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28 de octubre de 2017

EN LA ANTIGUA CALLE DE SAN JUAN


Pinceladas principeñas

En la antigua calle San Juan
o Avellaneda, en 1890

Carlos A. Peón Casas

Esta foto retrata un antiguo edificio de la otrora calle de San Juan, que con el paso del tiempo ha devenido en el actual Hotel América. El inmueble, construido antaño (1878), es el mismo que el de ahora, y la edificación del siglo XIX ya ostentaba dos porciones de doble piso: una por la esquina de San Martín, y otra al frente, mirando a una plazuela que para entonces era más amplia que la actual y que se organiza en forma de cuña con la calle Avellaneda por un lado y la de San Fernando por el otro.

Desconoce este escritor la función social de aquella edificación dotada de sólidas columnatas en derredor, y no se atreve a especular al respecto para no desentonar. Algún curioso lector de estas líneas, mejor informado, podrá quizás echar luz sobre el asunto. Lo interesante de la toma no es sólo el edificio en primer plano, sino el ambiente circundante, que nos recuerda el polvoriento legado de la otrora ciudad, con los caballos amarrados a las puertas como en las polvosas escenas del oeste hollywoodense, y una yunta de bueyes con su correspondiente carreta y su conductor a la sombra inexistente de un famélico flamboyán.

Igualmente tenemos noticia de una seguramente conocida fonda de la época con el sonoro nombre de “La Defensa”, justo en la intersección de Avellaneda con San Martín, por una tela que va de acera a acera y que le hace cumplida propaganda. Pasada la citada esquina en dirección al fotógrafo y por la acera contraria, descubrimos el aviso de otro establecimiento, a todas luces comercial, con el apelativo de “La Flor de Cuba”.

El cuadro se completa con la presencia de algunos transeúntes: algunos chiquillos desharrapados, y otras personas en el interior del portalón principal del edificio. No parece una hora de mucho movimiento, quizás el tiempo físico del retrato coincide con el momento de la ineludible siesta: costumbre de raigal signo, ya extinta por razones obvias, en la otrora comarca principeña.

Otra postal, sin dudas, donde recurre la memoria consustancial a aquella apacible comarca de nuestros ancestros, sólo atendible hoy día por estos valiosos testimonios gráficos que nos salvan de todo posible olvido.

Reproducido de “El Alfarero”, Boletín de la Arquidiócesis de Camagüey, Nº 25, Diciembre 2016.


29 de enero de 2014

La procesión de la Virgen de la Candelaria



La Procesión de la Virgen de la Candelaria:
¿Olvidada en Camagüey?


Por Carlos A. Peón Casas

La legendaria Puerto Príncipe, al igual que otras villas fundacionales cubanas, ha tenido el orgullo de sus procesiones religiosas, que siguen trascendiendo la espesura de los años, y recreando el fértil imaginario religioso de sus pobladores. 

Antológicas son en el antiguo terruño las del Santo Entierro, cada Viernes Santo; y la del Re-encuentro entre el Cristo Resucitado y la Virgen el Domingo de Resurrección, que tuvieron su añorado renacimiento, a instancias de nuestro venerable y perseverante obispo Adolfo Rodríguez en el año 1999, luego de su proscripción como hechos litúrgicos por casi tres décadas. Igual suerte había corrido antes la dedicada a la Virgen de la Caridad, que volvió a hacerse realidad en 1998, primero tímidamente alrededor del templo, y luego, y hasta hoy, en su extensión casi original.

Sin embargo, la de la Virgen de la Candelaria, patrona de la ciudad y bajo cuya temprana advocación se fundó la primitiva villa de Santa María del Puerto del Príncipe en 1514, no corrió igual suerte que las anteriores, y será justamente este próximo 1 de Febrero, cuando vuelva a recorrer las calles de la ciudad, en un inédito y dilatado recorrido que nadie puede asegurar sea el originario, acompañando el jolgorio de los primeros 500 años de existencia de la otrora villa principeña.

Pero lo que pocos lugareños saben es que la procesión, de la que no parece ahora mismo haber ninguna evidencia en el imaginario religioso local, pudo al parecer haberse extinguido en las celebraciones citadinas mucho antes que la región fuera reconocida como diócesis, y tuviera su primer obispo en 1915; años antes incluso del advenimiento del siglo XX; remontando sus celebraciones a mediados del siglo XIX, si acaso el hecho no dejó de verificarse mucho antes.

De tal asunto tengo el testimonio de un historiador local, el Sr. Enrique Palacios, una autoridad en temas de la historia eclesiástica de la otrora villa, y quien, a mi muy modesto ver y entender, no se le ha hecho cumplida justicia por sus largos años de paciente y fructífera labor al frente de los archivos de las parroquias de La Soledad y El Cristo, respectivamente. 

Palacios es de la opinión que la ya mentada procesión se circunscribió a los tempranos años decimonónicos; y que a partir de entonces, y ya en los años de la primera república y en los años sucesivos, se circunscribió solamente a una ceremonia intra-eclesial al estilo de un solemne Te Deum .

Ya en los años cincuenta, la celebración al uso, ubicaba la entronización de la efigie de la Virgen en los balcones del edificio de la Alcaldía, desde donde se le tributaba cumplida y respetuosa deferencia celebrativa, un hecho del que queda la evidencia en alguna foto ya amarillenta por los años. 

Igualmente Palacios cita desde su imperturbable y fabulosa memoria, alguna celebración añadida en el atrio de la Iglesia catedralicia, justo en el costado del templo que mira al Parque Agramonte, hecho del que este cronista recuerda igualmente haber visto una foto tomada durante una de aquellas, en el gobierno episcopal de Mons. Carlos Riu Anglés, el tercer obispo camagüeyano.

La procesión por venir, reeditará sin dudas una tradición muy principeña, en honor de la Santa Madre del Cielo bajo la advocación de la Virgen de las Candelas, patrona de las Islas Canarias, y su recuerdo será parte impertérrita de la memoria de aquellos tempranos pobladores de la otrora comarca, que quisieron que los cubriera con su bendición en estas tierras de Dios, que a cinco siglos de distancia, vuelve a reconocer y testimoniar el apego inefable a sus mejores valores y tradiciones cristianas.

En la otrora villa principeña, hoy Camagüey, a los 29 días del mes de enero de 2014.


Reproducido del blog Gaspar, El Lugareño