Mostrando entradas con la etiqueta Instituciones Benéficas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Instituciones Benéficas. Mostrar todas las entradas

17 de junio de 2014

El Hogar de Ancianos Mons. Adolfo Rodríguez


Hogar de Ancianos
“Monseñor Adolfo Rodríguez”

El Proyecto HAMAR, (Hogar de Ancianos Monseñor Adolfo Rodríguez”), tendrá como objetivo acoger y asistir a personas de la tercera edad, carentes de familiares que los puedan atender y que dispongan de bajos recursos económicos.

En la actualidad, aunque la estructura principal ya está construida, se necesitan fondos para adquirir los ascensores, habilitar los dormitorios y equipar el laboratorio, el consultorio, la sala de fisioterapia, el comedor, la cocina y la lavandería, así como la capilla a la que podrán acudir también otros feligreses del Reparto Saratoga.

Es por eso que estamos recurriendo a la generosidad de todos, para que contribuyan a hacer realidad este sueño del inolvidable Monseñor Adolfo, algo que nosotros debemos ayudar  a cumplir: alojar, alimentar y cuidar a ancianos desprotegidos en un hogar limpio y acogedor que sea, como él mismo nos decía: “Una luz en la oscuridad, un monumento a la caridad”

Incluimos el enlace a la nueva página web de HAMAR en la cual podrán encontrar una completa información del estado actual de este importante proyecto:
 http://www.proyectohamar.org/

28 de septiembre de 2013

Un breve cisma de la Iglesia en Cuba y la fundación del Asilo San Juan Nepomuceno


Un breve cisma en la Iglesia en Cuba
y la fundación del
Asilo San Juan Nepomuceno

 
Al derribarse la monarquía española en la persona de Isabel II, los españoles anduvieron mendi­gando un rey que, ante todo, debía responder a los intereses extranjeros para guardar cierto equilibrio político.  Por fin, gracias a las gestiones del general Prim, se avinieron todos a entregar la monarquía (1870) a un hijo del rey de Italia, nación entonces insignificante, que se llamó Amadeo de Saboya.  

Rey solidario de la revolución, miembro de una familia excomulgada por Pío IX y roto el Concordato, Amadeo de Saboya y los go­bernantes laicistas de la época pretendieron disponer del privilegio que gozaron los reyes españoles desde Fernando e Isabel. Pero esta designación de los obispos siempre supuso la conformidad de la Santa Sede y las bulas pontificias que otorgaban la jurisdicción espiritual y la sucesión apostólica de los obispos.

El Gobierno de Amadeo I procedió a la presentación de varios sacer­dotes para obispos, y la Santa Sede decidió que no debía acceder a tales pre­sentaciones, negando las bulas correspondientes.

Entre los presentados estaba incluido el Pbro. Pedro Llorente.  Al mismo tiempo, habiéndose trasladado a España el legítimo Arzobispo de Santiago, Primo Calvo López, este dejó al pbro. José Orberá como gobernador eclesiástico. Fallecido repentinamente el arzobispo Primo Calvo López en la Península, el cabildo metropolitano  eligió a Orberá como vicario capitular, sede vacante.

Advertido Orberá por Pío IX y el Nuncio en Madrid de la nulidad de los documentos de Llorente mientras no presentase las bulas pontifi­cias, se aprestó a la lucha con el intruso, que arribó a Santiago el 3 de febrero de 1872, pretendiendo tomar posesión, apoyado por todas las au­toridades civiles, fieles al Gobierno de Madrid, pero sin bulas pontificias.

Esta circunstancia y el decidido apoyo del Gobierno en sostenerle y darle posesión del Gobierno Eclesiástico, dividió los ánimos espantosa­mente y fue muy ruidoso el rompimiento entre los sacerdotes.  Por esta rebeldía de no aceptar al Arzobispo nominado por el rey, el pbro. José Orberá y el secretario de la Curia,  pbro. Circaco Sancha y Hervás, fueron encausados por las autoridades civiles españolas y sufrieron prisión en el castillo del Morro de Santiago de Cuba.

