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26 de febrero de 2014

El Colegio Champagnat


Fundación del Colegio 
de los Hermanos Maristas de Camagüey

En el transcurso del año 1935 fue tema frecuente entre los HH Maristas radicados en la Perla de las Antillas la fundación de un nuevo colegio. El legendario Camagüey parecía ser en la mente de los Superiores del Instituto, el lugar seleccionado para la nueva Obra. La idea persistía, constituyendo la nota más saliente entre las diversas comunidades.
 
En el mes de agosto todos los profesores son convocados para los Ejercicios Espirituales de San Ignacio que tuvieron lugar en el Colegio Internado que la Congregación Marista poseía en la Perla del Sur [la ciudad de Cienfuegos]. De todas las conversaciones entre los Ejercitantes el día de la apertura el tema era éste: ¿Quién será el director de la Fundación camagüeyana?
 
Por la tarde las lenguas enmudecieron y las imaginaciones, debidamente controladas, no salieron del espiritual recinto ignaciano hasta el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de Ntra. Señora, y clausura de los santos Ejercicios. Se reanudaron las conversaciones paralizadas durante ocho días y de nuevo surgió la curiosa interrogación: ¿Quién será el seleccionado para enarbolar la bandera Marista en la Ciudad Prócer?
 
Entre dimes y diretes llegaron las 2:30 PM. Tarde memorable en la cual, reunidos en plena asamblea todos los HH Maristas de la Isla, presidida por el Rev. Hno. Provincial, éste proclamó con beneplácito de todos los presentes al Rev. Hno. Víctor Anastasio como director de la reciente fundación, y como colaboradores suyos a los HH. Macario y Braulio para iniciar y llevar adelante una obra exclusivamente educacional: abnegación y celo. Tres columnas sólidas sobre las cuales descansaría el pabellón Marista enarbolado con entusiasmo en la segunda quincena del mes de agosto de 1935.
 
En general, la noticia del establecimiento de la nueva escuela fue recibida con grandes muestras de aprecio, tanto por parte de las Autoridades Eclesiásticas como por las Escolares, Cívicas y Militares.
 
El 28 de agosto se abrió la matrícula en un edificio de dos plantas situado en la parte más céntrica de La Vigía, siendo los primeros alumnos matriculados Rosendo García García, Fernando Artola Barreto y Orestes Domínguez Montalván. Aunque se hicieron algunas reparaciones al local de madera que tenía capacidad para recibir inmediatamente unos 200 alumnos, el aumento de la matrícula fue tan considerable en los cursos inmediatos, que se pensó en un local más amplio y de mejores condiciones.
 
La obras de Dios suelen tener como base pruebas y contratiempos. En ésta no faltaron. Todo caminaba sobre cuatro ruedas, cuando la pálida muerte visitó de improviso a la feliz Comunidad compuesta a la sazón de 8 hermanos. Con ímpetu despiadado, arrebató el 10 de noviembre a uno de sus jóvenes miembros, al H. León (q.e.p.d), profesor de 2º grado. Fue grande la pena producida entre profesores y alumnos ante esa prueba, pero quedó mitigada al pensar que un protector más se interesaría por ellos en el Cielo.
 
Las gestiones que con actividad se empezaron a realizar para conseguir terreno donde fabricar el nuevo local, se vieron coronadas con el más lisonjero éxito. En la parte céntrica del barrio de La Vigía, frente a la Avenida de los Mártires, tuvimos la suerte de encontrar lo que deseábamos: amplio espacio para construir y extenso campo de deporte.
 
El 2 de enero del año 1942 tuvo lugar la bendición y colocación de la primera piedra del nuevo edificio, ceremonia que con solemnidad extraordinaria se llevó a cabo por el Ilmo. Señor Obispo Mons. Dr. Enrique Pérez Serantes, en presencia de profesores, alumnos y gran número de familiares.
 
El señor Ingeniero Claudio Muns Blanchart fue quien diseñó los planos del nuevo edificio, y el señor Cándido Alvariñas, el Maestro de Obras que lo secundó en la ejecución.
 
Quiero hacer constar que el alma de la obra fue el activo Hno. Joaquín María, ya que gracias a él, en el mes de septiembre contaba Camagüey con un amplio centro de educación dotado de los adelantos modernos, donde muchas generaciones se hubieron de formar para luchar por Dios y por la Patria. La inauguración oficial tuvo lugar en el mes de noviembre.
 
He aquí cómo el periódico local “El Camagüeyano” narró dicho acto:
 
“Antier domingo tuvo lugar la inauguración del gran colegio Champagnat de los Hermanos Maristas. Acto que congregó lo más granado de nuestra sociedad. Con gran solemnidad se bendijo el nuevo y bello edificio del Colegio Champagnat. Desde muy temprano, a las 7 de la mañana, comenzaron los actos que con motivo de la inauguración se llevaron a cabo por el Ilmo. Señor Obispo Dr. Enrique Pérez Serantes. Se bendijo el Colegio y acto seguido se llevó a cabo la entronización del Sagrado Corazón de Jesús, develación de la estatua en el patio de honor a los acordes del Himno del colegio Champagnat, bendición de la Estatua y consagración. Momentos después se celebró en el mismo patio de honor, una Misa de Campaña que fue oída con verdadera devoción y reverencia por todos los asistentes.
 
Alrededor de las 8 y media, se procedió a izar la Bandera Nacional a los acordes del Himno, ejecutado por la Banda de Música del Regimiento No. 2 Agramonte bajo la dirección del 2º Teniente Pedro Moyans. La enseña tricolor fue izada por el Teniente Coronel López Jorge, Jefe del Regimiento No. 2 Agramonte, teniendo a su lado a su distinguida esposa Teresa Suárez, y a su ayudante Capitán Ricardo Pérez Barnat.
 
