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8 de septiembre de 2013

La Virgen anda sobre las aguas

 

La Virgen anda sobre las aguas

Emilio Ballagas
«Quiero tomar un asiento en tu preciosa canoa»
(De un loor anónimo) 
Déjame tomar asiento
En tu preciosa canoa
Y poner al cielo proa
Navegando por el viento.
Muévame el Divino Aliento
Con su poderoso brío.
Éntrame en tu claro río
Y súbeme a los alcores
Donde ángeles ruiseñores
Abren las albas del pío.
 
(Ofrecimiento de su poema Nuestra Señora del Mar)

11 de julio de 2013

Obituario, Rosa Martínez de Cabrera

 Obituario
Ana Dolores García

El pasado lunes 8 de julio ha fallecido en North Carolina, donde residía desde hace años, la Dra. Rosa Martínez Abaroa, Vda. de Cabrera, recordada y querida profesora de Lengua y Literatura Española del Instituto de Segunda Enseñanza  de Camagüey. Coincidentemente, ese mismo día en estas páginas de la Gaceta de Puerto Príncipe aparecía uno de sus más sentidos poemas: “Nadie se va del todo”, verdad etérea que hoy bien puede aplicarse a su propia autora.

Rosita Martínez, como cariñosamente era conocida por sus amistades y múltiples alumnos y exalumnos,  dedicó toda su vida a la enseñanza de la literatura. Poeta y maestra, deja una profunda e imborrable  huella en el historial de la cultura agramontina.  En su ciudad natal, además de su actividad educativa, colaboró ampliamente en la sociedad femenina Camagüey Tennis Club y prestó solícito apoyo a cualquier actividad cultural que se gestara en nuestra ciudad, como la Sociedad de Conciertos o el Cine Club.  Más aún,  fue alma y promotora de la sociedad cultural Lyceum de Camagüey, de corta vida al correr la misma suerte de todas las sociedades y agrupaciones a la llegada del gobierno castrista.

Marchó entonces al exilio donde continuó su labor docente con igual entusiasmo. Fue profesora de Español en el Bethesda High School en Bethesda, Maryland, y más tarde ejerció igual cátedra durante varios años en la Universidad de  New York en New Paltz. Fue allí donde organizó un Simposio sobre la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda que contó con la asistencia de numerosos profesores de Literatura Española en distintas Universidades y Centros de Estudios Superiores de los Estados Unidos. También como homenaje a La Avellaneda y en colaboración con la Dra. Gladys Zalvídar publicó un libro conmemorativo de aquel Simposio por el centenario de la muerte de la insigne escritora camagüeyana.

Luego de su jubilación residió por largo tiempo en el norte de Virginia, de donde pasó a vivir junto a la familia de su hermano Paulino Martínez en el estado de North Carolina y donde acaba de fallecer a la edad de 93 años.  Enviamos nuestra más sentida condolencia a su hermano Paulino y su esposa Nerina Sánchez, a sus sobrinos y demás familiares. Rosita Martínez se ha dormido en la esperanza y en la fe que siempre profesó en la Resurrección por Cristo: 

Nadie se va del todo, y adiós, ya sin sentido,
es palabra vacía que flota sin objeto.
Adiós, adiós, no digas, que si te escucha el viento
subirá en remolinos hasta tocar el cielo.

26 de junio de 2013

Anoche fui a mi pueblo, poema

Anoche fui a mi pueblo

Lolita Lafuente

Anoche fui a mi pueblo.
Nadie me conocía
allí en el propio suelo
de aquella ciudad mía.
Yo lo miraba todo
con pena que dolía...
Y sentí que mis ojos
el llanto humedecía...
Aquello era mi pueblo
el pueblo en que naciera.
El pueblo en que mis padres
forjaron mil quimeras;
en el que alegremente
mi juventud viviera...
Esas calles oscuras,
silentes y vacías,
¿son aquellas que entonces
feliz yo recorría?

¿Acaso ésta es Maceo,
la Calle del Comercio?
¿Y cómo es que no veo
el popular Ten Cent?
La Principal no encuentro...
¿Es que cerró también?
Y la Casa Mendía...
¿Dónde está el Gran Hotel,
la Librería Rodríguez,
El Gallo, La Sirena,
y la peletería
de aquella gente Mena
que eran Jorge y Emilio?
¿Y la ferretería
tan popular de Antón?
El Globo, La Violeta...
tampoco está Casildo,
no está La Creación,
ni El Encanto tampoco
con su gran distinción...
Pensé que aquella calle
pudiera estar cambiada;
pero que otros lugares
que en tiempo de mi infancia
me fueron familiares
tendrían que estar iguales.