Se puede leer en la Historia Documentada por el P. Juan M. Sola sj, Madrid 1914, que “quedaban todavía tres o cuatro sacerdotes fieles al legítimo gobernador eclesiástico, que era el P. Orberá, preso con sus vicarios, lo cual era un pequeño consuelo para los fieles; pero como era una protesta viva para el cismático, no pasó mucho tiempo para que las autoridades civiles, a petición de Llorente, les pusiera en las manos el pasaporte para  salir de Santiago”.

Puerto Príncipe se distinguió por su fidelidad a la Santa Sede. Todo el clero le permaneció fiel. El Vicario eclesiástico, Ceferino Silva y el párroco de Nuevitas, Benigno López, dieron muestras especiales de valor frente a las presiones. El cismático Llorente envió a Puerto Príncipe un nuevo vicario, Valentín Pastor, quien hizo un llamamiento a los fieles en el periódico El Fanal. Le rebatieron abiertamente 18 sacerdotes, e incluso el sacerdote patriota cubano Ricardo Arteaga Montejo, quien había tenido diferencias con Orberá por su rancio españolismo, tomó su defensa. Un numeroso grupo de señoras de Puerto Príncipe presentó una petición al Capitán General contra el intruso.

Con la caída de Amadeo I (1873) la situación se fue haciendo cada vez más difícil para Llorente. La Santa Sede expidió la excomunión contra el arzobispo cismático y sus colaboradores y el vicario Orberá ordenó que tal declaración se transcribiera en todos los libros parroquiales de la arquidiócesis. En Puerto Príncipe sólo incurrió en excomunión  el notario eclesiástico, un seglar.

Ligado en cierto sentido al Cisma de Cuba estuvo la fundación del Asilo San Juan Nepomuceno porque el Canónigo Ciriaco Sancha tuvo parte importante en el desarrollo de la oposición al cisma y en la vida del asilo.

En realidad, el asilo había sido fundado el 14 de mayo de 1867 por doña Josefa Betancourt, viuda de Recio, quien nombró patrono vitalicio y capellán al Pbro. Félix Riverol, el cual desempeñó su oficio con todo celo hasta que le fue imposible hacerlo al perder la visión.  

Por los mismos años, en 1872  el Canónigo Sancha trajo a Puerto Príncipe las religiosas de una Orden por él fundada, que entonces se llamaban Hermanitas de los Pobres y hoy se denominan Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha (Sancha llegó a ser cardenal en España).  Las religiosas del Cardenal Sancha erigieron un asilo con el nombre de Santa María localizado en la Calle Mayor, Nº 53, pero en 1874, cerraron ese asilo para tomar la dirección del de San Juan Nepomuceno al cesar por motivos de salud el P. Riverol. Con el tiempo, allí tuvo su sede la Casa General de esta congregación.

Fuentes: El Camagüeyano, 24 Aniversario, Dra. María Antonia Crespí, Miami Oct 1966
http://somos.vicencianos.org

31 de agosto de 2013

El Hogar de Ancianos Mons. Adolfo Rodríguez


 Hogar de Ancianos
Monseñor Adolfo Rodríguez

Una obra de la Iglesia de Camagüey
sin ayuda gubernamental
por Eduardo F. Peláez Leyva


Al sueño de Monseñor Adolfo Rodríguez de construir un hogar de ancianos para aliviar sus precarias condiciones de vida y subsanar la carencia de esas instituciones en la ciudad de Camagüey, le falta poco para convertirse en realidad.  Nosotros, como camagüeyanos en la diáspora, tenemos la gran oportunidad de contribuir con nuestro pequeño grano de arena a terminar esta obra y sentirnos parte de un legado de humildad, caridad y solidaridad con nuestras raíces cubanas.
 
