17 de enero de 2021

CARLOTA VIDAUD RODILES

 


Carlota Vidaud Rodiles

 

 En la noche del 15 de enero de este año 2021, ha fallecido Carlota Vidaud Rodiles a los 97 años de edad (el próximo 4 de marzo cumpliría noventa y ocho años),en el Asilo Monseñor Adolfo. La Santa Misa en celebración de su vida tuvo lugar al día siguiente de su paso a la Gloria del Señor en el Santuario de la Caridad de la ciudad de Camagüey, su comunidad parroquial.  Su cuerpo fue inhumado en el Panteón de la Arquidiócesis.

 Esta Gaceta de Puerto Príncipe no puede ser ajena ni dejar de rendir homenaje a quien, como seglar comprometida con la Iglesia y con Cristo,   permaneció incansable en la labor apostólica durante los tiempos difíciles de las últimas cinco décadas del pasado siglo y, aun mas, en las iniciales del presente, mientras tuvo fuerzas para ello. La historia de la Iglesia Católica en Camagüey no se puede contar sin mencionar muchas vece su nombre.

 Por ello, a modo personal con el mayor cariño y respeto y, particularmente para expresar el agradecimiento que todos le debemos por su entrega y el gran ejemplo que nos ha dejado, reproduzco un artículo sobre ella del Lic. Pablo Miguel Marrero,  publicado hace años en el Boletín Diocesano. (adg)


 

Carlota, mi catequista

 Lic. Pablo Miguel Marrero Álvarez

 “Éste es el mismo discípulo

que da testimonio de estas cosas,

 y que las ha escrito.

 Y sabemos que dice la verdad”

(Jn. 21, 24)

Pertenezco a la parroquia de Nuestra Señora de La Caridad y aunque cambié la dirección hacia el centro del mundo hace unos años, aún guardo un profundo afecto por la diócesis que me vio crecer y un cariño especial por la parroquia en donde nací y crecí como persona y como cristiano. Por eso cuando mi padre me dijo que en esta revista diocesana habían dedicado una sección a los laicos, no me quedó más remedio que atender la petición de mi viejo para compartir con ustedes mi experiencia de vida al lado de una de esas personas que en los momentos más difíciles para la Iglesia estuvo siempre presente.

 En mi infancia conocí en la parroquia a una señora de cabello gris, piel blanca y ojos claros que transparentaban lo que decía, enseñaba y vivía.

 Esta señora de dulce carácter, pero de energía inagotable pasaba cada sábado, lloviera, tronara o relampagueara por mi casa para llevarme a la catequesis, y yo no era el único a quien ella recogía de camino a la iglesia. Otra cosa que de niño también me causaba asombro sobre ella es que casi todo el mundo en las demás comunidades de la ciudad también la conocían, tal pareciera que ella pertenecía a todas las parroquias. Cuando crecí, entendí por qué todo el mundo sabía quién era Carlota Vidaud Rodiles. Y es que Carlota, aunque es natural de la ciudad de Guantánamo, fijó su residencia en la ciudad de Camagüey en el año 1946, y desde entonces se fue ganando el respeto de todos los sacerdotes y laicos que la conocieron a fuerza de su entrega al trabajo pastoral de la parroquia de la Caridad y de la diócesis.

 A su llegada a Camagüey se incorporó como catequista de la comunidad parroquial de la Caridad, apostolado que mantuvo por espacio de 70 años. También se integró al grupo “Madre Mazzarello” de la Juventud de Acción Católica (JAC), rama femenina de esta parroquia. En 1950 formaba parte del grupo diocesano de la JAC, donde resultó electa, primeramente como secretaria y más tarde como presidenta.

 En la década de los sesenta, cuando fue disuelta la Juventud de Acción Católica Cubana, pasa a colaborar en el consejo de redacción de la revista Documentación, primera publicación diocesana de Camagüey después de 1961, que para su impresión solamente contaba con un viejo mimeógrafo manual. Ya en los 80 reinició su trabajo en el Secretariado Diocesano de Liturgia del cual pasa a ser miembro fundador y, donde por encargo del Siervo de Dios Monseñor Adolfo Rodríguez, se ocupó de la distribución semanal de la hoja de Animación Litúrgica.

 Aparte de su casa particular, donde se le veía muy poco hace unos años atrás, también tenía su residencia durante el día en la Casa Diocesana de La Merced. Allí prestó por muchos años el servicio como guía de los turistas que visitaban las catacumbas. Trabajo que se le daba con mucha facilidad gracias a su dominio de la lengua francesa, de la cual era profesora en las noches en la escuela de idiomas Mijail Lomonosov, de la ciudad de Camagüey. Vale la pena resaltar su honradez con la ayuda que recibía de los turistas puesto que “nunca tomó nada para ella a pesar de sus austeras condiciones de vida. Estas “ayudas” siempre las entregó al sacerdote de la Merced por lo que varias veces escuché de ellos palabras de agradecimiento para la incomparable Carlota”. Así contaba mi padre cuando en conversaciones familiares salía a relucir el tema. También fui testigo que las ayudas que ella recibía de los turistas que no eran económicas, muchas veces las entregaba a la catequesis de la parroquia de La Caridad para que las rifaran o se las dieran a los niños que las necesitaban.