Realizado el acto de izar la Bandera, los alumnos marcharon en correcta formación al campo de deportes, bajo la experta dirección de su instructor Domingo Basante, Sargento del Ejército Constitucional. La concurrencia pudo entonces admirar a los alumnos del Colegio, quienes ejecutaron, con intachable precisión, ejercicios calisténicos hermosísimos, a los acordes de la Banda del Regimiento No. 2 Agramonte.
 
En este acto hizo uso de la palabra el doctor José A. Agüero Ferrín, Director del Instituto de Segunda Enseñanza, quien con palabra elocuente dijo lo que representaba la inauguración de este bello edificio, teniendo frases de encomio para los Hermanos Maristas. Después se llevó a cabo el emocionante acto del Canto y Jura de la Bandera, y acto seguido una exhibición de natación en la espléndida piscina del Colegio.
 
El Edificio es una verdadera joya de arquitectura del Ingeniero Claudio Muns. Muy bien distribuidas las aulas y con perfecta ventilación. Además tiene magníficos campos de sports, en donde se practicarán entre otros deportes, el base ball, balón pie, y baloncesto, que dan oportunidades al alumnado de hacer buena la frase latina : MENTE SANA EN CUERPO SANO”.
 
El curso de 1941-1942 señaló el mayor aumento anual en la matrícula escolar desde la fundación del Colegio. Al finalizar este curso, el Rdo. Hno. Víctor cesó del cargo de Director del Colegio. Su labor al frente del Colegio Champagnat fue extraordinariamente fecunda, la matricula había rebasado el número de 300 y sobre todo gracias a su feliz actuación fue posible la instalación del Colegio en un espléndido local que reunía condiciones inmejorables y cuantos adelantos pueden encontrarse en los más modernos centros de enseñanza.
 
El querido H. Víctor gozaba de grandes simpatías en la ciudad de Camagüey y era sobre todo apreciadísimo por todos los alumnos del Colegio y sus familiares. Por eso, su partida fue hondamente sentida.
 
Le sustituyó en el cargo el Rdo. Hno. Eusebio, quien prosiguió trabajando con celo infatigable y muy eficazmente por cierto, en la continuación y desarrollo de la obra de su digno predecesor el inolvidable Hno. Víctor.
 
Con el favor de Dios y la protección de la Virgen María, Patrona del Colegio, siguió éste su no interrumpida marcha ascendente y esperamos, fiados en la ayuda de tan augustos protectores, seguirá así en los años venideros, para la mayor gloria de Dios, honor de María y provecho de la querida juventud camagüeyana.
 
Colaboración del AA de Camagüey Fermín Piedra, Revista Marista Camagüey, Memorias 1943-1944.

24 de noviembre de 2013

Los inicios del Colegio Teresiano










De cómo comenzó  el Colegio Teresiano de Camagüey, a dos años de que se cumpla el centenario de su apertura.

A partir de la creación de la Orden de las Madres Teresianas (STJ), comenzaron las primeras fundaciones: España, Portugal, África… En el año 1886 pasaron a América, radicándose en Puebla de los Ángeles, México. Allí rápidamente se propagó la  Compañía, hasta que con la revolución mexicana y la toma de posesión de Madero como  presidente en 1910, empezaron las persecuciones religiosas hasta llegar a un punto en que se hizo necesario trasladar las monjas a otros países, entre ellos Cuba, y así, el 19 de noviembre de 1914 arribaron al puerto habanero las primeras exiliadas.

A su llegada solicitaron licencia para instalarse, dando su aprobación el obispo Mejía.  Encontraron una casa, se mudaron allí y comenzaron las gestiones para continuar estableciéndose por toda la Isla.  Ya corría el año 1915 y en el mes de agosto se dirigieron a Camagüey y entregaron su petición al recién designado (25 de mayo de 1914) y primer obispo de la diócesis de Camagüey (10 de diciembre de 1912), Fray Valentín Zubizarreta y Unamunzaga (Carmelita Descalzo), gestiones que culminaron el 14 del mismo mes. Ello les permitió volver a La Habana a buscar a las monjas que allí se encontraban y regresar a Camagüey a recoger el documento oficial autorizando la fundación (8 de septiembre de 1915), firmado por el Obispo, el cual, seguramente preocupado y deseando que progresara la educación, rápidamente dio su anuencia.
Los inicios

Al principio, -¡cómo no!-, estuvieron muy pobres, pero siempre felices y trabajando con todo ahínco en bien de sus niños…

Las madres fundadoras fueron:  La Superiora, madre Elena Hernández (provenía de Mérida, Yucatán) y las madres Adela Telo, Ángela Jardí y Dolores Claramonte, fundadora por segunda vez (3 de febrero de 1904, Zamora, México) y, además, declarada hija adoptiva de Camagüey el 13 de febrero de 1954, pocos meses antes de su muerte.

El curso comenzó el 1 de octubre de 1915 y la primera alumna fue Ena Galán Sariol. Otras fueron: Sacramento Valduesa, Mercedes Martínez, Gloria Martínez, María Guerrero, América Escobar, Mercedes Bové, Estela Agramonte y Virginia Agramonte (estas dos últimas nietas  de Ignacio Agramonte).

“Éramos diez o quince cuando comenzamos en la calle Estrada Palma 32A (hoy 190-192), entre Avellaneda y Domingo Castillo…”, (cito a América Escobar).  Esa casa pertenecía a Cesáreo Medrano y todo parece indicar que las ubicaron allí por unos meses hasta que la casa de Padre Valencia número 7 (hoy 8) estuvo condicionada para mudarse hacia allí, ya que la primera referencia aparece en el Archivo Histórico Provincial, solicitud de modificación de la casa cita en Padre Valencia, número 7, con fecha 19 de abril de 1916 y firmada por Elena Hernández, superiora, la cual pertenecía al obispado y fue adquirida mediante compraventa por el obispo Zubizarreta el 20 de enero de 1916.  (Dirección Municipal de la Vivienda, T-343 F 130V-132-132V, T-495 F  90V, T-508 F 44-44V, Osvaldo Izquierdo Michel, Protocolo notarial T-2 escritura 290,  y Archivo Histórico Provincial, legajo 214, número 11)

Relata Hortensia Estrada González (exalumna), que era muy niña al empezar en el colegio y que había muchas niñas, aunque no varones. Éstos vinieron después, como su hermano Rodolfo  -continúa- …había niñas pudientes y otras que para sufragar sus estudios realizaban labores como servir la mesa, limpiar, etc…  

Ella estudiaba piano en el Conservatorio Rafols y habla con mucho amor de la madre Filomena (Filomena Jordá, cuarto grado), de la madre Justa (Justa García, tercer grado), de la madre Dolores (Dolores Claramonte, bordado y pintura), de la madre Dolores Carcañón (música), y me dijo con mucho entusiasmo… “¡éstas no las tienes!”, la madre Dolores Mejías, la niña linda, muy joven, siempre de carrerita, y la hermana Manuela en la portería.” 