          Nuestra generación, que supo enfrentar  la llegada del comunismo a nuestra patria y tuvo que marchar al exilio con tristeza pero con la esperanza de un regreso inmediato, ha contemplado la fuga de los años en tierras extrañas con la impotencia de no haber podido incorporarse a la intrahistoria de nuestra querida ciudad de Camagüey. Alguno de nosotros ha regresado brevemente a reunirse con la familia, otros lo han hecho buscando sus raíces, a su iglesia, o llevando quizás a sus hijos o nietos a donde yacen los restos de sus abuelos en el cementerio de El Cristo. 

Otros han optado por no regresar mientras el sistema dictatorial permanezca en el poder y, desgraciadamente, ya son demasiados los que han fallecido sin haber cumplido el sueño del regreso... la vuelta a Ítaca.  Todos hemos pagado el precio de ser libres con el sacrificio de la diáspora. El pecado más grande de la revolución es el haber roto la continuidad histórica generacional, el habernos privado del quehacer diario, de dejar huellas en el suelo amado.
 
Nuestra Iglesia decidió quedarse
obedeciendo su misión evangélica
y pastoral.  Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera, camagüeyano, nacido   en la ciudad de Minas en 1924, pastoreó la iglesia camagüeyana del 1964 al 2002, convirtiéndose en el primer arzobispo camagüeyano y su primer obispo nativo. 
 {"cb":21,"cl":15,"cr":15,"ct":21,"fd":"","fn":"Mons.+Adolfo2.jpg","id":"kD0OE847wsST0M:","is":"257\u0026nbsp;\u0026#215;\u0026nbsp;400","isu":"ellugareno.com","ity":"jpg","lu":"/search?q=monse%C3%B1or+Adolfo+Rodriguez\u0026um=1\u0026sa=N\u0026biw=1024\u0026bih=674\u0026hl=en\u0026tbm=isch#imgrc=kD0OE847wsST0M%3A%3BZZ2jBWYpeLPZAM%3Bhttp%253A%252F%252F3.bp.blogspot.com%252F_64FJrZ2A1Hw%252FTCwSsExAC7I%252FAAAAAAAAKmI%252FdlzLHVnQ-Ys%252Fs400%252FMons.%252BAdolfo2.jpg%3Bhttp%253A%252F%252Fwww.ellugareno.com%252F2010%252F07%252Fmons-adolfo-inicia-pronto-el-camino.html%3B257%3B400","md":"/search?hl=en\u0026tbs=sbi:AMhZZiv8DVVCEkkTNdL7RT1tn_1CWBareFzOhiK5g1a2hMMn8DuXCvvvnP2HmkYgZ-HcKBBKlv08OftXkm40ONcfCjWbnXjL2nQgyz4x7Rw10JHSvXfbPbVGYm5cES8czm60hZalBCU47yB-r0jnxD-2ApkC8N253LXuFBHd1xfXm45l-xLbF5p-bY_1kwpiHOrUPYUl-KNcqzvp9pVgWSPEwl5y2wUzfxhKLypJI8QtCagnMxl5y1CmDxQLMbn_1PV0WzkguUx2ZhaXtW7Z6iGg12FMYd9Lk8VWA\u0026ei=zm8bUqWtKOT42gW44YCQDw","msm":"More sizes","msu":"/search?q=monse%C3%B1or+Adolfo+Rodriguez\u0026um=1\u0026sa=N\u0026biw=1024\u0026bih=674\u0026hl=en\u0026tbm=isch\u0026tbs=simg:CAQSEgmQPQ4TzjvCxCFlnaMFZil4sw","os":"32KB","pt":"Gaspar, El Lugareño: Mons. Adolfo inicia pronto el camino hacia ...","s":"Gaspar, El Lugareño: Mons. Adolfo inicia pronto el camino hacia ...","sc":1,"si":"/search?q=monse%C3%B1or+Adolfo+Rodriguez\u0026um=1\u0026sa=N\u0026biw=1024\u0026bih=674\u0026hl=en\u0026tbm=isch\u0026tbs=simg:CAESEgmQPQ4TzjvCxCFlnaMFZil4sw","sm":"Similar","th":280,"tu":"https://encrypted-tbn2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTbUH4HPTgr2srH5WPkOQLDvWF5C_F2iOzBodGrjXl92X1dOWGn","tw":180}
La labor desempeñada por Monseñor Adolfo durante esos largos años es inconmensurable. Como párroco de la ciudad de Vertientes, inauguró tres colegios parroquiales y un dispensario médico. Siendo ya Arzobispo de Camagüey, bajo su iniciativa y liderazgo entre otras muchas cosas, se logró la restauración de la Catedral, se fundó el Hogar Padre Olayo, y se rescató la procesión del Santo Sepulcro. Inspiró a muchos sacerdotes camagüeyanos, entre ellos a los actuales obispos Mons. Mario Mestril, de Ciego de Ávila, Mons. Wilfredo Pino Estévez, de Guantánamo-Baracoa, a Mons. Álvaro Beyra Luarca, de Bayamo-Manzanillo y al arzobispo de Camagüey, Mons. Juan García Rodríguez. 