 De Carlota se pudieran contar muchas anécdotas, pero hay dos que no quisiera dejar de compartirlas, ya que en ellas se reflejan su amor por los niños y su vocación de catequista, engendrado por el amor a Jesús resucitado. La primera fue allá por los 80 cuando estrenaron en los cines la película de dibujos animados titulada “Yaltus”. Quiero aclarar que era muy habitual que Carlota nos llevara al grupo de la catequesis al cine los domingos al medio día. Esa vez recuerdo que salimos para el cine alrededor de las dos de la tarde, y como la película estaba “muy buena” yo le insistía a Carlota cada vez que terminaba una tanda para quedarnos a ver la otra película. En resumen, estuvimos en el cine hasta que se terminó la última tanda a las diez de la noche. No recuerdo que ninguno de mis compañeros de grupo se quejara por ver tantas veces la misma película, parece que a ellos también les gusto tanto como a mí. Al llegar de regreso a la casa y ante la gran preocupación de mis padres por la hora de la noche que era, ellos le preguntaron qué había pasado, recuerdo que esta santa mujer les contestó con una sonrisa en su rostro: «es que le gustó mucho la película y quiso ver todas las tandas ¿cuándo a ustedes les gusta algo no lo ven varias veces?». La verdad no sé cómo hizo para justificarse ante los padres de los demás, supongo que todos confiaban tanto en ella como los míos.

 La otra anécdota fue ya en sus últimos años como catequista mientras explicaba apasionadamente, como siempre lo hacía, un pedazo del evangelio. Uno de sus niños del grupo de la catequesis al escucharla hablar con tanta propiedad y como quien habla por haber vivido en primera persona lo que contaba, admirado y con gran intriga le preguntó: «¿Usted es del tiempo de Jesús?».  Quizás en ese momento la pregunta de aquel niño le sonó a chiste a más de uno, pero para ese pequeño no lo fue. Hoy, que me gano la vida trabajando con niños como aquel que preguntó, puedo afirmar que su pregunta fue muy en serio, ya que la imaginación de un niño no tiene límite. Obviamente, la pregunta vino en parte por la falta de sabiduría propia de la edad, mas no con la intención de faltar al respeto a su catequista.

 Muchas veces hablamos de fe y discipulado y nos parece algo muy abstracto e imposible de vivir, pero ¿qué más necesitamos ver? ¿Cuántos testimonios necesitamos comprobar? bueno… aquí hay uno más, que dice mucho de las vivencias de fe de una persona, de su forma de vivir la vida en Cristo y de actualizar el mensaje de Jesús en nuestros tiempos.

 ¡Qué bendición para esta diócesis ha sido el regalo que Dios nos hizo en Carlota!¡Qué gracia para la parroquia de la Caridad es tenerla! ¡Qué satisfacción tan grande para mí, fue haber sido su alumno en el catecismo!

¡Qué hermoso testimonio de vida!

 Gracias, Carlotica, por todo lo que eres y has hecho por tus hermanos, especialmente por los niños de la catequesis.

 

Texto publicado originalmenteen el Boletín Diocesano de Camagüey, 

julio-agosto 2018.

Reproducio del Blog “Gaspar, el Lugareño”

 

 

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Preguntas del Boletín Diocesano a Carlota

 

(Carlota, ahora con 94 años vividos, nunca ha buscado el protagonismo. Por eso nos costó trabajo que quisiera responder estas preguntas y se dejara tomar una foto)

 Boletín Diocesano: ¿Cuál es la virtud que más aprecia y cuál el defecto que más le molesta?

 Carlota: En cuanto a la virtud: la misericordia. Y yo no veo los defectos, porque Dios perdona los defectos.

 Boletín Diocesano: ¿Qué consejos les daría a los jóvenes católicos de Cuba?

 Carlota: No me pida eso. Yo no sirvo para dar consejos. Soy yo la que necesito consejos.

 Boletín Diocesano: ¿Qué lugar ocupó Monseñor Adolfo en la vida de usted?

 Carlota: Grande. Fue un obispo maravilloso. Venía a la casa a ver a mi mamá anciana. Yo ahora le rezo todos los días.


