial y, finalmente, todo el terreno de la manzana. Se construyó la segunda planta para dormitorio de las niñas, labor en que la Empresa de los Ferrocarriles Consolidados fue factor importante. Y más tarde se dio término a la torre de la capilla.

María Montejo se sentía  feliz por su obra material, pero más gozo le proporcionaba su labor espiritual. Y Dios la llamó a su Reino el 6 de septiembre de 1943. Tenía entonces poco más de ochenta años.

Muchos pensaron en lo que  pasaría con el asilo al desaparecer su fundadora, pero ella había previsto esta situación. Como se recordará, en 1931 había creado la Congregación Hijas de María Milagrosa, y fue el Patronado creado en el seno de esa Congregación el que se hizo cargo de la administración del Asilo.

En ello fue importantísima la actuación de su Presidenta, Sra. Rita Rodríguez Vda. de Fernández. Fue este Patronato el que trajo a Camagüey a las “Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl” en agosto 29 de 1945 para que  atendieran la buena marcha del asilo. Tanto el Patronato como las Hijas de la Caridad cumplieron  su cometido a cabalidad, pues eran ciento cuarenta niñas las que albergaba el Asilo cuando llegó la catástrofe.

En abril 22 de 1945 fueron celebradas las Bodas de Plata de la Institución, y en acción de gracias Mons. Carlos Ríu Anglés, tercer obispo de Camagüey, celebró la Eucaristía en la propia capilla. En esa oportunidad  fue develado un retrato al óleo de la fundadora, María Montejo, retrato que donó su sobrino Gonzalo Arango Montejo.

Ese mismo año 1951, el 6 de septiembre, fueron trasladados los restos mortales de María Montejo desde el Cementerio General a la capilla del Asilo. Años después, y a solicitud de las autoridades que ocuparon el Asilo, los restos fueron retirados de la capilla y llevados nuevamente al Cementerio.

Con el cambio político que hubo en Cuba [al ocupar el poder Fidel Castro] hubo de desaparecer el “Asilo Amparo de la Niñez”. Desconocemos a qué está dedicada en la actualidad la totalidad de las edificaciones del Asilo,  pero si conocemos de un hecho demostrativo de que toda buena labor humana siempre deja huellas.

Allí, en el Asilo, en lo que fueron aulas para la educación de las niñas, aulas a las que el Patronato dio el nombre de “María Montejo”, hay ahora una escuela pública, y cuando se quiso cambiarle el nombre, un hombre del pueblo, un moreno con uniforme de miliciano, se opuso a que fuera otro que el de María Montejo porque dijo:  “Ésa fue una mujer muy grande a la que hay que recordar y honrar.”

Editado de un artículo de Miguel A. Rivas Agüero, publicado en la revista “El Camagüeyano” editada en Miami por la Dra. María Antonia Crespí.

28 de junio de 2013

DOLORES BETANCOURT Y AGRAMONTE

Dolores Betancourt y Agramonte

Dra. Isabel Hernández Rivas

Dolores Betancourt y Agramonte, descendiente de antiguas familias, de las mas acaudaladas y distinguidas del legendario Puerto Príncipe, era hija, en segundas nupcias, del Licenciado Don Tomas Pío Betancourt y Sánchez Pereira, abogado, naturalista y primer historiador que tuvo el Camagüey y de su prima Mercedes Agramonte y Sánchez Pereira. Nació en Puerto Príncipe el quince de marzo de 1856 en la calle San Francisco (hoy Luaces) No. 1

Después de estallar la guerra de 1868, emigró a Estados Unidos con su madre -que ya había enviudado- y otros familiares. Allí, años mas tarde, en 1873, supo de la muerte en combate por la independencia de Cuba, de su primo, el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, de sólo 32 años.