De esta última me habló también América Escobar (exalumna): “… era muy alegre y cocinaba riquísimo, me enseñó a hacer un plato que además servía para adornar la mesa, “nido de pájaros” se llama.”

Tomado del trabajo recopilado en Camagüey por Daisy Lorenzo Martorell (Exalumna teresiana, Licenciada en Química. Laica de la Comunidad de La Merced).
Publicado en la revista “Enfoque”, de la Diócesis de Camagüey, Abril-Junio 1998,  Año XVIII – Nº 62.
La foto de la ilustración corresponde al teatro "El Fénix" en el año 1909. Pertenecía por entonces a la Sociedad Popular de Santa Celicilia. Luego fue vendido a las MM Teresianas y estuvo en uso por el colegio Teresiano hasta 1950, en que se acometió la construcción de nuevas aulas, dormitorios y un espacioso salón de actos.  

27 de agosto de 2013

La Escuela Salesiana de Artes y Oficios


 
La Escuela Salesiana de Artes y Oficios
Dolores Betancourt Agramonte

Por Alexander González Álvarez, Léster E. Alonso Miranda y Kirenia Pérez Justo, Laicos de la Parroquia de la Caridad en Camagüey.
 
Un factor de mucha influencia en la vida social cubana y en particular la camagüeyana, ha sido la presencia en ellas de las órdenes y congregaciones religiosas. Aquí permanecieron algunas durante siglos, se distinguieron por diversas causas, unas resurgieron y otras llegaron luego.
 
Las Congregaciones religiosas salesianas –Salesianos e Don bosco (SDB) y el Instituto de María Auxiliadora (HMA)- fueron de esa que partieron y ya han regresado. En Cuba han llenado un importante lugar de su historia de la enseñanza y ha correspondido a Camagüey, en especial,  el honor de haber sido el primer lugar donde se establecieron.
 
Un colegio y su historia.
 
Luego de las guerras de independencia, Camagüey quedó desvastado completamente. Aumentaban en sus calles la gente sin empleo, los mendigos y los delincuentes. Los niños y niñas de seis y ocho años eran enviados a la calle a hacer dinero para el sustento. Esto hacía posible el desarrollo de la prostitución y que todos estos niños se vieran imposibilitados de recibir educación. Algunos adolescentes aprendían los rudimentos de algún oficio y escasamente subsistían con esto.
 
Dolores Betancourt había conocido la labor de la congregación salesiana en Estados Unidos y Europa, y su éxito en formar, de las clases más pobres, ciudadanos de provecho con una esmerada educación religiosa, cultural y técnica. Una vez más puso su fortuna a este servicio, sensibilizada con estos males. Realizó gestiones durante doce años visitando Turín y entrevistándose con el Rev. Padre Don Miguel Rúa, rector mayor de la congregación, primer sucesor de Don Bosco.
 
El 24 de julio de 1915 logró suscribir un convenio para traer el primer grupo de Salesianos de Don Bosco. En el contrato se comprometía a paga los gastos durante los tres primeros años de estancia en Camagüey, a donar la finca Sifontes, de cuatro caballerías y dos casas edificadas en la misma, donde se construiría en tres años el edificio de un colegio para varones con capacidad para 150 niños en capilla, refectorio y salón de estudio, y al sostenimiento de 30 becados a los que suministraría todo lo necesario para su instalación, las maquinarias para cada taller de escuela y un establo con suficientes animales para la fundación de un instituto y granjas agrícolas.
 
El 9 de mayo de 1919 llegaron a Camagüey los RR PP Felipe de la Cruz y Ranzans y Tomás Pla, además de dos coadjutores, y comenzaron a trabajar con los niños en la catequesis a lo don Bosco y a atender la parroquia mientras se construía el colegio.  Poco después de mayo de 1919 comenzó a funcionar la escuela parroquial en la sacristía, donde inició las clases el P. Tomás con pocos niños.
 
El 14 de febrero Dolores Betancourt había adquirido como vivienda de los capellanes del Santuario de la caridad la casa de Sociedad Patriótica Nº 11, hacia donde se trasladó la escuela parroquial. Se hicieron aulas allí en espera del edificio, cuyos planes originales habían sido modificados. Los que asistían a esta escuela se relacionaban ya con la finca Sifontes que era atendida por los Hnos. Salesianos José María Celaya y el Sr. Juan, los cuales se ocupaban de la vaquería, otros animales y las siembras. 
 
Allí se iba a jugar fútbol. Periódicamente se hacían excursiones a la fincas Potrero Imías o San José de Imías. Se viajaba en carretón de cuatro ruedas y una pareja de caballos enganchados en una barra central. En algunas ocasiones acompañaba estas excursiones el P. Pablo Gonfaus (Paíto), párroco de El Cristo.
 
La repentina muerte de Dolores Betancourt varió el curso de lo esperado. El P. Felipe quedó en su testamento como uno de los herederos representando a la Congregación Salesiana. En la cláusula 20-a se le otorgaba al colegio de niños dos casas de dos plantas, la finca Imías de 85 caballerías y 200,000 dólares en bonos.
 