24 de junio de 2020

UN SAN JUAN EN CAMAGUEY. -


Un San Juan en Camagüey.
1925
  Luis Cruz Ramírez.
(Fragmentos)

Carrozas cuajadas de mujeres hermosas.
De incomparable belleza
luciendo trajes típicos de otras naciones.
Autos adornados en fila interminable.
Batallas de serpentinas,
de flores,
de confetis.
De piropos y citas para el baile.
¡Música!
A llorar a Papá Montero,
zumba, canalla rumbero.
Amazonas.
Sillas de tijera a lo largo de las aceras.
Desde la Vigía a la Caridad.
Desde la Caridad a la Vigía.
Almagre en las mañanas.
Talco en las tardes.
Enramadas las calles del paseo.
Famosas las del Liceo.
De la Liga Agraria.
La colonia Española.
La Popular.
La Sociedad Lugareño.
La Sociedad Maceo.
Las de la calle Estrada Palma.
Las del Club Ferroviario.
Calles cerradas al tráfico
para los bailes públicos.
Comparsas.
Los ensabanados de la Vigía.
Los encapuchados
para ocultar aventuras.

24 de junio…
Lluvia.
Tenía que llover o no era San Juan.
Se mojaba el pueblo.
Sin discriminación.
Desde el Tennis Club hasta Bedoya.
Se mojaba el rico.
El pobre.
El profesional.
El obrero.
El comerciante.
El blanco.
Y el negro.
El español, el polaco, el chino y el japonés.
Y la conga atronaba el espacio.
Y todos a arrollar.
Miralá, qué linda viene
miralá, que linda va…
Quince días de jolgorio, de bullicio.
De alegría.
Un pueblo que se daba el gusto de divertirse.
Porque era trabajador.
Sencillamente
un pueblo sano y alegre.
Cuba era libre y feliz
y sobre todo
alegre, alegre, muy alegre…

La noche se escapaba.
La noche sanjuanera expiraba.
Y la canción del amanecer era
Vamonós, vamonós,
vamonós que ya la fiesta se acabó.
Y los trasnochadores iban rumbo
a la Plaza del Mercado.
Con los disfraces mojados.
El semblante sudoroso.
La mirada cansada.
-¡Un bistec con pan! o ¡Un pan con bistec!
Para reponer energías  
Y tomar impulso para el día siguiente.
De pronto se escuchaba la trompeta china
El bam bam de los tambores.
Y el disfrazado
como por arte de magia
recuperaba energías.
Le brillaban los ojos.
Y de nuevo.
¡P’a la conga!
Tú que me dijiste que Yayabo
no salía ma,
y Yayabo etá en la calle
con su último detalle
y su ritmo sin igual…
ja, ja,ja
Yayabo ya llegó…

Pasaron los años.
El San Juan típico se moderniza
para rivalizar con La Habana.
Comparsas famosas.
Y fastuosas.
La de “Hatuey”
o la de “Cristal”.
La de “Bacardí”
o la de El Encanto.
Todo muy siglo XX.
Y muy hermoso.
Una invitación a la alegría.

Después,
ustedes ya saben.

Ilustración: Conga cubana, Héctor Molné (Camagüey (1937- )

14 de mayo de 2020

SEMBLANZA DE UN SACERDOTE EJEMPLAR: MIGUEL BECERRIL



Semblanza de
un sacerdote ejemplar:
Monseñor Miguel Becerril Blázquez

Noemí Rivero Morell
Enero 1994

Quiero rendir este pequeño homenaje al inolvidable Padre Miguel Becerril Blázquez, para ayudar a que su memoria no se borre con el tiempo. Tampoco quiero pasar por alto a los que estuvimos siempre con él, ayudándole en su labor sacerdotal en la Parroquia de La Soledad en Camagüey: Fausto Cornell, Manuel Herrera, Cheché Flores, María Consuelo de Quesada, Úbeda, Violeta Vázquez, Enrique Palacios, y tantos otros a los que me es imposible nombrar. Valga referirme en general a los “federados”, muchachas y jóvenes de la Juventud Católica, y a los grupos de Damas y Caballeros. Los cuatro grupos tradicionales de la Acción Católica, siempre prestos en su ayuda al P. Becerril, al igual que los inolvidables sacristanes Rubén y Pancho.

La bondad de su corazón lo hizo ser estimado por todos cuantos lo conocieron.  Sus grandes desvelos y sacrificios, puestos a disposición del apostolado sacerdotal, lo hicieron ejemplo a seguir por los nuevos jóvenes sacerdotes que compartieron su vocación de pastorear al pueblo del Señor. Todo Camagüey, -es decir, los católicos practicantes o de nombre, los creyentes o no creyentes-, conocedores de su sencillez y de su entrega total a la comunidad parroquial a la que sirvió durante tantos años, lloraron o lamentaron su muerte.  

Fue luz que iluminó, voz que supo conducir, corazón capaz de comprender y alma grande para actuar.

Monseñor Miguel Becerril Blázquez nació el 5 de julio de 1906 en una finca del barrio de Jimaguayú (actual municipio de Vertientes), hijo de Joaquín Becerril y Dña. Vicentina Blázquez, ambos naturales de España. Fue bautizado por el Padre Gonfaus en la parroquia del Santo Cristo del Buen Viaje de esta ciudad de Camagüey.