Fue uno de  los obispos firmantes de la carta pastoral "El amor todo lo espera". Presidió la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y la Comisión Justicia y Paz que condenó públicamente el fusilamiento de tres jóvenes que robaron una embarcación para salir del país. Falleció en mayo de 2003 a los 79 años de edad y actualmente se encuentra en proceso de beatificación.

Ayudar a completar El Hogar de Ancianos Monseñor Adolfo Rodríguez tiene una significancia histórica muy señalada ya que nos adentramos en los quinientos años de la fundación de nuestra ciudad y Camagüey se maquilla ante el mundo arreglando calles y edificios, marginando las verdaderas necesidades de su pueblo y, en especial, el cuidado de la salud de los ancianos.

La ciudad de Camagüey cuenta con 318,000 habitantes y el municipio muestra una media de envejecimiento de un 17% superior a la media del país. El gobierno poco o nada hace al respecto. Los retiros no alcanzan para satisfacer las necesidades más elementales y nuestros ancianos adolecen de un mala nutrición y de un maltrecho cuidado de la salud.

        Dispuesto a remediar esta situación y aprovechando un viaje a España, Monseñor Adolfo le planteó al  Presidente de Castilla-La Mancha el proyecto de un hogar de ancianos. El Presidente se interesó y le pidió un estudio detallado. En el año 1993, gracias a la benevolencia española, le fue otorgado un presupuesto de 416,000 Euros, lo suficiente para comenzar la construcción. Con la ayuda de este gran empuje, de otras donaciones más pequeñas de la comunidad europea, y de la mano de obra voluntaria de brigadas de feligreses de la Iglesia Católica de Camagüey, trabajando con bloques y ladrillos fabricados a mano con recursos propios de la tierra y con herramientas rudimentarias, se pudo terminar la obra estructural.  Se necesita mucho para completar el trabajo en el interior del edificio. Aparte de la carpintería de aluminio (marcos para puertas y ventanas, etc.) faltan las instalaciones eléctricas, las de agua fría y caliente, los equipos de laboratorio, la farmacia, la cocina, la lavandería, los ascensores, las losas para los pisos y los muebles (camas, balances, mesas y sillas para el comedor, equipos de aire acondicionado  para el laboratorio clínico, etc.).

El exilio cubano ha sido muy generoso como lo demuestra la ayuda consistente  que hemos estado brindando a nuestros familiares en Cuba, la mano amiga tendida a los que vinieron de Cuba en el éxodo del Mariel y así sucesivamente a cuanto cubano ha llegado a las playas del exilio.   
         
¿Cómo podríamos ayudar? Todos somos capaces de contribuir de acuerdo con nuestras posibilidades, desde un
dólar hasta una cifra de cuatro o cinco números. Hace falta recaudar dinero para importar equipos y materiales no existentes en Cuba; comprar o mandar a fabricar muebles, puertas y ventanas; comprar, en fin, otros equipos y materiales necesarios.