Se inicia en 1922 por Francisco Agramonte y Ávila, primo de Dolores Betancourt y nombrado por ella albacea administrador, tenedor de bienes y partidor ejecutor testamentario, la construcción en la quinta Sifontes del Colegio de Artes y Oficios. Fallecido Francisco y, a causa de querellas judiciales, el ciclón del1932 arrasó con casi todo lo emprendido. Concluidos los pleitos, el P. Felipe reinició la construcción. A fines de 1938 estaba muy adelantado y sólo faltaban detalles, y se pidió a Italia el personal técnico y docente necesario.
 
La Cámara Municipal de Camagüey con fecha 6 de junio de 1939 acordó conferir el título de Hijo Adoptivo de Camagüey al P. Felipe de la cruz, quien falleció en La habana el 16 de marzo de 1959.
 
El Archivo de los Salesianos se perdió. Lo que se pudo salvar fue por la mano de Dios. El 12 de febrero de 1947 se acordó dar el nombre del Rvdo. P. Felipe de la Cruz a la nueva avenida que une la Carretera Central con la entrada del Colegio Artes y Oficios (proyectada y construida por él).
 
Los primeros 33 becados que tuvo el plantel fueron admitidos el 1 de febrero de 1939, según acta 33 del 27 de julio de 1939. Las becas eran en todos los casos en beneficio de los niños pobres: un 50% para huérfanos totales, un 25% para huérfanos parciales y otro 25% para niños cuyos progenitores estaban incapacitados de sostener económicamente ni educar a sus hijos.
 
Las becas llegaron siempre a sobrepasar las 30, como quería la benefactora. En 1955 se otorgaron 50 al mejorar las condiciones financieras de la Fundación. El año anterior el plantel había llegado a una matrícula de 340 alumnos, la mitad de ellos internos incluyendo a los becados.
 
Terminada la enseñanza elemental, se podía optar por carpintería, sastrería, mecánica, imprenta y zapatería. La semana de estudios constaba de 30 horas, 25 de práctica, dos de tecnología y tres de dibujo profesional. También se contemplaba en los planes de estudio la carrera comercial con mecanografía, taquigrafía, secretariado, contabilidad y asignaturas afines y eran obligatorias las clases de música, educación moral, religiosas y la práctica de deportes.
 
Gracias a este colegio, durante sus algo más de 20 años de funcionamiento, cientos de jóvenes camagüeyanos pudieron hacerse técnicos altamente calificados en distintos oficios y convertirse en hombres de provecho para su familia y la sociedad.
 
En 1956 se efectuó la primera graduación oficial del colegio. El edificio se pintó y engalanó y se adquirieron nuevas maquinarias para talleres y ómnibus para los alumnos.
 
El edificio se encuentra ubicado en una parcela al final de la calle Padre Felipe, limitado al norte con a calle Dolores Betancourt, antigua Glorieta; al oeste limita con María del Rosario. El nombre de las dos primeras calles está involucrado con la historia del edificio, como ya se ha planteado en el desarrollo del trabajo. El edificio se amplía en áreas del período de crecimiento urbanístico de la ciudad de 1900 en adelante, por lo que es uno de los edificios más viejos, aunque de los menos conservados. Su situación con respecto a la iglesia de la Caridad es relativamente cercana.
 
Se atribuye el haberle hecho frente a la construcción de este colegio al maestro de obras catalán; Jaime Croagnas. El antiguo Colegio de artes y Oficios puede situarse dentro del estilo arquitectónico denominado ecléctico (mezcla de estilos precedentes); debido a las grandes influencias recibidas de otro de los grandes estilos arquitectónicos –el gótico- en la vida religiosa de las personas y hasta en su propia ideología, no era concebido en Cuba, en este período, la construcción de cualquier edificio religioso sin reminiscencia de aquel movimiento que había significado la exaltación del alma hacia las alturas y la iluminación de la fe.
 
A pesar de la excelsa labor de los PP Salesianos en su tiempo para el mantenimiento del edificio, causa mucha pena tener que decir hoy que éste se encuentra en precarias condiciones y realmente necesitado de una restauración en lugar de una reparación. Salones, dormitorios y aulas han padecido transformaciones para aumentar la capacidad de matrícula del centro. Muchos de los cristales y marcos de sus ventanas quisieran estar hoy de nuevo en el lugar de siempre. Las cañerías y tuberías tupidas han provocado filtraciones.  Debido a esto también se ha perdido en muchos lugares el repello.
 
Nada queda de las esculturas que ornaron sus columnas y rincones. El busto de Martí fue colocado en el pedestal que soportaba el de Dolores Betancourt, del cual no se conoce el paradero. Los campos deportivos ya no existen como tal y lo que más duele decir es que el terreno está actualmente desocupado y no cumple con su función original, que mucho bien haría a la ciudad como equipamiento urbano necesario y en déficit.
 
A través de estos ejemplos, debemos lamentar la situación de descuido que presenta el plantel, que seguro saca lágrimas de los ojos de algunos ex alumnos cuando quizás por casualidad rondan por sus alrededores.
 
Aunque seguro ellos lo sienten con mayor intensidad, no se necesita en realidad ser un ex alumno, basta con ser un arquitecto, o un estudiante, a alguien que ame su ciudad y su historia, para darse cuenta de la pronta ayuda que pide a gritos el antiguo colegio.

Editado de la revista  “Enfoque” de la Arquidiócesis de Camagüey, Octubre-Diciembre 2001, Año XX1, Nº 76.

3 de julio de 2013

Las Hermanas Salesianas en Camagüey


Antiguo Colegio de las Hnas Salesianas de Luaces
Las Hermanas Salesianas en Camagüey

Joaquín Estrada Montalván
Gaspar, El Lugareño

Mi madre estudió en las Salesianas, me hablaba de manera frecuente y elogiosa de estas Hermanas y de la buena educación que en su colegio recibió. Con este post recuerdo rindo homenaje a mi mamá, quien falleció demasiado joven y a las monjas (de todas las congregaciones) quienes brindan su amor maternal a tantos en este mundo.