 Al fallecer don Joaquín el 12 de diciembre de 1920, la familia pasó a vivir en la ciudad de Camagüey,  estableciéndose en la calle Rosario (Enrique Villuendas) esquina a San Esteban (Oscar Primelles). Becerril tuvo una hermana llamada Margarita que murió en un accidente fatal el 30 de abril de 1923 a los 23 años  de edad.    

De muy pequeño asistió  a una escuela particular que estaba situada en Estrada Palma (hoy Ignacio Agramonte) y San Fernando (Bartolomé Masó). Allí aprendió las primeras letras con la maestra Teresita Nogueras. De esa escuela pasó a la Escuela Pública José de la Luz y Caballero y a los doce años ingresó en el Seminario San Carlos y San Ambrosio en La Habana, donde realizó los estudios correspondientes a  Humanidades Clásicas. Posteriormente se trasladó a Roma para completar su formación con estudios superiores de Filosofía y Teología en la Universidad Gregoriana, doctorándose en ambas materias y siendo uno de los primeros cubanos doctorados por ese centro docente. Fue ordenado sacerdote en Roma por el Cardenal Vicario de Roma el 28 de octubre de 1928 a la edad de 23 años.

De regreso en Cuba, quedó incardinado en la diócesis de Camagüey.  Primeramente fue nombrado Coadjutor de las parroquias de Morón y de La Soledad en la ciudad de Camagüey y el 29 de febrero de 1932 fue nombrado Párroco de la Iglesia de La Soledad.

A partir de ese momento, se hace difícil reseñar la ingente labor que realizó en su Parroquia a lo largo de los muchos años que ejerció en ella la responsabilidad de párroco. Sólo podremos referirnos a algunas de esas obras que descuellan sobre el constante y callado quehacer que permeó su día a día, año tras año.

Estableció en la parroquia la Orden Tercera de San Francisco (4 de octubre de 1946), así como de las Asociaciones del Cristo de Limpias y  las Hijas de María. Tras la fundación en nuestra patria de la Acción Católica Cubana, constituyó en la parroquia las cuatro ramas de la misma: Damas y Caballeros, y Juventud Masculina y Femenina. Es decir que, involucrando fieles a todas esas agrupaciones, inteligentemente organizó a sus colaboradores ampliando así los logros de un efectivo apostolado. Incansable, al mismo tiempo puso énfasis en mejorar las condiciones del templo, uno de los más antiguos de Camagüey. Fueron renovados algunos altares, sobresaliendo entre ellos el del Cristo de Limpias con una talla tamaño natural de Cristo Crucificado, y el altar de  nuestra patrona, Santa María de la Caridad del Cobre.

 En la primera mitad de la década de los años cincuenta acometió la renovación de la deteriorada pintura interior del templo, conservando los motivos florales originales en color azul pastel.

La Semana Santa camagüeyana, cuyas procesiones marcaban un hito sobresaliente de religiosidad en toda Cuba, se enriquecía con la procesión del Retiro o de la Soledad de María, que salía a la calle desde la iglesia de la Soledad a las 10 de la noche del Viernes Santo, después que se recogía la del Santo Entierro con el famoso y legendario sepulcro de plata que salía del templo de La Merced.  La  del  Retiro o de La Soledad de María, que había dejado de realizarse en los años anteriores, volvió a salir a la calle en los tiempos del P. Becerril como párroco. Tradicionales fueron también los concurridos “Rosarios de la Aurora”, que tomaban las calles de la parroquia los amaneceres del lunes, martes y miércoles santos

Mención aparte merece la otra procesión que salía de la Soledad el Domingo de Pascua. No estaba relacionada precisamente con la celebración litúrgica del hecho mas trascendental de nuestra fe: la Resurrección de Cristo.  Ese Domingo,  después de la Misa solemne de las 10 am, cantada en latín por el grupo juvenil de la Acción Católica, y justo al mediodía, salía la procesión de Santa Bárbara.

Esta procesión era, relativamente, de tiempos recientes. Al parecer los vientos del ciclón del año 1932, que tanto estrago hicieron en Camagüey, levantaron el techo de una humilde casa en la calle Palma, que precisamente pertenecía a la barriada de la parroquia. Al descubierto quedó una imagen tamaño natural de   Santa Bárbara. La imagen era de propiedad privada, pero el P. Becerril logró un acuerdo con su propietario. La talla de Santa Bárbara, permanecería en la iglesia y sería sacada en procesión hasta su primitiva casa de la calle Palma donde quedaría depositada por cierto tiempo.  La casita se reconstruyó, tomo forma de capilla y allá iban todos los sábados el P Becerril y los jóvenes del grupo de Acción Católica a dar catecismo, llevar la Palabra de Dios y organizar bautismos en una ejemplar campaña de evangelización.