Ella era entonces una adolescente. Su vida transcurrió en el extranjero, en constantes viajes entre Estados Unidos y Europa y visitas a Camagüey. Sus más allegados la llamaban Lola, y por el pueblo recibía, indistintamente, los apelativos de Doña Lola, Doña Lolita y "Medio Millón", aunque, ciertamente, poseía mucho más: era la dama más adinerada de Camagüey y una de las mas ricas de Cuba. Su fortuna la constituyeron diversas herencias recibidas.
Dolores Betancourt, quien era profundamente católica, puso su fortuna al servicio de la Iglesia y de las clases pobres. Fue en Camagüey donde se hicieron más patentes que en otra parte sus muchas obras de caridad. Repartía su dinero a los humildes; ayudaba a familias necesitadas, para lo cual tenia a su servicio a personas que le informaban sobre esos casos y, a través de ellas, les hacia llegar frecuentes donativos.

En 1905, hizo erigir un busto al Padre Valencia en el patio-jardín central de la ermita de San Lázaro. El 7 de noviembre de 1906, un incendio destruyó el altar de plata y numerosos objetos de la iglesia del Convento de la Merced; en 1910, ella le donó el actual Altar Mayor de puro estilo gótico, de cedro sobredorado, levantado sobre rica base de mármol, y que costó entre $16,000 y $20,000.

Una de sus obras más importantes fue la edificación del templo neogótico del Sagrado Corazón de Jesús, a cuya inauguración asistió el 21 de mayo de 1920, y el cual fue donado en usufructo a las Escuelas Pías. Construido con arreglo a un proyecto del arquitecto español Don Augusto Font y Carreras, con capacidad para 1,500 personas, pero donde podían caber hasta 2,000 entre nave, presbiterio, capillas y coro, en casos de gran aglomeración de público, es una joya arquitectónica de la ciudad. Consta de una sola nave con capillas laterales emplazadas entre dos contrafuertes y posee 26 ventanas ojivales en todos los tramos y en los lados del ábside, cubiertas de vidrieras policromadas, protegidas por cristales gruesos, fabricadas en Alemania, y que representan los Misterios dolorosos, gozosos y gloriosos del Rosario.

El Altar Mayor y los dos laterales, el púlpito, las barandas del presbiterio y del comulgatorio y las cuatro pilas de agua bendita fueron todos construidos de mármol blanco de Carrara, fabricados en Piedra Santa, Italia. Dignos remates de la obra eran el reloj con su campana, el juego de tres campanas armónicas y los catorce cuadros del Vía Crucis, todos ellos construidos en los Estados Unidos.

El 31 de julio de 1916, Dolores Betancourt otorgó testamento en Nueva York. Dejaba por ejecutor o albacea a su primo el Licenciado Francisco Agramonte y Ávila. Declaraba, en primer término, que «creia en todo lo que enseñaba y confesaba la Santa Madre Iglesia Católica, bajo cuya fe había nacido, vivido y pensaba continuar hasta morir» (sic). Donaba grandes sumas al Asilo San Juan Nepomuceno para niñas huérfanas y pobres; a la Congregación de las Siervas de María; a las Asociaciones de Señoras y Caballeros de San Vicente de Paúl, consagradas a obras de caridad entre los necesitados; al antiguo Hospital San Lázaro, entonces ya convertido en asilo para ancianos, así como para la reedificación de la iglesia de San José en el reparto La Vigía, la cual se reconstruyó también en estilo neogótico y fue inaugurada el 31 de mayo de 1936, en la Avenida de los Mártires. 
 
De un remanente del dinero legado a la edificación de dicho templo, fue posible construir la capilla de San José -en la calle de igual nombre- e inaugurada el 28 de agosto de 1938. Además, otorgaba grandes sumas para la construcción de dos colegios, uno para niños y otro para niñas pobres de la ciudad y sus alrededores. 
 
En la 25ª cláusula, encargaba a su albacea que, tanto la iglesia que estaba por inaugurarse, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, como la de San José, no se dedicaran, en ningún tiempo ni por ningún motivo, sino al culto católico, e igual recomendación le hacia respecto a los colegios que se proponía instalar, para que, por ningún motivo, se impartiese educación laica ni se enseñara en ellos otra religión que no fuese la católica. Especialmente le encarecía que, en ese punto, no se alterase su voluntad.
 