Las Hermanas Salesianas son un Instituto de Vida Consagrada fundado por San Juan Bosco bajo la advocación de María Auxiliadora, y por Santa María Dominga Mazzarello, en Mornés, Italia en 1872, dedicado fundamentalmente a la educación. El Instituto, comenzó a funcionar con 15 religiosas consagradas. En la actualidad son más de 15 000 Hermanas Salesianas distribuidas alrededor del mundo en 82 provincias religiosas y presentes en 92 naciones.

Llegaron a Cuba en agosto de 1922 y fundaron en Camagüey el Colegio Dolores Betancourt, el primero de las Antillas. Inauguraron en el año 1936 el nuevo edificio. Tenía los niveles desde el Kinder hasta el octavo grado.

Se expanden hacia Nuevitas en 1926, donde fundaron el colegio María Auxiliadora. Su benefactora fue la Srta. Herminia Rodríguez. Comprendía los niveles desde el Kinder hasta el octavo grado.

En 1935 comenzó a funcionar en el barrio de La Vigía, de la ciudad de Camagüey, la Academia María Auxiliadora. En 1936 fundan el Santa María Mazzarello de las Hermanas Salesianas en el antiguo convento y colegio de las Madres Ursulinas que se marcharon de la diócesis en el año 1932 (ubicado a un costado de la Iglesia de la Virgen del Carmen). Este colegio comenzó con escuela diurna de primaria, un seminternado, un oratorio festivo y seis catequesis en las Parroquias del Cristo y de Santa Ana. Después se extendió hasta el nivel intermedio. Luego adicionó el Pensionado para los jóvenes del interior de la provincia que deseaban continuar estudios superiores en la ciudad.

En el mismo año 1936 fundaron el Colegio María Auxiliadora en Guáimaro. Además, las Hermanas Salesianas crearon en este pueblo el Instituto Musical María Auxiliadora que estaba autorizado a expedir títulos de música

Pero llegó el 1959, y luego el 1961 con el fatídico día 6 de junio en que se promulga la Ley de Nacionalización de la Enseñanza y se suprime también, por lo tanto, la educación católica en toda la Isla.

En 1982 regresan las Hermanas Salesianas a la diócesis de Camagüey, establecieron su casa en la Calle San Pablo y se dedican principalmente a colaborar en la pastoral de la catequesis.

Mi admiración y respeto a las Hermanas Salesianas y a las religiosas de todas las congregaciones, en especial a las que brindan su servicio en Camagüey y en toda Cuba. Llegue a todas ellas, en este Día de las Madres, mi felicitación y agradecimiento por todo el bien que hacen .

Joaquín Estrada Montalván
Foto y Texto:
http://www.ellugareno.com
domingo 9 de mayo, Día de las Madres

24 de junio de 2013

La Obra Social Teresiana en Saratoga


La Obra Social Teresiana
en el Reparto Saratoga
 
En el año 1950, el reparto Saratoga de Camagüey ya había crecido aceleradamente. Los niños recibían clases en dos casas de familia y se contaba con una sola escuela primaria, la Nº 27 José Maceo. No existía tampoco un centro médico asistencial cercano.

A  finales de 1951, los vecinos y un grupo de fieles de la ciudad, solicitaron la ayuda al señor Gustavo Pellón, alto funcionario de los Ferrocarriles Consolidados de Cuba, para la construcción de un colegio gratuito, y éste, receptivo, donó un solar de su propiedad en la hoy calle principal de la barriada, la Avenida Quiñones.

El colegio sería atendido por las religiosas de la Compañía de Santa Teresa (Teresianas) y se pondría bajo la protección del Sagrado Corazón de Jesús. Enseguida se conformó un Comité Pro-Escuela gratuita que comenzó a trabajar sin descanso hasta convertir en realidad aquel sueño de todos.

En enero de 1952, el arquitecto Enrique Pérez Pérez, sin recibir salario alguno, comenzaba a laborar el proyecto y los planos, ofreciéndose, además, a dirigir la obra. Entre tanto, el Comité Gestor lanzaba la consigna de recibir donativos de toda la población para esta obra social. Y en la mañana del 25 de febrero de ese año 1952, en una sencilla ceremonia, se colocaba la primera piedra, que fue benecida por Mons. Carlos Ríu Anglés, Obispo de Camagüey.

En pocas semanas se fundieron los cimientos y el sueño iba tomando forma real. Se realizaron colectas llamadas "Día del Ladrillo", con resultados inesperados. Las Madres Teresianas (y la familia teresiana en su totalidad, alumnas, antiguas alumnas y religiosas), hombres, mujeres y vecindario pusieron por entero su esfuerzo y corazón en el seguimiento de esta obra. 

Varias iniciativas locales ayudaron a sufragar los gastos de la construcción. Cito, entre ellas, las funciones de teatro y tandas de películas en los cines de la ciudad que brindó el Dr. Luis Martínez, ilustre profesor del Instituto de Segunda Enseñanza y Director del Seminario de Artes Dramáticas de Camagüey que, entre otras funciones, presentó en el Teatro Principal el drama "Munio Alfonso", de la excelsa escritora camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda,  interpretado brillantemente por los miembros del Seminario de Artes Dramáticas, entre ellos y en el papel principal, Elsa Viamontes de Haddad. 

Fue igualmente amplia la cooperación de la prensa local, escrita y radiofónica, en particular el impulso ofrecido desde su programa   noticioso por el periodísta y locutor Juan B. Castrillón, popularmente conocido como "don Pancho" 

 
 La Asociación de Antiguas Alumnas Teresianas donó los uniformes para los alumnos con la cooperación de las Damas Isabelinas de la ciudad.  
 
El 16 de febrero de 1953 se abrió la matrícula para el primer curso de la escuela. Dos Madres Teresianas impartirían las clases a más de 80 niños y niñas, clases que se iniciaron el lunes primero de septiembre de 1953. Las mismas eran de lunes a sábado durante el día. En la noche, un grupo notable de alumnos adultos recibían clases de mecanografía, taquigrafía, instrucción general (alfabetización), corte y costura e inglés.