La procesión de Santa Bárbara recorría sucesivamente las calles de Estrada Palma y Rosario, hasta llegar a la capilla en Palma, y resultaba ser casi un acto heroico para el P. Becerril, porque la identificación de la Santa católica con la deidad Changó de la religión yoruba, bastante extendida en aquel barrio, originaba incidentes lamentables al intentar algunas personas la realización de rituales al paso de la imagen.

Concluida la celebración de la Pascua, el P. Becerril se lanzaba a una campaña que le llevaría hasta la fiesta de Pentecostés: increíblemente cada año visitaba los hogares de su parroquia para bendecirlos e interesarse por sus moradores. Fausto o Rubén le acompañaban en este empeño y se adelantaban para llamar a las puertas e inquirir si deseaban recibir la visita del sacerdote. Con frecuencia se le veía por las calles de Camagüey en el ir y venir de llevar la counión a algún enfermo, siempre acompañado de un monaguillo, sotana negra hasta el tobillo  y sobrero redondo de ala ancha, -tal vez el que llevaba usando desde su ordenación-, también negro.

Su generosidad no tenía límites para los que se le acercaran solicitando ayuda. Siempre había algún que otro joven al que ayudaba a pagar sus estudios. Entre ellos estuvo el famoso atleta camagüeyano Rafael Fortún.  En Navidad y Año Nuevo organizaba repartos de comida, y para el Día de los Reyes Magos se repartían juguetes a los niños de los barrios mas pobres. Todos los viernes del año, en uno de los salones laterales del templo se servía desayuno para los pobres de la parroquia. 
  
Visitaba enfermos cuando se le llamaba para ello  o para dar cristiana sepultura a sus feligreses encabezando el cortejo fúnebre.

¿Cómo le alcanzaba el tiempo para tanto? Dios lo proporciona si lo que queremos hacer es algo bueno, y el Padre Becerril no le falló nunca: Sacerdote para la ayuda espiritual y amigo generoso para socorrer al necesitado. Predicó la Palabra y siempre la supo poner en práctica. 

El día 5 de febrero de 1950 fue nombrado “Hijo Meritísimo” de Camagüey por el pleno del Ayuntamiento de la ciudad, merecido reconocimiento de las  autoridades civiles por dedicar toda su vida al servicio de Dios y de su comunidad.

Años después, el 17 de septiembre de  1961, fue expulsado de Cuba por el gobierno revolucionario de Fidel Castro junto a otros 135 sacerdotes y religiosos, en el vapor Covadonga que los llevó a España. De allí Becerril pasó a Venezuela y luego a Roma. Volvió a España y posteriormente obtuvo autorización para regresar a Cuba.

Se sentía de nuevo feliz en Camagüey y en su casa: la iglesia de La Soledad. El peso de los años y la salud se hicieron sentir, pero entonces, mas que antes, eran necesarios su presencia y su trabajo. Así estuvo laborando como siempre. El Siervo de Dios Mons. Adolfo Rodríguez Herrera, por entonces Obispo de la diócesis le trajo de Roma el nombramiento de Monseñor, título que la Iglesia le concedía por grandes méritos sacerdotales.

Vivió sus últimos meses en este mundo en la Casa Diocesana, antiguo convento carmelita. Las Siervas de María, también de regreso en Camagüey, velaron sus noches hasta su muerte. Durante su enfermedad, Mons. Adolfo, Mons. Sarduy, el Padre Paquito (que se preocupó tanto por él) y todos los sacerdotes de Camagüey lo colmaron de amor y cariño hasta que murió santamente el 16 de mayo de 1991.

Fueron 94 años de un largo y fructuoso peregrinar hacia la Casa del Padre.

8 de diciembre de 2019

NATALYS, LA SANTA TERESITA CAMAGÜEYANA



Nathalys, esa santa Teresita cubana

dedicada a la Infancia Misionera

Natalys Vidal Menéndez murió de un tumor cerebral a los 15 años. La corta vida de esta adolescente no le impidió dar su vida por la misión, como santa Teresa del Niño Jesús.
No hay necesidad de viajar por el mundo para contribuir a la misión de la Iglesia. Desde las profundidades de su convento carmelita, santa Teresita se lo demostró a todo el mundo. Demasiado frágil para viajar, la joven carmelita dedicó su vida a orar por los misioneros. Enferma, les ofreció sus sufrimientos.

De la gran santa francesa, la joven cubana Natalys Vidal Menéndez parecía haberlo aprendido todo. Como ella, estuvo animada desde muy joven por un ardiente deseo de dedicarse a la misión. Sin embargo, su entorno de vida no tenía nada que ver con el de la santa de Lisieux.

Nacida en una familia atea, en suelo comunista, Natalys descubrió a Cristo en la esquina de un callejón empujando la puerta de la pequeña capilla de la ciudad de Santa Cruz del Sur, donde vivía.