Si una comunidad tan lejana como la de Castilla-La Mancha contribuyó tan generosamente con más de medio millón de dólares, cómo los camagüeyanos y cubanos del exilio no vamos ni siquiera hacer el intento de igualar esa cifra para ayudar a nuestros ancianos, que pudieran haber sido nuestros propios padres, tíos o nosotros mismos, si Dios no nos hubiera permitido salir de Cuba y haber emprendido una vida decorosa.

Un pequeño grupo de camagüeyanos ya ha dado el primer paso para ayudar a esta causa humanitaria, creando un grupo de apoyo llamado HAMAR (Hogar de Ancianos Monseñor Adolfo Rodríguez). Este grupo se ha estado reuniendo periódicamente para los efectos de coordinar un programa que abrace a cuanto camagüeyano o cubano en general dispuesto a contribuir no solamente con dinero, sino con ideas creativas para lograr este objetivo. Hasta el presente se ha confeccionado un folletín con la explicación de este proyecto para hacerlo llegar a las manos de cuanto camagüeyano o cubano esté a su alcance.

Para más información sobre este proyecto puede dirigirse a cualquiera de estos miembros del Grupo de Apoyo HAMAR: Padre Alberto Rodríguez, OP, al (305) 322-4911 o por email a: arl1945@aol.com; Gisela Ibarra y Wilfredo Burgos al (305) 763-4403 o giseus@yahoo.com; Rafael Ángel Quevedo al (305) 442-3127 o chafa@comcast.net.

Las donaciones* (cheque o money order) deberán hacerse a nombre de "Camagüeyanos Católicos, Inc." con la referencia "HAMAR" y podrán enviarse a:
Camagüeyanos Católicos, Inc.
6800 SW 40 St., #343
Miami, FL 33155.
__________________
*Siendo Camagüeyanos Católicos Inc. una organización sin fines de lucro exenta de federal income tax bajo la sección 501 (a) del código fiscal, las contribuciones al proyecto HAMAR son deducibles de impuestos.

6 de julio de 2013

El Asilo Amparo de la Niñez

El Asilo Amparo de la Niñez de Camagüey

Por Miguel A. Rivas Agüero

Al igual que durante los siglos XVIII y XIX tuvimos repetidas demostraciones de donaciones para fundar hospitales, colegios, iglesias y asilos, en el siglo XX se siguió manifestando el altruismo de los camagüeyanos.

Buen ejemplo de ello es el asilo “El Amparo de la Niñez”  que, en abril de 1926 fundara una santa mujer llamada María Montejo Temps. No pretendemos hacer una completa biografía de María Montejo, pero sí vamos a ahondar un poco en los últimos diecisiete años de su fructífera vida a favor de la niñez desvalida.

María Montejo, tras una larga ausencia, regresó a su nativo Camagüey con un propósito en la mente y una dedicación en el corazón: la creación de un asilo en el que niñas pobres, a más de recibir el pan de la enseñanza y la religión, tuvieran albergue y cubiertas todas las necesidades mientras eran preparadas para hacerle frente a la vida una vez fuera del asilo.

El paso inicial de esta activa mujer fue fundar una escuela para niñas a la que dio el nombre de “La Fe” y en la que ella lo era todo. Esta escuela se mantenía con las cuotas que pagaban los padres de las educandas, aunque también acogió niñas pobres gratuitamente. Al mismo tiempo creó la institución que denominó “El Amparo de la Niñez”. Y comenzó su gran obra.

Obtuvo de la familia Nogueras, dueña del Reparto de ese nombre en la Vigía, que le regalaran un solar para la construcción del edificio. De él puso y bendijo la primera piedra en 1921 nuestro primigenio obispo, fray Valentín Zubizarreta.

El día 4 de abrl de 1926 fue un día grande para María Montejo, ya que, a pesar de no estar todo terminado, se inauguró el edificio con la bendición de Mons. Dr. Enrique Pérez Serantes, por entonces obispo de la diócesis. Desde aquel momento, María Montejo se acogió a ese su hogar rodeada de las primeras doce niñas a las que dio abrigo.