En 1918, la ilustre benefactora volvió a establecerse en Cuba, donde alternaba temporadas entre La Habana y Camagüey y cortos viajes al extranjero. El primero de febrero de 1921, retornó a su ciudad natal, en la cual falleció repentinamente, en su casa paterna, en la madrugada del 25 de abril. Ante su cadáver, los sacerdotes Bonet, Felipe de la Cruz y Monseñor Basaldúa -quien era Gobernador Eclesiástico- oficiaron las tres misas que ella pedía en su testamento. Aunque en éste expuso sus deseos de tener unos funerales modestos, ello resultó obviamente imposible por el respeto, la admiración y el cariño que había sabido ganarse. La agencia de pompas fúnebres "Bueno, Toledo y González" se encargó de las exequias.
 
Sus restos yacían en lujoso ataúd de bronce acabado en mate oscuro, imitando nogal, con las esquinas artísticamente ornamentadas y en la cubierta, tres únicas piezas: una flor de lis, una placa con su nombre y fecha de fallecimiento y un Cristo macizo, de grandes dimensiones, todo de plata bruñida.
 
Desde que se supo su muerte, comenzaron a desfilar ante el féretro multitudes de personas de todas las clases sociales. Su entierro fue el 26, a las nueve de la mañana. La carroza mortuoria, la "Santa Lucia", llevaba el tiro más grande que solía usarse en ese tipo de servicio fúnebre de la época: seis parejas de caballos, postillón, pajes y seis conductores. Abrió la marcha la banda municipal y la seguían la Cruz Alta, las niñas del Asilo San Juan Nepomuceno, Las Hermanas de los Pobres, los alumnos de las Escuelas Pías, el Clero con música de capilla, los Padres Escolapios y los Carmelitas. En el nutrido acompañamiento, figuraban el Alcalde Municipal, el Cónsul de España, el General Lope Recio Loynaz, el jefe de la Policia, familiares de la difunta y una gran representación de la sociedad camagüeyana.

Todas las calles del trayecto que recorrió el cortejo -Luaces, Plaza del Padre Trias, Marti, Cisneros y Cristo- hasta el cementerio general se vieron atestadas de público. A su paso por delante del templo de El Sagrado Corazón y de la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, a la entrada del cementerio, el desfile se detuvo y el Clero entonó sentidos responsos.

El 27 de febrero de 1922, el Ayuntamiento de Camagüey, reunido en sesión ordinaria, acordó variar el nombre de Calle de la Glorieta, del Reparto La Caridad, por el de Calle Dolores Betancourt, puesta la Cámara de pie, en demostración de respeto y de veneración a la ilustre camagüeyana fallecida.

El 14 de octubre de 1931, sus restos fueron trasladados al templo de El Sagrado Corazón, donde aun reposan. EI séquito fue presidido por el Sr. Obispo Monseñor Enrique Pérez Serantes. El Rector de los Padres Escolapios pronunció la Oracion Sagrada y Monseñor Manuel Arteaga y Betancourt -entonces Provisor y Proto-Notario del Arzobispado de La Habana- hizo el elogio fúnebre. En la solemne ceremonia, se develó una tarja de mármol, donada por la prima de la extinta, la Srta. Altagracia Agramonte y Ávila, con el siguiente epitafio:

"DOLORES BETANCOURT AGRAMONTE, que hizo partícipe de su fortuna a los necesitados. Erigió templos para la propagación de la fe Católica y legó sus bienes para dar asilo y educación a los huérfanos".