La fe de la niña, que devoraba la Biblia en su tiempo libre, asustaba a sus padres. Cuando le anunció a su madre su deseo de convertirse en monja, ¡la trató como a una loca!  Sin embargo, había algo más en esta pequeña niña con un carácter demasiado fuerte como para desanimarse. Desde el nacimiento de la Infancia Misionera en Cuba, Natalys estuvo apasionadamente comprometida con esta institución.

En la década de 1990, hablar libremente sobre Dios seguía siendo peligroso en este país, y la memoria colectiva continuaba marcada por esos religiosos enviados a campos de trabajos forzados por profesar su fe.

Sin desanimarse, sin embargo, Natalys compartía con una simplicidad desconcertante a su alrededor los textos del Evangelio que la alimentaban.

La frescura de la niña cubana se vio fuertemente afectada por la enfermedad. Muy temprano, se le diagnosticó un tumor cerebral.

En aquel momento, Natalys, que conocía bien la vida de santa Teresa del Niño Jesús, se sometió sumisamente a la escuela de la Carmelita. Si cambió el mundo desde su celda, ¡nada le impedía a ella hacer lo mismo! Así que se puso a orar por la misión desde su cama, llevando los buenos consejos de Teresita al otro lado del Atlántico.

la adolescente tenía un sueño muy específico: que la Infancia Misionera se pudiera establecer en todas las diócesis de Cuba. Llena de confianza, ella ofreció sus sufrimientos a Dios para este propósito. “La infancia misionera estará presente en todas partes en Cuba”, le repetía alegremente a su amigo Fidelito, el laico que inició este trabajo en el país de Fidel Castro.

Cuando aún no tenía 16 años, la joven murió en paz, el 2 de julio de 1995. En una nueva primavera, la Infancia Misionera Cubana recibió docenas de cartas de obispos que deseaban ver esta institución establecida en su diócesis.

En su familia, la corta vida de Natalys también causó gran impresión: sus padres se convirtieron al cristianismo y su hermano eligió ser sacerdote. «La oración es el alma de la misión», dice el papa Francisco. La vida de esta niña cubana es prueba de ello.

Adaptado de es.aleteia.org 

Nota: Su hermano, el P. Andrés (Andy) Vidal Méndez, es actualmente Párroco de la Iglesia de La Soledad en Camagüey.




 

21 de septiembre de 2019

LA CONSTITUCIÓN DE JIMAGUAYÚ. -

Este 19 de septiembre se cumple un aniversario más de la promulgación de la Constitución de Jimaguayú y de la proclamación de la Republica en Armas. Veamos el siguiente artículo que nos aborda este tema:


TRADICIÓN CONSTITUCIONALISTA EN CUBA: 
LA CONSTITUCIÓN DE JIMAGUAYÚ
Por Elena Galarraga
La Constitución de Jimaguayú fue la tercera Constitución de la República de Cuba en Armas, después de la de Guáimaro en 1868 y la de Baraguá en 1878.Como las anteriores, debe su nombre al lugar donde se realizó. Este último fue escogido por Máximo Gómez, por ser precisamente en esta zona camagüeyana donde había caído 22 años antes Ignacio Agramonte.
La letra del documento es muestra de ese afán de los patriotas cubanos por dar, de alguna manera, forma jurídica al movimiento revolucionario; es decir, dotarlo de civilidad y legalidad.
En la firma participaron miembros de Las Villas, Camagüey y Oriente, las tres zonas en guerra. Sus 24 artículos, el párrafo introductorio y el breve texto conclusivo fueron escritos por Enrique Loynaz del Castillo con una esmeradísima redacción, a pesar de contar con solo tres días para su elaboración. Los manuscritos conservados y las actas dan muestras de la seriedad con que fue tenido en cuenta el hecho y de la autoconciencia de los participantes de saberse haciendo historia.
Aunque en ella hay vestigios de las anteriores, especialmente la de Guáimaro, porque, sin dudas, forma parte de un mismo proceso histórico, la Constitución de Jimaguayú representó un paso de avance en la búsqueda de la unidad de los cubanos al pretender complacer los intereses de todos los involucrados en la contienda. La mayoría de los delegados pertenecía a una nueva generación, cuyo pensamiento se diferenciaba del de los veteranos del 68. Por eso, a pesar de las limitaciones e imperfecciones atribuibles, avanzó más que las anteriores en su intento por lograr el anhelado equilibrio entre el poder civil y el militar; aunque predominó sutilmente el dominio del primero sobre el segundo.
Establecía, entonces, un Consejo de Gobierno formado por seis miembros representantes de los poderes ejecutivos y legislativos, que no debía interferir al aparato militar, encabezado por un General en Jefe, Máximo Gómez, y un Lugarteniente General, Antonio Maceo. El camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt y el manzanillero Bartolomé Masó ocuparon los cargos de Presidente y Vicepresidente de la República en Armas. Carlos Roloff, Severo Pina Estrada, Santiago García Cañizares y Rafael Portuondo Tamayo, fueron designados al frente de las secretarías. 
Así, este Consejo de Gobierno, al tornarse más sencillo, borraba el mal sabor de la Cámara de Representantes de 20 miembros instaurada en Guáimaro y daba más autonomía al mando militar que en aquella ocasión. El denominador común fue la lucha contra la metrópoli y la obtención de la independencia.
Se acordó que se convocaría a una nueva Asamblea Constituyente para dentro de dos años si no se ganaba la guerra, por lo que la Constitución, desde su promulgación, solo regiría hasta 1897. Por ello se presenta a sí misma como Constitución del Gobierno Provisional de Cuba. Así se continuaba con la voluntad de formalizar el futuro de Cuba en otra Constitución, signo de la inclinación de los cubanos hacia el respeto del orden y las leyes.