¿Cómo pudo llevarse a cabo esta obra?  “El amparo de la Niñez”, la asociación por ella creada, estaba compuesta por un gran número de vecinos de Camagüey, copartícipes en este noble propósito, los que contribuían mensualmente  con lo que podían, si no con pesos, con pesetas y hasta con reales.  Y el Asilo fue creciendo.

En 1931, el 17 de mayo, se inauguró la capilla, a la que se dio el nombre de “La Milagrosa”, en la que rezaban las cincuenta niñas que para entonces albergaba el asilo.  El propio año quedó constituida canónicamente la Congregación de las “Hijas de María Milagrosa”, otra creación de María Montejo.

No fue transitado con facilidad el camino recorrido. Hubo situaciones difíciles que confrontar, como cierto día en que se careció de alimentos suficientes. María Montejo invitó  a sus niñas a orar en la capilla. Minutos después sonó la campanilla de la conserjería, y María Montejo encontró en la puerta un pequeño camión cargado de víveres que un piadoso comerciante le enviaba de regalo. Casualidad, dirán los escépticos, mas ¿no se ve en ello la mano de la Providencia?

La obra material del Asilo fue avanzando. Se pudieron añadir otros solares al inicial y, finalmente, todo el terreno de la manzana. Se construyó la segunda planta para dormitorio de las niñas, labor en que la Empresa de los Ferrocarriles Consolidados fue factor importante. Y más tarde se dio término a la torre de la capilla.

María Montejo se sentía  feliz por su obra material, pero más gozo le proporcionaba su labor espiritual. Y Dios la llamó a su Reino el 6 de septiembre de 1943. Tenía entonces poco más de ochenta años.

Muchos pensaron en lo que  pasaría con el asilo al desaparecer su fundadora, pero ella había previsto esta situación. Como se recordará, en 1931 había creado la Congregación Hijas de María Milagrosa, y fue el Patronado creado en el seno de esa Congregación el que se hizo cargo de la administración del Asilo.

En ello fue importantísima la actuación de su Presidenta, Sra. Rita Rodríguez Vda. de Fernández. Fue este Patronato el que trajo a Camagüey a las “Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl” en agosto 29 de 1945 para que  atendieran la buena marcha del asilo. Tanto el Patronato como las Hijas de la Caridad cumplieron  su cometido a cabalidad, pues eran ciento cuarenta niñas las que albergaba el Asilo cuando llegó la catástrofe.

En abril 22 de 1945 fueron celebradas las Bodas de Plata de la Institución, y en acción de gracias Mons. Carlos Ríu Anglés, tercer obispo de Camagüey, celebró la Eucaristía en la propia capilla. En esa oportunidad  fue develado un retrato al óleo de la fundadora, María Montejo, retrato que donó su sobrino Gonzalo Arango Montejo.

Ese mismo año 1951, el 6 de septiembre, fueron trasladados los restos mortales de María Montejo desde el Cementerio General a la capilla del Asilo. Años después, y a solicitud de las autoridades que ocuparon el Asilo, los restos fueron retirados de la capilla y llevados nuevamente al Cementerio.

Con el cambio político que hubo en Cuba [al ocupar el poder Fidel Castro] hubo de desaparecer el “Asilo Amparo de la Niñez”. Desconocemos a qué está dedicada en la actualidad la totalidad de las edificaciones del Asilo,  pero si conocemos de un hecho demostrativo de que toda buena labor humana siempre deja huellas.

Allí, en el Asilo, en lo que fueron aulas para la educación de las niñas, aulas a las que el Patronato dio el nombre de “María Montejo”, hay ahora una escuela pública, y cuando se quiso cambiarle el nombre, un hombre del pueblo, un moreno con uniforme de miliciano, se opuso a que fuera otro que el de María Montejo porque dijo:  “Ésa fue una mujer muy grande a la que hay que recordar y honrar.”

Editado de un artículo de Miguel A. Rivas Agüero, publicado en la revista “El Camagüeyano” editada en Miami por la Dra. María Antonia Crespí.