** La Dra. Isabel Hernández Rivas es una dentista cubana radicada en Caracas, Venezuela.


Nota adicional:

 La señorita Betancourt Agramonte falleció en Camagüey el día 25 de abril de 1921 y su albacea, el Lcdo. Don Francisco Agramonte dio comienzo enseguida a las obras de construcción de un gran colegio de Artes y Oficios para varones, ya que, la casa solariega de la familia Agramonte que ocupa toda una manzana de las calles Plaza de Pablo Trías, Luaces, República y Martí, era la dedicada para las niñas. Las obras fueron suspendidas en virtud de un juicio declarativo de mayor cuantía que sobre nulidad de testamento que promovieron en el juzgado de Primera Instancia de Camagüey algunos herederos inconformes con los legados que les había dejado la testadora en su disposición testamentaria, pedían la nulidad del testamento, pues la herencia era cuantiosa.
Reunido el Patronato, que según la testadora, sería integrado por el señor Obispo de la Diócesis, el Presidente de la Audiencia Provincial y los respectivos superiores de los PP Salesianos y Hnas. de la Orden, fue designado para la defensa de la Fundación el que fuera eminente letrado, gloria del foro de Cuba, Dr. Manuel Dorta Duque, Catedrático de Derecho Hipotecario de la Universidad de La Habana.

La cooperación que tuvo el Dr. Dorta Duque por parte del R.P. Felipe de la Cruz fue muy activa y eficaz, al extremo que en cierta ocasión del proceso, los herederos de la testadora obtuvieron de un juez venal que dispusiera fueran traídos a Camagüey los bonos de los Estados Unidos que se hallaban depositados en un Banco de New York, y el Padre Felipe obtuvo la negativa del Banco de entregar esos bonos, gestión que le llevó varios días en la Babel de Hierro.

El juicio tardó mucho tiempo en su tramitación pero en las tres instancias, obtuvo sentencia favorable el Dr. Dorta Duque, recibiendo con ello un gran triunfo jurídico que le valió una condecoración de la Santa Sede, la Cruz Pro Eclesia et Pontifice.

Las obras fueron reanudadas y el Padre Felipe trabajó personalmente en ella como un simple peon. El Ayuntamiento de Camagüey lo nombró "Hijo Adoptivo" de la ciudad y dio su esclarecido nombre a una de las calles que dan acceso a la Escuela de Artes y Oficios que lleva el nombre de la Señorita Dolores Betancourt Agramonte.

(Segmento tomado de un artículo sobre El Santuario de Nuestra Sra. de la Caridad del Cobre de Camagüey, de Alfredo Correoso Quesada, aparecido en "El Camagüeyano", Miami, Fl.)

27 de junio de 2013

Sobre el Padre Valencia


Dos de mayo:
Aniversario de la ordenación sacerdotal
y de la muerte 
del Padre Valencia

«Éste es aquel hombre verdaderamente grande, porque aprendió a negarse a si mismo y entregarse por entero a la humanidad... Con su palabra máquina y su ejemplo seductor, arrollaba a cuantos obstáculos se le oponían y creaba cuantos recursos necesitaba...
 
Dominado siempre de alguna idea humanitaria, y de su entrañable amor a este pueblo, lamentaba la situación a que ya se veía reducido por su avanzada edad y sus penosas enfermedades. Bullían allá en su mente dos proyectos grandiosos, dos edificios públicos que a la verdad, señores, hacen notable falta...
 
El había visto por nuestras calles a los pobres locos maltratados por hombres inhumanos y escarnecidos por muchachos malcriados... El Padre Valencia sabía que entre las causas tentadoras del crimen, dos son las principales: la ignorancia y la indigencia
 
¡Imitad sus virtudes cristianas y sociales y bien podéis daros parabienes de que aún vive para la humanidad el Padre Valencia en los corazones de todos los camagüeyanos!»
 
(Del Discurso pronunciado por el glorioso patricio: Gaspar Betancourt Cisneros "El Lugareño" sobre la tumba del Padre Valencia en 1840)
 
El Padre Valencia erigió monumentos a la FE, a la ESPERANZA, y a la CARIDAD.
 
¿Sabrías decir cuales fueron estos monumentos?

Monumento a la fe: la iglesia del Carmen
Monumento a la esperanza: el Colegio del Carmen
Monumento a la caridad: el leprosorio.

Tomado de la página de la diócesis de Camagüey,
Foto: Monumento al Padre Valencia erigido por cuestación popular,
situado a la entrada del Asilo que lleva su nombre, antiguo leprosorio.
Archivo personal, adg.