29 de mayo de 2019

INAUGURACIÓN ASILO DE ANCIANOS EN CAMAGÜEY




Palabras de Mons. Willy Pino,
Arzobispo de Camagüey,
en la inauguración del
Asilo de Ancianos Mons. Adolfo Rodríguez Herrera,
el 25 de mayo de 2019

Querido Monseñor Giorgio Lingua, Nuncio de Su Santidad en Cuba.
Queridos hermanos obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles todos.
Madre Zelia Andrighetti, Superiora General de las Hijas de San Camilo de Lelis.
Hermana Esther Cusma, Provincial en Perú de las Hermanas Camilianas.
Hermanos de distintas Confesiones religiosas.
Distinguidas autoridades políticas y de gobierno en nuestra provincia.
Doctor Reinaldo Pons, Director Provincial de Salud.
Historiador José Rodríguez Barreras.
Trabajadores del Hogar.
Obreros que construyeron esta Casa para los ancianos.
Personalidades invitadas a este acto.
Familias vecinas de este reparto.
Primeros abuelos y abuelas que inauguran su nueva residencia.

Considero que debo empezar agradeciendo al Papa Francisco la gentileza que ha tenido en enviarnos ese afectuoso mensaje que hemos escuchado y su apreciada bendición. Creo que, al inaugurar este Hogar de Ancianos, estamos cumpliendo una aspiración muy personal del Santo Padre, cuando expresó: “¡Deseo que las comunidades cristianas brinden al mundo un testimonio de respeto y veneración hacia los ancianos, conscientes de que ellos pueden transmitir de forma privilegiada el sentido de la fe y de la vida! Invito a todos a empeñarse en la construcción de una sociedad a medida del hombre, en la que haya espacio para la acogida de cada uno, sobre todo cuando es anciano, enfermo, pobre y frágil” (11 de marzo del 2015).

Gracias les damos al Papa Francisco y a su representante en Cuba Monseñor Giorgio Lingua, a quien debemos la presencia de las Hermanas Camilianas entre nosotros.

Hoy también está con nosotros Monseñor Domingo Oropesa, obispo de Cienfuegos. No sé cuántas cosas pasarán en estos momentos por su mente, porque él es “el padre de esta criatura”. Como escuchamos hace unos momentos, fue él quien gestionó las importantes primeras ayudas recibidas desde España, su país natal. Camagüey guardará memoria perpetua de su nombre.

También quiero asegurar el agradecimiento de la Iglesia camagüeyana a tantas personas e Instituciones, de dentro y de fuera del país, que, con sus donaciones económicas, según sus posibilidades, hicieron posible esta construcción. Dios les recompensará abundantemente.

Mucho hay que agradecer, además, a los obreros y al personal técnico que trabajó durante 13 años para regalarnos esta maravilla que hoy se inaugura. Me gustaría decir los nombres de Morel, Salazar, Jorge, Yadián… pero son casi 100. Sin embargo, pienso que todos estamos de acuerdo en que debemos agradecer públicamente el trabajo del incansable Juancito Boutros. Sabemos, Juancito, que no fueron pocos tus dolores de cabeza, y que, en muchas ocasiones, por encargo nuestro, tuviste que insistir una y otra vez. A ti, y a cada uno de los que hicieron posible este milagro, mi gratitud personal, la gratitud de la Iglesia y del pueblo de Camagüey.

Considero que Salud Pública y la Iglesia hemos dado un ejemplo de cómo se puede trabajar juntos para conseguir un bien común. Y eso es algo que debemos seguir manteniendo. Hemos ganado en confianza mutua y aprendimos un estilo de trabajo que ojalá se multiplique en otras esferas en que la Iglesia y el Estado cubanos podrían trabajar juntos. En fin de cuentas, todos estamos al servicio de un único pueblo cubano.