En diciembre de 1954, la escuela contaba ya con una matrícula de 163 alumnos de ambos sexos, matrícula que, en poco tiempo, llegaría a ser de más de 400 alumnos y con cursos desde pre-escolar hasta octavo grado. Diariamente se les daba desayuno y merienda gratuitos a los alumnos de preescolar y primer grado. 

Ya desde mediados del año anterior se habían construido nuevos locales, entre ellos lo que sería el Dispensario Médico, que enseguida comenzó a prestar servicios gratuitos a la población. Para la habilitación de dicho dispensario, personas anónimas donaron la compra de un gabinete dental completo de la selecta marca Ritter, que contaba con rayos X y otros adelantos de la época, valorado en cinco mil dólares. Igualmente este Dispensario Médico tenía una farmacia que distribuia medicinas gratuitas entre la población de la barriada.

Tambien en 1954 se comenzó a construir la capilla anexa a la escuela. El arquitecto Enrique Pérez Pérez aceptó la responsabilidad de diseñar el proyecto de la misma, que incluyó el alto campanario en forma de minarete. La capilla tendría un gran salón de un solo cuerpo techado con una estructura de acero de una sola pieza fundida en hormigón de alta resistencia al clima tropical, la fuerza del viento y la lluvia, proyecto que constiuyó un verdadero alarde en la técnica constructiva de la época. 

La realización corrió a cargo de la empresa habanera Celestino Juaristi y Compañía, que construyó la estructura de acero y la trasladó desde La Habana para luego instalarla con su personal especialziado y aceptar como pago solamente 4,380 pesos, pagaderos en diversos plazos.

 
El milagro se había producido. Esa capilla se abría cada mañana al público, de lunes a sábado, para la Misa de 7, y los domingos a las 9, hasta el año 1961 en que, al ser nacionalziada la enseñanza, las autoridades la cerraron junto con la escuela, que pasó a manos estatales.

El reparto Saratoga perdía así a su iglesia, convertida ahora en un comedor escolar. Por su parte, la escuela pasó a ser, primeramente, una escuela militar de telecomunicaciones, luego un internado de educación especial y otras diversas escuelas hasta llegar al día de hoy en que es un instituto tecnológico. 
Editado de "Memorias del Colegio Dispensario de Saratoga", por el Lic. Regino Avilés Marín, Boletín Diocesano de Camagüey, Nº 74

Comentarios:

  1. Cuantos recuerdos lindos, gracias mil por traerlos de nuevo a mi memoria...para todas las alumnas del Colegio Teresiano, el Dia del Ladrillo era un dia de "amarrarse bien el cinturon y a trabajar duro recogiendo donaciones" no lo olvido...pero despues llego' la "robolucion" y a esa bella obra...se la llevo' el viento. Gracias mi amiga por traernos tan lindos recuerdos a la memoria. Abrazos Teresianos.
  2.  
  3. Un gran documento historico, gracias Lolita por traerlo a La Gaceta.
    Maggie Guaty- CJaronu
  4.  
  5. Saratoga me trajo muy buenos recuerdos.
    Allí estuvimos por un año al terminar el Bachillerato, porque aún no teníamos definido
    qué íbamos a estudiar despuès, Colaboramos con las madres y fue un año de verdadera labor social.
    Rosa María Suarez
  6.  
  7. Anónimo
    Gratos recuerdos guardo del Colegio de Saratoga.
    Cuántas veces fuimos a Saratoga, cuántas veces recogimos dinero para la escuela.
    Un abrazo. Aurora García del Busto

  Anónimo  6/04/2012

Con mucha emocion lei los articulos sobre el colegio de mi infancia,el colegio teresiano y mas aun cuando lei el nombre de mi padre que fue el arquitecto de la congregacion teresiana y el arquitecto del colegio saratoga con su capilla,mi papa,el arquitecto enrique perez perez,creo que Dios soldo la deuda con las madres teresianas porque en sus ultimos momentos de vida fue una madre teresiana que lo acompano y que estaba de pasada por camaguey. Murio ese gran hombre lleno de bondad y modestia el 4 de noviembre de 1991, en los momentos en que yo estaba en el aeropuerto de regreso a canada,dejandolo en los brazos de esa madre teresiana,su hija Dulce Maria Perez
 
Estimada Dulce María: emoción he sentido también al recibir su comentario. Alienta el saber que este empeño de recopilar y rescatar de revistas viejas figuras como la de su señor padre, a mas de servir de reconocimiento toque tan de cerca a quien, como usted, guarda de él un entrañable recuerdo de amor filial. De su hermosa labor ha de sentirse muy orgullosa, al igual que nos sentimos todas de haber podido ser formadas en nuestro colegio de la calle Popular.
¡Un abrazo teresiano!

 
Anónimo3/24/2013
MI SOBRINA MILDRED ME HA ENVIADO EL ARTICULO NUEVAMENTE QUE YO POR PURA CASUALIDAD HABIA DESCUBIERTO EL ANO PASADO EN UNA NOCHE DE NOSTALGIA, DONDE SIN SABER, HICE EL NOMBRE DEL COLEGIO TERESIANO EN EL FB,Y ALLI COMO POR PURO MILAGRO SALIO MI COLEGIO Y LA HISTORIA DEL COLEGIO SARATOGA...IMAGINENSE MI SORPRESA CUANDO VI EL NOMBRE DE MI PAPA,QUE YO SABIA QUE HABIA HECHO ESA OBRA PERO JAMAS PENSÉ QUE ALGUIEN ESTABA AL CORRIENTE,AHORA VOY A IMPRIMIR EL ARTICULO PARA QUE MI HIJA TENGA ESA HERENCIA DE SU ABUELO QUE ELLA AUN RECUERDA CON CARINO, GRACIAS A LOS VIAJES QUE ÉL PUDO REALIZAR A CANADA PARA VERNOS,PASANDO LA PRIMERA VEZ POR ESPANA Y ASI RECORRER TODOS LOS LUGARES DE SU NINEZ,MIL GRACIAS,SU HIJA,DULCE MARIA PEREZ.