Seguí pues caminando:
Llegué a La Soledad.
Busqué La Norma en vano
porque no la encontré;
lo mismo que fue en vano
buscar a Sabatés...
Volvime bruscamente
y por Estrada Palma
no vi a Valdés Jiménez.
¡Lavernia ya no estaba!
No estaba el Bar correo
ni había el Bar Miranda...
Sentí que todo aquello
me hacía mucho daño,
porque mi propio pueblo
me resultaba extraño.

Y quise refugiarme
de aquella pesadilla
y corrí a albergarme
donde fui una chiquilla.
Calle General Gómez...
Buscando mi palacio,
mi hogar, Quinta Simoni,
caminé sin descanso...
Allí llegué anhelante.
Pero otro cuadro triste
de nuevo me esperaba,
otro cuadro muy triste...
No estaban ya los arcos
de aquel portal querido;
no estaba la baranda
de hierro enmohecido...
De aquella mi casona
de historia agramontina,
¿sólo quedaba ahora
sus muros hechos ruina!

Y tomando en mis manos
un puñado de tierra,
con los ojos nublados
mirando aquellas piedras,
¡maldije el comunismo
que a mi pueblo adorado
sepultó en el abismo!
Y en mi puño cerrado
sentí que la tibieza
de mi tierra llamaba...
Desperté. Y con tristeza
¡descubrí que lloraba!



Lolita Lafuente Salvador, poetisa y escritora camagüeyana, fallecida en Miami el 24 de junio de 2004. Sus padres fueron Medardo Lafuente y Lola Salvador, educadores y poetas. Su niñez transcurrió en la Quinta Simoni, colonial casona llena de historia. Versificadora fácil, los principales temas de sus poesías son el amor y la añoranza de su ciudad natal,
Foto: Google

 
  1. Que acertada has estado Lolita en publicar esta emotiva poesía de la inolvidable Lolita Lafuente Salvador.¡Cuánto exrañamos su presencia y talento!
    Que época aquella en la que podíamos saborear cada nueva poesía, cada sabio comentario de esta excepcional mujer.  Maggie
 

  1.  
    Verdad, Maggie, ¡qué época aquella en la que pudimos disfrutar de esas poesías de Lolita Lafuente participando en un ambiente de plena confraternidad cibernética! Pero en fin, aquellos fueron otros tiempos. Lolita ya no está y la confraternidad se fue diluyendo hasta desaparecer. Nos quedan sus poemas para seguirnos contagiando de nostalgia y de su inmenso amor al terruño y a la patria.
    Lola
     

25 de junio de 2013

La Plaza Charles A. Dana


La Plaza Charles A Dana o de la Merced, ahora Plaza de los Trabajadores
Charles A. Dana
Ana Dolores García
 
Si preguntáramos en Camagüey, el de antes y el de ahora, quién fue Charles A Dana, ¿encontraríamos a alguien que pudiera respondernos? Sin embargo una plazoleta de la ciudad,  -en su mismo centro-, ostentaba su nombre. Si pudiera servir de consuelo, podríamos decir que también nos sería muy difícil encontrar a alguien en Estados Unidos que supiera que este nombre le había sido dado a una plaza en una ciudad extranjera  cuya existencia ni siquiera conocerán. Ello es de suponer porque en ninguna biografía de Charles A Dana de las que vienen en Internet, se relaciona que  hubiera estado en Camagüey, ni siquiera en Cuba. 
 
Charles A. Dana era el nombre oficial que, en los inicios de la República, le dio el Ayuntamiento a la Plaza de la Merced, aunque esta se siguió llamando como el pueblo quiso: Plaza de la Merced o de las Mercedes. Al arribo del régimen castrista la plaza cambió de nombre, y el de Charles A Dana se sumergió aún más a fondo en el olvido de los camagüeyanos. 
 
No fue el único representante del "imperio" que sacaron de la plaza, porque allí también había en uno de sus extremos –el que apuntaba a la calle Popular- un modesto busto a Franklin Delano Roosevelt. Ahora la plaza se llama “De los Trabajadores” y el busto de Roosevelt ya no acompaña a la escuálida ceiba que ha logrado permanecer, no sin alguna penuria, en el centro tal plaza.
 
Charles A Dana fue un afamado periodista que había nacido en Hinsdale (New Hamshire) en 1819. Estudió durante dos años en la Universidad de Harvard, pero tuvo que abandonar los estudios al estar confrontando problemas con su visión.  Luego de trabajar durante algún tiempo en diversos periódicos, comenzó a escribir para el “Tribune”, un importante periódico neoyorquino en el que colaboró hasta 1858.
 
Posteriormente, en 1867 se convirtió en editor de "The Sun," de Nueva York, un rotativo al que estuvo ligado durante muchos años y que fue uno de los principales diarios de toda la costa este del país.
 
Durante los turbulentos años de la Guerra Civil aceptó el difícil cargo de Secretario asistente de Guerra, y desempeñó esa posición durante gran parte de 1863 y 1864. 