A la Madre Zelia, Superiora General, y a la Hermana Esther, Provincial en Perú, mucho tenemos que agradecer. Gracias a su vocación en favor de los ancianos de cualquier parte del mundo han regalado a nuestra Cuba a las Hermanas Giovanna, Lidia y Beatriz, a quienes hemos aprendido a querer en los nueve meses que llevan entre nosotros. Debemos reconocer que ellas ya parecen cubanas.

Permítanme ahora mencionar a alguien que, por su trabajo, ha sido una inspiración para mí en estos últimos meses. Se trata de Brooks, un cubano con apellido inglés, y que con su ayudante Ernesto y con su pareja de bueyes Trigueño y Pimienta, ha ido venciendo, día a día, el marabú que rodeaba este edificio, y como ustedes podrán apreciar después, alrededor del Hogar hay ya cientos de matas de fruta bomba maradol, plátano macho, guanábana, aguacate con parición en meses diferentes, guayaba roja suprema, boniato, yuca, maíz, calabaza y habichuela. Todo esto, unido a las matas de mango, de tamarindo y de coco ya existentes, será una buena ayuda para la alimentación de nuestros ancianos.

Por supuesto que no voy a olvidar a todos aquellos laicos, diáconos, religiosas y sacerdotes que vinieron en diferentes días de los últimos meses para ayudar a la limpieza de cada rincón del Hogar. ¡Gracias por el ejemplo que nos dieron de recordarnos que esta obra no es propiedad de un grupo sino de todos!

Termino recordando a Monseñor Adolfo, cuyo nombre lleva este nuevo Hogar de Ancianos. Hace casi 18 años, el 3 de octubre del 2001, Monseñor Adolfo, en carta dirigida a una autoridad del país sobre el tema de este Hogar que él quería construir, escribió: “…Aprovecho la ocasión para reiterarle que la Iglesia no busca competencia ni hacerle sombra a otras instituciones de esta naturaleza. Desde hace siglos (y en Cuba desde hace 500 años), la Iglesia, por un mandato de Jesucristo, ha levantado las primeras escuelas, hospitales, leprosorios, asilos, cuando no había con quien competir ni a quien eclipsar. La experiencia, también en Camagüey, antes y ahora, enseña que una escuela, un hospital, un asilo… no compite sino estimula, establece una emulación sana que beneficia a todos. Un Hogar de Ancianos no es un negocio productivo sino un servicio muy ingrato a favor de un sector humano muy difícil que es la ancianidad.”

¡Todos los que lo conocimos, nunca vamos a olvidar al santo Obispo que nos enseñaba, de palabra y con sus obras, a confiar siempre en el Señor, convicción que lo hizo ser sereno y positivo aun en las horas oscuras y difíciles de nuestra historia!

¡Cómo olvidar al hombre que le dedicaba a la persona que tenía delante todo su tiempo como si no tuviera otra cosa más que hacer… que la atendía como si fuera la única persona existente demás de él!

¡Cómo olvidar al obispo de los detalles, de las delicadezas, de las felicitaciones en los aniversarios y del cariño a todos por igual, creyentes o no, importantes o no! ¡Era el pastor que conocía a sus ovejas, y las ovejas lo conocían a él!

¡Camagüey nunca podrá olvidar a un obispo que llamó a abrir ventanas donde los hombres cerraban puertas, a un hombre que quería dialogar con todos, incluso con los que no querían dialogar!

¡Ningún camagüeyano podrá agradecer suficientemente a Dios el regalo de Monseñor Adolfo para esta Arquidiócesis, su sabiduría de corazón y de mente, su visión de las cosas, su luz larga ante los problemas de cada día, sus repetidas llamadas a no perder la virtud de la paciencia!

¡La Iglesia de Camagüey nunca olvidará la elegancia, la discreción y fortaleza espiritual con las que hacía frente a cualquier adversidad! Fue un experto en distinguir entre un acto y una actitud. Siempre pensó que, como afirmó en la Toma de Posesión de su sucesor, Monseñor Juan, aquí presente: “El diálogo será siempre el camino mejor, necesario, posible y único, en todos los niveles… Mucho más en Cuba que está llena de once millones de cubanos dialogantes de los que proverbialmente se dice: “Los cubanos, hablando, se entienden”.

¡Cómo podremos olvidar la confesión que hizo en la misa por sus 50 años de sacerdocio cuando dijo: “Si volviera a nacer, volvería a ser sacerdote, y si alguien me preguntara dónde, le contestaría que en Cuba, incluso con sus nubes; en esta Iglesia cubana que es todo menos aburrida, y con este pueblo cubano que cada vez veo más claro que es un pueblo religioso y que quiere seguir siendo religioso”!

Monseñor Adolfo, santo arzobispo de Camagüey: ¡mira complacido este Hogar de Ancianos que, a partir de hoy, llevará tu nombre! Amén.


foto: Fidelito Cabrera