23 de junio de 2013

El Colegio San Agustín de Camagüey


El Colegio San Agustín de Camagüey


Ana Dolores García

Hojeo en el recuerdo los Libros de Lectura seria que tuve en mi primaria. Uno se llamaba «Lecturas Escogidas» -el nombre del autor aparece borrado en mi memoria- y era materia de estudio cuando ya andábamos por el sexto grado. Lleno de páginas excepcionales de la literatura, fue mi primer contacto con el buen escribir. Porque el otro, de aforismos y frases célebres, también de magnífico contenido, fue cosa diferente. Escrito en letras cursivas, distintas en cada página y su texto orlado por arabescos, nos servía, además de lectura, de ejercicio de escritura, porque debíamos copiar cada una de esas páginas en nuestras libretas de dibujo imitando arabescos y letras.

Releo sus páginas que se han amarilleado en el recuerdo, pero tampoco logro revivir el nombre de su autor. Era el objeto de una asignatura muy importante que se llamaba caligrafía, creo que hoy en desuso. Caligrafía que también practicábamos llenando cuadernos con ejercicios de letra cursiva inglesa o gótica, rasgos gruesos y finos, obtenidos solamente con aquellas plumas que no eran de plumas, puntos de distinto grosor y tinta china y fresca que nos manchaba los dedos: las Esterbrook no servían para eso.

No sé si viene al caso evocar estos recuerdos ni si a alguien le interesan, pero me siento en la necesidad de refrescarlos y de verme de nuevo en aquel colegio donde cursé hasta el 8º grado. Con pupitres de madera curtidos ya por el tiempo y el uso y llenos de cicatrices. Una tapa que se abría para que guardáramos en su interior libros y libretas, una hondonada larga para retener el lápiz y otra, redonda, para colocar el tintero.

Los del mismo curso éramos un grupo pequeño, apenas doce o trece: Marlene, Berta, Gladys, Célida… y Elva, Yolanda y Teresita, que ya faltan. Ciso, Nicolás, Ángel, los dos Orlando, Roberto, Cardoso…

«Las Monreal», -como era popularmente conocido-, o «San Agustín», -su nombre oficial-, era un colegio laico dirigido por las hermanas Monreal Valdivieso: Amanda, Victoria, Evangelina (del primer grupo de graduadas de la Normal de Maestros de Camagüey), y Sylvia, todas de sólidos principios cristianos y consagradas a la enseñanza, al igual que su padre, don Narciso Monreal, figura que destacó mucho en la organización y buen desarrollo de las escuelas de Camagüey. De don Narciso se cuenta que había sido testigo de excepción cuando en el cementerio de Camagüey los soldados del Rey quemaron el cuerpo de Agramonte.

Margarita, también reconocida pedagoga, fue la primera Directora de la Escuela Normal de Kindergarten de nuestra ciudad. Al único hermano, médico, Pedro, no recuerdo haberlo conocido.

En el año 1942 el Colegio San Agustín celebró sus cincuenta años con una velada artística en el Teatro Guerrero. A las más pequeñas nos vistieron de «estrellitas» y actuamos en un «cuadro» del que ya no tengo ni la más remota idea.

Era un colegio con historia y prestigio que ocupaba una señorial casona en la calle Avellaneda, en su primera cuadra, donde hoy vive la familia Barreto: Avellaneda 3. Poseía una amplia galería que daba al patio central, con sus puertas rematadas por medias ruedas de cristales de colores, tan cubanas, a la manera de las que pintaba Amelia Peláez. Recuerdo bien el filtro del agua con la que aplacábamos la sed, y el teléfono de pared, -caja de madera, auricular con forma de casi cuerno, y colocado a suficiente altura para que no pudiera ser alcanzado por los pequeños-, en la oficina de Amanda, la Directora.

Y a Bertha la jamaiquina, que siempre llegaba a la hora del recreo para vendernos sus pick´nines, una especie de muffins o magdalenas, a las que ella llamaba de esa extraña manera. Y también recuerdo a Juanita, la viuda de Pedro, siempre jovial y presente, dando una mano a sus cuñadas. Y a Mr. Guaty, asiduo visitante de la familia. La clase de 6º, 7º y 8º grados se encontraba en la entrada principal de la casa, junto a la tradicional «saleta» donde recibían a las visitas.

Al igual que era proverbial la rivalidad aparente entre alumnos de Escolapios y Maristas, o de Teresianas y Salesianas, también lo era la que existía entre nuestro colegio y el de otras muy populares hermanas: el colegio de las Larrauri, cuyo nombre oficial era «El Porvenir». En aquellos tiempos aún no existían colegios que se hicieron populares después: Zayas, Orbea, Cisneros… Esa rivalidad entre nuestros dos colegios era notable en las competencias de baloncesto, pues ambos contaban con buenos equipos femeninos que siempre se disputaban el primer lugar. Teníamos un magnífico entrenador, Ángel Calvo. Por entonces, mis compañeros y yo nos contentábamos con alentar a las mayores desde las gradas del Deportivo en la Ave. de Los Mártires, y a asistir a las prácticas en el Campo Garay de la calle Pobres/Padre Olallo.

Otros profesores que recuerdo con afecto son Margarita del Pino, profesora de 2º y 3er. grado. Con ella empecé en el colegio. Terina Díaz, que nos enseñó en el 4º grado; Esteban Pino Calvo, que enseñaba casi todas las materias de los cursos superiores; Mr. White, un señor jamaiquino no muy blanco, magnífico profesor de inglés; la Sra. Alberich, que trató de enseñarme a tejer, y Graciela Martínez de la Cruz que, antes de hacerse monja de clausura en un convento santiaguero, semanalmente nos daba clases de religión. Han pasado muchos años. Conservo sus imágenes en mi memoria y guardo para todos un gran afecto, como a una querida profesora que tuvimos en 5º grado y que, muy a mi pesar, no puedo recordar su nombre. También recibimos clases de Amanda y Sylvia Monreal. Sylvia era muy buena y condescendiente, Amanda, como Directora, era más recia y estricta.