 
A partir de esto, sus biografías relatan solamente su regreso al “Sun” de Nueva York, en el que permaneció hasta su muerte, y al que confirió su estilo personal, recto, claro, directo, implacable contra  los políticos corruptos, tanto Demócratas como Republicanos. 
 
Los méritos para el homenaje recibido por parte del Ayuntamiento camagüeyano al dedicar una plaza a su nombre, deben referirse a un probable y favorable apoyo a la causa republicana desde las páginas de su poderoso periódico. Es notorio que la prensa norteamericana en general se encargó de caldear los ánimos de la opinión pública para apoyar la intervención norteamericana en la guerra que Cuba sostenía por su independencia.
 
Charles A Dana falleció el 17 de octubre de 1897. Su nombre figura en los anales del periodismo norteamericano como una de las figuras más importantes y sobresalientes de la prensa escrita estadounidense. 

Foto:   http://www.geolocation.ws

La Avellaneda, la primera mujer a la que la RAE dijo no.



Gertrudis Gómez de Avellaneda,
la primera mujer a la que la RAE dijo no
 
Por Pablo L. Orosa, A Coruña

«Estoy seguro de que habrá más mujeres en la Academia porque es lo natural, lo normal». Las palabras del secretario general de la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva, encierran una "injusticia" histórica que arrancó en 1853 con una escritora cubana, la primera a la que la Academia dijo no: Gertrudis Gómez de Avellaneda.

«Fue la lumbrera del siglo XIX. La dramaturga más importante de la época», subraya a Efe el guionista de origen cubano Manuel Lorenzo Abdala, quien tras estudiar varios años la figura de Gertrudis Gómez de Avellaneda ha elaborado un relato de la vida y obra de la escritora.

Nacida en Puerto Príncipe, hoy Camagüey (Cuba), el 23 de marzo de 1814, Gertrudis Gómez de Avellaneda llegó a España en 1836, instalándose en A Coruña. El ambiente conservador de la ciudad desagradó a la escritora cubana que tras un periplo por Andalucía decidió fijar su residencia en Sevilla.

En 1840 se trasladó a Madrid y en solo unos meses se movía ya en los círculos literarios del Madrid de mitad del XIX con el respeto y admiración de los grandes intelectuales de la época: Alberto Lista, Juan Nicasio Gallego, Manuel Quintana, Bernardino Fernández de Velasco, Nicomedes Pastor Díaz o José Zorrilla.

El éxito literario alcanzado en aquellos años, con obras como "La verdad vence apariencias" (1852), "Errores del corazón" (1852), "El donativo del diablo" (1852) o "La hija de las flores" (1852) y "La Aventurera" (1853) no fueron argumento suficiente para convencer a los académicos de que Gertrudis -entonces era el propio interesado el que proponía su candidatura- merecía entrar a formar parte de la academia.

Intensos debates sobrevinieron a su propuesta. La propia escritora avivó la polémica: "La presunción es ridícula, no es patrimonio exclusivo de ningún sexo, lo es de la ignorancia y de la tontería, que aunque tiene nombres femeninos, no son por eso mujeres".

La reacción de los académicos fue categórica: en la Academia no había plazas para mujeres. Esa norma, nunca escrita, se aplicó a las que posteriormente lo intentaron: Emilia Pardo Bazán o María Moliner. No fue hasta 1979 cuando la RAE aceptó el ingreso de la primera mujer en la institución: Carmen Conde.

Después lo hicieron Elena Quiroga, en 1984, y Ana María Matute, en 1998. Dos años más tarde sería elegida académica la historiadora Carmen Iglesias y en 2001, la científica Margarita Salas.

Para Gertrudis Gómez de Avellaneda era ya demasiado tarde. Su figura había caído en el olvido desterrada de la memoria colectiva por su condición de "apátrida" tras el desastre del 98.

«En Cuba la veían como española y en España como cubana», apunta Abdala a Efe.

El recuerdo de Gertrudis, la más famosa de las escritoras de mitad del XIX, fue diluyéndose sin que hoy pocos la incluyan junto a Rosalía de Castro o Gustavo Adolfo Bécquer como representantes del romanticismo español. «Es una injusticia», subraya Abdala, aludiendo a las palabras del máximo responsable de la RAE.

Por ello, coincidiendo con el tricentenario de la institución y el bicentenario del nacimiento de la autora cubana, Abdala ha reclamado la inclusión de Gertrudis Gómez de Avellaneda como "Académica honorífica", un reconocimiento que hasta ahora ha sido concedido a doce hombres -además del caso excepcional de María Isidra de Guzmán, admitida como académica honoraria en 1784 pero que nunca llegó a ocupar el sillón honorario-.

Un sillón que vendría a resarcir un olvido histórico, apostilla Abdala.
Reproducido de La Razón, Madrid