En “las Monreal”, al igual que no había podido entrar «Palmer» con su escritura uniforme, tampoco hubo lugar para los exámenes de «test». Estas pruebas había que «sudarlas» elaborando temas, algo que mucho me sirvió en el futuro. Gran parte de las materias de estudio eran dictadas o copiadas en la pizarra, y las libretas fueron así una ampliación del texto de los libros.

Son muchos y buenos, algunos tristes, los recuerdos que me quedan de aquellos tiempos, como cuando intercambiábamos tareas con los muchachos: ellos me copiaban las lecciones de la pizarra y yo les hacía las planas de caligrafía o los dibujos. Algunos recuerdos son más imborrables que otros. En 4º ó 5º grado, no estoy segura, cuando ocupábamos las clases del 2º piso, pudimos ver una avioneta que chocaba con una de las torres de la Iglesia del Sagrado Corazón y caía sobre el techo de los Escolapios. Todavía no estaba construido el edificio de dos plantas que hoy ocupa la esquina de Avellaneda y la Plaza de San Francisco o Parque Martí. No hubo más clases aquella tarde, o por lo menos no prestamos atención a ellas si las hubo.

Son muy difíciles de olvidar también los días de angustia y pesar que vivimos durante la agonía y muerte de Sylvia Monreal, por entonces nuestra maestra en aquel 6º grado.

Amanda, Evangelina y Victoria fueron haciéndose mayores y el colegio decayó. Lo vendieron, y al cabo hubo que cerrarlo. La saga de la familia la prosiguieron los hijos de Pedro, el médico. Muchos años después, uno de sus hijos, el más pequeño, Lorenzo, se casó con una hija de Alicia Alonso y desertó en una gira por Europa. El mayor de los hermanos, Pedro, es un economista muy renombrado en La Habana, y José Ricardo se hizo médico como su padre. De Narciso, -«Ciso»-, mi compañero de aula, no he vuelto a saber nunca.

Sólo ha sido un pequeño desahogo el recordar estos tiempos de mi particular prehistoria. Y un íntimo homenaje a Sylvia, Amanda y los maestros que comenzaron a moldearme.

Ana Dolores García, 2005
Foto: Google


COMENTARIOS
    Anónimo11/19/2009
    Colegio San Agustin.Siempre oi mencionar a este colegio , porque sus profesores eran muy buenos. Uno de mis primos paso por este colegio. Yo fui al kinder al colegio El Porvenir de Las hermanas Larrauri.,luego pase a Las Teresianas.
    Lolita, estos recuerdos nunca se olvidan ,lo que mas recuerdo fue mi primera maestra Maruqita de la Torre.Un fuerte abrazo de Carmen Felipe

  1. Anónimo11/19/2009
    Querida Lolita. Siempre oi mencionar al Colegio San Agustin de las hermanas Monreal. Uno de mis primos estuvo con ellas. Yo fui al kindergarten al Colegio El Porvenir , en esa epoca en la mayoria de los colegios te daban clases de Caligrafia para mejorar la letra. Esta muy bonito lo escrito sobre este colegio . Un abrazo de Carmen R. Felipe
  2. Anónimo3/17/2011
    Hola:
    Muy bonito lo que describes en tu articulo y de paso me he enterado de muchos detalles que desconocia de mi familia. Ahí solo queda por corregir que Lorenzo era tio de Pedro Manuel Monreal el economista, y su hermano cuyo nombre es Ricardo Jesus que es tambien al igual que su padre y su abuelo Ortopedico. Ciso murio hace ya bastantes anhos. Muchas gracias por tu articulo.
  3. Muchas gracias "anónimo" Monreal por tu comentario. De veras sentí necesidad de escribir esos párrafos en recuerdo de aquel colegio que tanto representó en mi niñez. Discúlpame los errores al referirme a los seguidores de la familia. En realidad no supe más de ellos y eso facilitó la confusión con los nombres que se repetían tradicionalmente. Dices que Lorenzo "era", por lo cual asumo que también ha fallecido. Recuerdo mucho a Ciso, siempre esmerado en hacer un plano de la ciudad de Camagüey. Le encantaba el dibujo. Muchas gracias por escribirme. Un saludo afectuoso, porque tengo muy buen recuerdo de mis maestras Silvia y Amanda, y de Ciso, José Ricardo y Lorenzo. Pedro era mayor y no coincidimos.
  4. Anónimo12/12/2011

    El que escribe es Ricardo Monreal Jr., hijo de Pedro Monreal Acosta.
    Me agrada y enorgullece los comentarios acerca de mi familia paterna.
    Soy medico cirujano y especialista en Ortopedia y Traumatologia al igual que mi padre y mi abuelo Perico. Resido actualmente en la ciudad de Miami y deseo mantener un intercambio con personas que hayan conocido a la famila Monreal de Camaguey
  5. Saludos, Ricardo. Me alegro te hayan agradado mis comentarios sobre la familia Monreal. Les debo mucho a sus enseñanzas, y los años que pasé en esa escuela los recuerdo con mucho cariño. Puedes sentirte muy orgulloso de ella.
    Espero te contesten algunos lectores que también hayan estudiado con "las Monreal" y puedan hablarte de ellas. Tengo una foto de cuando mi curso completó el 8º grado en la cual aparece Ciso. Te la puedo enviar si te interesa. Escríbeme a 4kmauei@gmail.com. Espero encontrar otra foto que apareció en una vieja revista que hace años editaban en Miami, donde está Margarita Monreal con estudiantes de la Escuela Normal de Kindergarten de Camagüey, de la que ella fue fundadora.
    Cordialmente,
    Ana Dolores García